Fiebre de sábado por la noche
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Este sábado, después de muchos pero muchos años, volví al Colegio San José. Aproveché la oportunidad de La Noche de los Museos, para ingresar sin tener que dar nombre, motivos ni otras explicaciones.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLo primero que hice fue tratar de pasar por los lugares donde no se podía: el patio “viejo”, el del primario, y el otro, ubicado a la izquierda, del secundario. Lo segundo fue recordar que detrás de una de las puertas ubicadas en el pasillo que comunica ambos patios se pagaba la cuota mensual. Muchas veces me llamaron de ahí para decirme que mi familia estaba en mora. Volví a sentir, con algo de delay y atemperada, la vergüenza de aquellos días.
Después encaré por el pasillo que conduce a la capilla y me busqué en los cuadros de egresados. Por un momento, me sobresalté: la fila pasaba de la promoción 1978 a la 1980. ¿Y la 1979? ¿Qué había pasado con nosotros? Estuve a punto de ir a preguntarle al muchacho que estaba en el ingreso si nos habían castigado por algo; me serené y me busqué en la pared de enfrente. Allí estaba, al fin, junto a mis 17 compañeros, con mi rechoncho nudo de corbata y un peinado inclasificable.
