La edad de la liberación
A veces me pasa de ir caminando por la calle o estar tomando un café y que se me acerque alguien y me comente alguna de las columnas que escribo. En la mayoría de los casos es gente que no conozco o que me olvidé de haber conocido, lo cual para mí es lo mismo, pero la otra persona no, porque quizás espera un trato más familiar, no tan distante.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor eso, siempre adopto una actitud de cordialidad media: ni tan apática –como es mi naturalidad- ni tampoco de extrema confianza, tipo “¡hola, loquito!!! (porque obviamente no sé el nombre), cómo estás…”. Y seguramente el tipo es la primera vez que cruza una palabra conmigo.
Cuando la cosa viene de ´usted´, no hay como errarle: no nos conocemos. Y eso me facilita mucho el momento (que por lo general es incómodo: si hay halagos, me invade cierto pudor; si son críticas, me caen mal).
