Vamos de paseo, pi pi pi
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Cuando era joven pensé que llegada cierta edad –esta que tengo, quizás- las cosas iban a ser de determinada manera; de otra de las que venían siendo. Creo que no emboqué uno solo de aquellos pronósticos; ni en lo personal ni en lo concerniente a la humanidad en su conjunto.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn lo personal, por ejemplo, supuse que a las personas mayores no se les exigiría ser divertidas. Insisto, le erré. El tipo al que se considera aburrido sigue siendo algo así como un marginal. O un marginado. Porque así como hay un estereotipo de belleza (cuerpos hegemónicos) también lo hay en estos asuntos: ser divertido es la que va. De acuerdo a determinados parámetros de diversión, obviamente.
Viajar, por caso –y en casi todas las edades-, es un requisito casi determinante si uno quiere ser y parecer divertido. Ya con decir “me encanta viajar”, se entra en ese círculo de gente pretendidamente copada con la que da gusto mantener una charla entretenida o una cena intercambiando fotos de la Torre Eiffel.
