Odios y veredas
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Desde que me mudé a una casa de calle Machado, ir cada mañana al colegio me resultó un castigo aún mayor de lo que venía siendo hasta entonces.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPorque me quedaba más lejos, como a 14 cuadras en línea recta. Y esto de lo lineal es un detalle no menor. Ya por entonces, creía que si uno va en haciendo zigzag, es decir, doblando en cada esquina o en la mayor cantidad de esquinas posibles, el tramo a recorrer se reduce. Geométricamente es acertado este pensamiento, por ese asunto de las diagonales, las hipotenusas o algo sus derivados. Como no sé de cálculos geométricos –ni matemáticos- no puedo hacerme a la idea de cuánto sería el ahorro en 14 cuadras recorridas en línea recta o doblando la mayor cantidad de veces posibles. Ahora estimo que la diferencia ha de ser mínima. Por aquel entonces, creía que el ahorro era significativo. Y esa significancia se la daba el tiempo. Si en lugar de tardarme 20 o 25 minutos en llegar al Colegio, hubiese tardado 15 o 20, esos 5 o 10 minutos eran el paraíso bajo las frazadas. Podía dormir un ratito más.
Además, en las mañanas ventosas, cuando soplaba del sur (para colmo del sur) no había manera de guarecerse, ni siquiera de tomarse un respiro en las cuadras transversales, reparadas. 25 minutos contra un viento helado. Media hora, si soplaba con ráfagas superiores a los 20 kilómetros por hora.
