Solcito para todos

Como cada vez le toca jugar, el domingo a la mañana fui a ver a mi hijo menor, que milita en la décima de Deportivo San José.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe gusta mucho el fútbol de los más chicos. Ver a un nene (o una nena. También iría y lo diría si tuviera una hija de esa edad que jugase) dar sus primeros avances en lo deportivo me encanta, más allá de lo estrictamente futbolístico: cómo se siente en la cancha, la confianza en sí mismo, la noción de equipo, el trato con el rival, con el árbitro, la aceptación de las reglas del juego, la disciplina, etc. Es una manera más de verlos crecer fuera de ese ámbito conocido y consensuado que es el propio hogar.
Se puede decir que volví a las canchas luego de 20 años, que es la diferencia entre mi hijo menor y el que le sigue, a quien también acompañé en todos sus partidos de divisiones inferiores. Me sorprende ver que algunas cosas no han cambiado nada: las mañanas frías de invierno en escenarios atravesados por el viento, los campos de juego que a veces son un rejunte de matas, la alegría de las familias, la pasión que a veces se pasa de rosca y se convierte en violencia para ajenos pero también para propios. En este último aspecto se ha mejorado bastante; hay un consenso bastante generalizado de que los pibes se tienen que divertir dentro de una cancha.