Laberintos y mangrullos
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Aquel lugar debió ser parte de una vieja estancia, que a la luz de los nuevos tiempos fue reformulada como hotel, restaurante y otros rubros tendientes a entretener a quienes no se permiten el aburrimiento ni siquiera cuando están de descanso.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEs cerca de Cañuelas y no sé cómo habíamos dado ahí con mi amiga La Rubia. La comida era bien rica, abundante y cara. Es decir, ninguna sorpresa en ese asunto.
-Antes de irse tienen que conocer el laberinto-, nos dijo el mozo, como si nos estuviera ofreciendo un postre –algo que ya había hecho sin mayor empeño-. Completó la información dándonos el consejo que primero nos hiciéramos de unas bicicletas –de uso gratuito- que estaban en uno de los tantos galpones que rodeaban la casa principal.
