Una promo pavorosa
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Cuando me mudé a la casa donde estoy viviendo contraté un nuevo servicio de internet. Es más rápido, sí; más caro, también. Y más intenso. No el servicio, claro está, pero sí la empresa que lo provee; una de esas empresas que además de brindar internet tienen otros cien rubros para comercializar. Falta que me vendan fruta y verdura. O mejor dicho, que me quieran vender, porque no soy de tentarme con esas promo del estilo “si contratás nuestro servicio de hotelería resort te hacemos un 15 por ciento de descuento en tu próxima compra de ojotas”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailMe llegan mails a razón de dos o tres por semana. Los miro en la casi certeza de que debajo de la promo en cuestión me informen que por algún tipo de política de la empresa el abono que hasta hoy me estaba bonificado (?) dejará de estarlo y pasaré a pagar como si me fuera a convertirme en accionista de Google.
Ayer me llegó uno nuevo que me propone tener cámaras wifi en mi hogar, como sistema de seguridad, de manera que mientras esté tomando un café con un amigo en Puerto Pirámides, pueda ver qué es lo que está pasando en casa, en tiempo real.
