Inquisidores
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Ni física ni química ni matemática. No me den a elegir entre esas tres porque votaría en blanco. Y no es que sean disciplinas que no me interesen; en muchas ocasiones me gustaría saber más –o saber tan siquiera algo-, recordar algunas fórmulas, entender de qué me están hablando cuando me nombran un elemento de la Tabla de Mendeleyev o qué cálculo tengo que hacer para ver si un ropero va a pasar por la puerta.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe apasiona leer la vida de físicos, astrónomos, matemáticos, químicos. Admiro esas mentes que tienen la absoluta capacidad de abstraerse, de manera de tal de poder ver lo que hay detrás de números, curvas, ángulos, reacciones…
Por caso, Galileo. Una vez leí que para demostrar su teoría de la aceleración universal, se subió a la Torre de Pisa para dejar caer una bola de cañón y una pequeña piedra. Demostró que todos los cuerpos caen con la misma aceleración, sin importar su peso. De esta manera, desmintió la teoría de Aristóteles. Es decir, debieron pasar casi 1900 años para dar por tierra con una teoría errónea, que por otra parte, era bastante sencilla de comprobar. Maravilloso.
