Hay que venir al Sur
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Del ridículo no se vuelve, dicen. Pero por lo que uno puede ver en los programas televisivos, parece que sí. O mejor dicho: del ridículo algunos no se van, habida cuenta de los personajes que cotidianamente se esmeran –y en esto hay que reconocerles una constancia proverbial- en plantear una estupidez atrás de la otra.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNo sé si se volverá del ridículo, pero nuestra historia nos muestra que sí se puede volver a él.
A los efectos de este comentario, dejaré de lado lo que significaron en términos de horror, muerte y latrocinios las dictaduras militares que atravesaron nuestro pasado reciente. Habré de centrarme en ese desquicio patológico que significó la censura, que abarcó todas las disciplinas artísticas y culturales. También, claro está, la música. Sobre todo, la de carácter popular.
