Fracasos
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Me pasé buena parte del feriado mirando lo que ocurre en Jujuy. Lo hice –lo hago, lo seguiré haciendo- desde una postura tomada: me resisto a creer en un Estado que apela a la represión para solucionar conflictos. Entiendo que es un recurso –debería ser el último, pero dudo que hoy prime ese criterio- cuando la situación se sale de cauce, etc. Me sigo resistiendo. La política –y el Estado es tal vez el principal actor y generador político en una nación- está fallando si no sabe, no puede o no quiere evitar llegar a ese punto de quiebre en una disputa de intereses. Hay un necesario y costoso andamiaje hecho de leyes, normas, funcionarios, ejecutivos, judiciales, legisladores que ha sido ideado, consensuado y consolidado para estos casos. Ante de la orden judicial o política que indica “procédase a reprimir…”, hay una imprescindible variedad de alternativas. El diálogo es una de ellas. Un hombre tirado en plena calle con la cabeza rota, un pibe que perdió un ojo, una docente apalaeada son muestras inequívocas del fracaso político. El resto, se discute.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMientras miraba las imágenes de la capital jujeña y de algunos de sus pueblos no pude dejar de recordar que estuve por ahí de paseo. Fue hace poco más de diez años y como buen “porteño” con “ligerezas americanistas” me dije que estaría bueno vivir en algunos de esos pueblos: Purmamarca, Tilcara, Maimará, El Volcán… Me imaginé caminando sus calles de tierra para ir al almacén, el saludo con los vecinos, a mi hijo de guardapolvo blanco saliendo de una de esas escuelas de techos bajos. Un día llegué –o intenté- hasta el Pucará de Tilcara y me pegué semejante apunada que me terminó por convencer: mi retiro será a orillas del mar, a cota cero.
Recordé que camino a Tilcara, por esa ruta que serpentea los cerros y que lo hacen sentir a uno en verdadera proporción con la naturaleza.
