Un taller de arte que logró unir al pueblo de Fulton y revalorizar parte de su identidad rural
Hace casi tres años, Belén García Spikerman -criada en el campo y exalumna de la escuela primaria de Fulton- comenzó a dar un taller de pintura en el pueblo para habilitar nuevas formas de encuentro y expresión. Se encontró allí con mucho más de lo que fue a buscar y en 2025 obtuvo un fondo de financiamiento de proyectos culturales que permitió transformar parte de la histórica estación ferroviaria y ampliar el museo local. "La gestión es desde la soberanía, desde los talentos, desde las capacidades que tenemos en la comunidad", destacó.
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En las últimas décadas, la vida urbana se impuso por encima de la vida en el campo. Asimismo, con el cierre de varios ramales ferroviarios, muchos pueblos vieron limitadas sus posibilidades de expansión y desarrollo. No obstante, sus habitantes luchan por mantener viva su identidad y ofrecer oportunidades para quedarse.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailA 38 kilómetros del casco urbano de Tandil, por la Ruta Provincial 74 rumbo a Ayacucho, aparece Fulton, una pequeña localidad rural cuyo acceso —un camino consolidado de ocho kilómetros— desemboca en un paisaje de casas bajas, una capilla, una escuela y un club que oficia de punto de encuentro. Según el Censo 2022, la población asciende apenas a 69 habitantes.
El pueblo nació junto con la inauguración de la Estación Fulton, el 14 de diciembre de 1914, como parte del ramal Tandil-Lobería del Ferrocarril General Roca. Alrededor del andén y los galpones destinados a ganado, cargas generales y cereales —los primeros comenzaron a construirse ese mismo año— se fue organizando la vida comunitaria. En 1930 llegaron por tren las primeras máquinas agrícolas y durante décadas el movimiento ferroviario marcó el pulso del lugar. El tren de pasajeros dejó de pasar a fines de 1979, y los servicios de carga se sostuvieron hasta comienzos de los 2000. Hoy, en el edificio de la estación funciona un pequeño microemprendimiento gastronómico.
