Señales son señales
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Decir(me) que tengo hambre en este momento es de una grosería, de una impudicia, de una ruindad casi imperdonables. Me creo una persona con marcada conciencia social y con una facilidad para la culpa digna de admiración, de manera que no me lo puedo siquiera admitir. Tengo, por otra parte, facilidad de palabra. Opto por reformularme la frase mientras voy manejando.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Siento hambre.
El terreno de los sentimientos es más ambiguo. Escapa a los duros datos de la realidad dura. Datos como el siguiente: son las cuatro de la tarde y no hace más de tres horas terminé de almorzar. No puedo tener hambre. Porque además, comí bien. Nada de una ensaladita. Pero siento hambre. Es decir, es un sentimiento. Casi que no depende de mí o de mi voluntad. Es mi ser, mi espíritu, mi alma la que está necesitando algo. Comer un cuarto de bizcochitos de grasa, según estoy percibiendo.
