Sin preaviso
Hay vientos traicioneros. Aunque vengan de frente. El de ayer fue uno de ellos; su condición de traidor se la atribuyo a la falta de aviso. Se dice que el que avisa no traiciona. El viento de ayer no avisó. Y si uno fuera un desconsiderado podría decir que los pronostiscadores meteorológicos no pegan una: vaticinan lo que no ocurre y omiten lo importante. Pero la meteorología no es una ciencia exacta. Si se lo piensa mejor, ya no casi no quedan ciencias exactas en estos tiempos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCasi todos sabemos que la furia de la naturaleza por lo general se ensaña con los más débiles. Como dijo alguna vez Galeano de la justicia: es como las serpientes, solo muerde a los descalzos. No vamos a andar pidiéndole al viento que imparta justicia; con que sople nomás nos alcanza. Eso sí: podría ser más considerado cuando se enoja.
Y ahí están, los descalzos que nombraba Galeano, a merced de estas furias sin aviso. Con sus techos desclavados y sus paredones descalzados, con sus ventanas enclenques, con sus chapas aferradas a la ilusión. Baste mirar los diarios de hoy. Este mismo, en sus primeras páginas. Se verá con quién se ha ensañado una vez más la naturaleza.
