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Enfoque

La segunda caída (1912-2018)

El Eco

El estruendo social que provoca el cierre del emblema de la industria metalmecánica tandilense genera más cimbronazos que la mítica caída de la Piedra Movediza, allá por febrero de 1912. Se trata de dos íconos bien tandilenses, como sus salamines y sus sierras, que a sus modos y sus formas posicionaron a la ciudad más allá de sus fronteras. Generaron progreso, desarrollo y un patrón genético llamado identidad que de a poco, mal que nos pese, va mutando como dinámica propia de los nuevos intereses comunitarios y/o sectoriales.

Aquella curiosidad natural rocosa que atrajo multitudes y despertó por reacción espontánea las primeras visitas foráneas para ubicarnos como ciudad con turistas (no ciudad turística) aún se nos reconoce. Por eso todavía se nos ubica con ese símbolo rocoso más allá que se haya derrumbado en el siglo pasado y apenas queden rastros de sus restos yaciendo al pie del cerro.

Las crónicas de aquel entonces reseñan que no se pudo determinar el momento exacto y sin testigos directos de su derrumbamiento. ​Que su caída pudo haber sido un acto de vandalismo o producto de las vibraciones provocadas por las explosiones en las canteras cercanas, formaron –y forman- parte de las conjeturas.

Empero, ese accidente natural sirvió en definitiva para sentar las bases del perfil turístico. Empujados por emprendedores privados la ciudad empezó a valorar sus sierras como paisaje para empezar a dejar de lado su potencial industrial minero, y hoy luce todo su esplendor. Aunque sin saber a ciencia cierta (una estadística se necesita) cuánto empleo genuino genera y si su derrame ha logrado diseminarse más allá de los principales impulsores.

Aquí, en este costado productivo sin chimeneas y mucha informalidad laboral, el estado comunal se ha sentido cómodo y ha utilizado sus herramientas para acompañar el desarrollo. Revalorizando los espacios públicos (la famosa cosmética) y haciendo lo que estaba a su alcance para ponerse en el lugar indicado a la hora de tomar como propia la bandera de la preservación de las sierras como patrimonio natural y, en definitiva, atractivo turístico. Más allá que no tuvo el mismo empeño en hacer cesar la actividad canteril que con la voracidad inmobiliaria. Tampoco se invirtió en muchas gestiones para revertir que los equipos grandes del fútbol dejen de elegir a la ciudad como destino de pretemporada, una vidriera única e irrepetible que se esfumó sin más.

La industria con chimeneas

Para con Metalúrgica Tandil, la cosa es bien diferente aunque el final resulte igual de luctuoso.  Aquí no hubo sorpresas. No fue accidental.  Se trata de un costado identitario tan o más fuerte que aquella roca, pero se fue diluyendo cual lava insípida de fundición.

Aquí la muerte resulta más cruel. No fue una fatalidad natural, posiblemente accidental. Ahora, el cierre de la emblemática fábrica se parece a una enfermedad crónica, cuya agonía genera aún más dolor porque en el medio hay personas, generaciones de familias que se forjaron bajo ese perfil industrial de la mano de un irrepetible Santiago Selvetti, uno de esos pioneros que supieron levantar lo que ya ningún empresario contemporáneo está dispuesto a apostar.

Lo que resulta más incómodo sobre este desenlace es la reacción y/o inacción de la dirigencia política que, como espectadores de una película atinan a decir que se trata de la crónica de una muerte anunciada, pero que más allá de apelar al lugar común de la metáfora cinéfila nada se hizo para torcer la historia. A no ser que se crea que levantando el monumento al fundidor (como se hizo con la réplica de la Piedra) o luciendo una escultura y homenajeando a la deudos de aquel pionero que ya no está alcance para convencer a alguien que sí les interesaba la fábrica en particular y la industria metalmecánica en general.

Si la inacción radica en que hay una convicción sobre el nuevo perfil de desarrollo industrial tandilense debiera explicitarse, principalmente en el presupuesto destinado a la cartera que sin dudarlo resulta la más frágil de la administración comunal: la secretaría de Desarrollo Local, cuyos funcionarios de 2003 a la fecha pasaron con más penas y ninguna gloria, ya sea por su propia inoperancia o la imposibilidad de manejo que los propios recursos económicos imponen.

Qué se hizo para que frente a ese convencimiento de que la metalmecánica es de otro tiempo se reconvierta en otras posibilidades, poco y nada se sabe sobre lo que se hizo. Qué gestiones se promovió para que el más de un centenar de operarios se capacite en otras aristas o se fomente al empresariado otros mercados. A no ser que se creyó en ese nuevo perfil martillero y con la oferta inmobiliaria de quedarse con la exMetán iban a preservar las fuentes laborales.

Tal vez, al final del camino y con la granada en la mano, terminen incorporando como a los canteristas en la órbita estatal, la única empresa que sigue sumando mano de obra con estabilidad a costa de una administración municipal cada vez más costosa y perezosa.

Ya no hay pocos que ensayan la excusa de que la mirada industrial está focalizada en el software, con la matriz de conocimiento que fagocita la Unicen (Tampoco aquí se informa mucho sobre la calidad de empleo que se genera y en qué condiciones trabajan los miles de empleados).

Pero aquí también la comuna se colgó -tarde- por la prepotencia vertiginosa del sector privado más que de la planificación estatal. Cuando quiso ponerse más o menos en sintonía, proponiendo un parque tecnológico terminó haciendo un papelón porque cuando ellos (el Estado) fueron, las empresas ya habían ido y vuelto tres veces. Sin sonrojarse apostaban a sacarse la foto en la inauguración del edificio inteligente de Globant. Parece que ni esa le va a salir ahora…

A esta altura la pereza estatal genera alarma. Más escozor cuando el costado público que debiera ser el más inteligente de la comuna, su Usina y la mentada diversificación social llamada Usicom,   a estas alturas también se dedica a administrar el estatus económico de quienes la integran. Que su presidente con aspiraciones de empresario más que de funcionario público se diga preocupado por el cierre de Metalúrgica Tandil porque se trata del principal cliente deja a las claras sobre donde se está parado.

Otro dato político igual de delicado. La actual gestión comunal resulta del mismo palo que del poder provincial y nacional.  Nada han obtenido en este aspecto para cambiar la historia. La pregunta redunda es si alguien los escuchó, porque a estas alturas nadie duda que con el anterior gobierno provincial y nacional había mucha más comunicación y sintonía.

Duele ese letargo dirigencial. Genera bronca escucharlos como meros relatores de un partido que no quieren, no saben o no les interesa jugar.  Se está frente a una caída que no por anunciada deja de ser estrepitosa, incluso mucho más ruidosa que aquella mítica piedra.

Guillermo Liggerini

Guillermo Liggerini

Sec. de Redacción El Eco de Tandil

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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