Sobre disgustos y alegrías
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Mi amigo El Gordo me diría que ya de chico me propuse hacerme el distinto. Incluso a mi pesar. Es más, creo que me lo ha dicho. Sin recordar, ingratamente porque nos conocemos desde la infancia, que yo hice esfuerzos para ser uno más, para no destacarme en ningún aspecto. Ser del montón era mi aspiración.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMuchas veces fui con el grupo de amigos a tomar helado. Y me he pedido el vasito más chico con dulce de leche y americana, lo he tenido en la mano hasta que prácticamente se derritiera, mientras ellos devoraban los suyos. Porque no me gustaba el helado, lo tomaba por obligación, para no ser el raro. Lo mismo me pasaba con el chocolate: todos juntaban monedas para un Aero de los grandes y yo quería un paquete de Cerealitas.
Hasta que un día dije basta y me animé a decirlo: no me gusta el helado; no me gusta el chocolate. Aún hoy lo sigo diciendo y la gente me mira con gestos que no interpreto si son de piedad, de desprecio o de interrogación (´¿y este bicho raro?’).
