Lo más lindo de la cobertura no estaba en agenda
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Vine a Buenos Aires a cubrir la visita del Papa León XIV para El Eco. Para el primer día tenía dos cosas anotadas. Buscar la credencial y grabar los preparativos de la misa. Lo más lindo fue todo lo que pasó en el medio. Un café con Ceferino Reato, un abrazo con Claudia Bilbao después de años sin vernos y ese gusto de encontrarte con colegas en plena cobertura y seguir laburando juntos.
Llegué cerca de las cuatro por la ruta 29. Menos tránsito que por la 3. Pozos, unos cuantos. La bajada de la autopista me dejó casi en el estacionamiento de la UCA, así que fui directo a acreditarme. Los voluntarios me atendieron enseguida y me dieron el kit de prensa. Adentro venía un rosario. Alguien había rezado con él por la persona que lo iba a recibir, sin saber quién era. Esta vez me tocó a mí.
Mientras retiraba la credencial pasó Ceferino Reato. Le recordé aquella noche en el Centro Cultural Universitario de Tandil, cuando me tocó presentar su libro y después nos fuimos a cenar. Él también había ido a acreditarse porque el miércoles trabaja desde Luján. Me invitó a un café y cruzamos al McDonald’s de enfrente. Hicimos una nota para El Eco y nos quedamos hablando de Tandil y de nuestras cuitas periodísticas. En los medios grandes de Buenos Aires y en nuestro querido interior hay unas cuantas cosas que nos hacen renegar por igual.
Cuando me dijo que volvía en tren, le dije «Vamos, te llevo». En 25 minutos de viaje descubrí a Ceferino en otra faceta, la de guía de turismo. Me fue mostrando los clubes que hay metidos entre las casas de Palermo y Belgrano. Me contó que, cuando llegó de Entre Ríos, le llamó la atención que acá hubiera dos preguntas que enseguida te ubicaban en el mapa. «¿A qué colegio fuiste? ¿A qué club vas?». Yo, que tantas veces había pasado por esas calles mirando el tránsito, esta vez me puse a mirar lo que había detrás de las paredes.De ahí me fui para el Monumento de los Españoles. Dejé el auto sobre Santa Fe, al lado de La Rural, y seguí a pie. Quería grabar cómo venía quedando el altar. Había pantallas, puestos de hidratación, carpas y hamburguesas por todos lados. Por momentos parecía la previa de un recital.
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En eso escucho «¡Claudio!». Me doy vuelta y el muchacho, que enseguida se dio cuenta de que yo necesitaba una pista, me dice «¿Te acordás? Te atiendo en el banco». Era Joaquín, de Tandil. Había venido con su novia aprovechando los feriados bancarios y estaba recorriendo los preparativos con su familia, que se había anotado como voluntaria. Lo entrevisté, por supuesto. Si estoy cubriendo para El Eco y me encuentro con un tandilense, ahí tengo una nota.
Al rato, otro «¡Claudio!». Otra vez me tuvieron que ayudar. Era Claudia Bilbao, compañera de la Facultad de Sociales de Olavarría. Durante años condujo el noticiero de El Popular y hoy sigue haciendo radio y contando en vivo lo que pasa en su ciudad. Hablamos seguido por teléfono o por WhatsApp, pero hacía años que no nos veíamos. Nos vinimos a encontrar en Palermo, con las cámaras en la mano.
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Nos dimos un abrazo y seguimos grabando juntos. Su marido hacía cámara y su hija, que encima estudia en Tandil, sacaba fotos. Entre los cuatro volvimos a recorrer los lugares por donde se podía pasar hasta encontrar un buen punto para ver el escenario. Después los acerqué a Alto Palermo. En el auto seguimos hablando de lo que cada uno había visto. Esa parte me gusta mucho de las coberturas. Salís con tu cámara y una idea de lo que querés contar, y en un rato con otros colegas ves cosas que solo se te hubieran pasado.
A las nueve y media llegué a Corrientes y Paraná. Se estaba desconcentrando la Marcha del Orgullo, Boca festejaba en el Obelisco y yo tenía un hambre bárbara. En Corrientes siempre hay olor a pizza. Mesa libre, ya es otra cosa. Así que compré una fugazzeta y me la llevé al departamento.
Y así terminó mi primer día de cobertura. La credencial y las imágenes del altar estaban en la agenda. Por suerte, todo lo demás se fue dando.