Músicas
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/11/violin.jpg)
No puedo escribir escuchando música. Antes sí –es atinado-, después también. Pero mientras escribo necesito concentrarme en el silencio. No es que la música me moleste, al contrario: me gusta tanto que por lo general dejo de hacer lo que estoy haciendo –en este caso escribir- solo para escuchar.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor eso, ayer cuando me senté frente a la computadora y elegí algo de Vivaldi en Youtube, sabía que no iba a ponerme a escribir sino a hacer otra cosa. Y eso es tipiar palabras una detrás de la otra, como un pintor que estampa pinceladas de distintos colores sin saber qué quiere pintar. Es un ejercicio de catarsis: palabras sueltas, algunas frases, algo que necesariamente tengo que sacarme de encima. Luego cierro el Word sin guardar cambios y me quedo un rato escuchando.
Para cuando terminé esa rutina, ya habían pasado cuatro o cinco temas y estaba sonando el Concierto Nro. 4 en Fa menor, “Invierno”, interpretada por una sinfónica que –no leí, no quise leer- parecía de algún país de Europa Oriental. Una veintena de músicos sobre el escenario de un teatro imponente, de esos que tienen una majestuosidad tan sobria que no se permiten ningún detalle de ostentación.
