Pobre Leone
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Me dirán que no tiene nada de especial eso de volver al colegio para recorrer aquellos lugares donde uno pasó largos años de su vida. Los primeros años, justamente, que son los que dejan huella.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe dirán nada de especial, sobre todo en lo que respecta a los salones. “Son todos iguales”. Sí, es cierto. Pizarrón al frente, bancos en fila, el escritorio del docente, los percheros para colgar las camperas. Uno igual a otro y así por siete, que fueron los años de la primaria. Seis en mi caso, porque primer grado lo hice en Mar del Plata.
Pero el salón de cuarto grado era diferente. En principio, porque segundo y tercero estaban en la planta baja. Pasar a cuarto significó subir, no solo de grado sino también un piso. Recorrer la amplia escalera de mármol en la que más de una vez me pegué flores de patinadas que me dejaron a punto de pasar para al reino celestial.
