HOY, MARTES
El último
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La lluvia mansa de aquella mañana del 12 de noviembre de 1863 amortiguaba el galope de los caballos. Tal vez por eso no los escuchó Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho, hasta que los tuvo a unos metros, en la puerta. Quizás no necesitó escucharlo. O no quiso. Estaba cansado el hombre.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email"Estoy rendido", habría de decirle un rato más tarde al capitán Ricardo Vera, a cargo del grupo de soldados que había ido en su captura.
Le entregó el puñal -única arma que llevaba consigo- en señal de rendición. Y luego le cebó un mate, por si hacía falta refrendar su intención de paz. Se quedaron los dos un buen rato, diciendo lo poco que hay por decir en esos casos. Hay silencios que se interpretan y otros que se dejan callar nomás.
