Susto, risa y cebolla morada
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Habitualmente los martes mi hijo menor no se queda a dormir conmigo. Entonces aprovecho para hacer algo que me encanta: nada. Es decir, me despreocupo absolutamente de la cena; no tengo que pensar qué hacer de comer ni de cocinar ni de hacer los mandados. Como cualquier cosa. Y eso es casi literal.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAyer, no obstante, su mamá me pidió si podíamos cambiar la rutina de los martes y quedamos en que lo traía a casa a eso de las 19.30. Alrededor de las 18 me dije que la ocasión era una oportunidad para hacer algo “distinto” y bien rico, ya que mi hijo disfruta mucho de la comida elaborada. Busqué una receta con pollo y salí a comprar lo que me faltaba, que era todo.
Regresé, guardé el auto en el estacionamiento, bajé con las bolsas y me metí en personaje de Francis Mallmann. Con todo desplegado sobre la mesa advertí que me había olvidado de comprar ajo, perejil y cebolla morada. O sea, había ido a la verdulería por cuatro cosas y me olvidé de tres. Un fenómeno.
