Enojos
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/04/mecanografia.png)
Si se les pregunta a los exalumnos del San José de mi generación cuál era el cura malo y cuál el cura bueno, la gran mayoría de las respuestas dirán Francisco y Sabino, en ese orden. Yo respondería lo mismo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailDe allí que el favorito con voto abrumador sea Sabino, que hasta le dio nombre a una calle de la ciudad. A Francisco y sus ruindades solo los redimirá el olvido.
Pero en mi época había otros curas, que no llegaron a ganarse el cariño del que gozó uno, ni el odio que se ganó el otro. Con los años, ya en la madurez, me di cuenta de que mi cura favorito no era Sabino sino Carlos. El Hermano Carlos. Aunque por una razón que nunca supe, le decíamos Genaro. Al principio pensé que se llamaba así, hasta que algún compañero me avivó: “No le vas a decir Genaro porque se enoja: se llama Carlos”. Por lo demás, no creo haberlo llamado nunca ni por su nombre real ni por el inventado: siempre le dije “hermano”.
