Filosofía

-Mirá –me dice, a poco de saludarnos en plena calle, donde nos cruzamos-. Desde hace rato que quería ver porque tengo tema para una de tus columnas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl hombre es algo más joven que yo y nos conocimos hace algunos años en una cena de un amigo en común. Un par de gustos compartidos, un humor bastante ácido y cierta admiración por lo que escribo –algo que me avergüenza pero que viene muy bien al ego- nos llevaron a mantener una tibia relación que rara vez va más allá de un intercambio en whatsapp o, como ahora, un encuentro casual.
-No por favor –le aclaro con la sinceridad que me merece-. No me digas eso porque me ponés en un aprieto. La mayoría de las anécdotas personales solo son graciosas para el que las vivió y su entorno. O en todo caso, si son buenísimas, existe la gran posibilidad de que las arruine escribiéndolas.