Vestida de “burguesa”, Altamirano finalmente enfrentó el juicio acusada de “coautora funcional” de los daños al Municipio
La dirigente y su expareja Jorge Lezica se sentaron en el sillón de los acusados. Los testigos. La estrategia de las partes.
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Y un día, Griselda Altamirano y Jorge “Mono” Lezica volvieron a sentarse en el banquillo de los acusados, señalados como responsables de delitos tipificados como daños agravados en el edificio municipal (diciembre de 2021) y los estorbos y perturbaciones montados en las puertas del palacio judicial de Azul (mayo de 2022).
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPasaron años, se sortearon un sinfín de vericuetos y artilugios en la etapa intermedia de la instrucción —en el medio de prescripciones varias por otros delitos que pesaban sobre las espaldas de la militante— para finalmente dar inicio al debate, para el cual un grupo de militantes, en su gran mayoría mujeres, se apostó en las puertas de la sede judicial donde su líder sería otra vez juzgada.
Lejos de aquel acompañamiento masivo que la secundó cuando se enfrentó a los estados azuleños en 2019 por el delito de usurpación en Villa Cordobita, que le valió una condena ya firme, ahora eran un puñado de mujeres y familiares de la activista que puso en aprietos a la dirigencia política y judicial por mucho tiempo, hasta que en estos años decidió —o la empujaron— a resguardarse en otro perfil más prudente, sin manifestaciones ni consignas ampulosas.
