She Rage anunció su regreso a los escenarios con una formación renovada
La banda de nu metal local rompió un silencio de un año y confirmó su vuelta a la actividad musical tras un proceso de reestructuración interna. Con la incorporación de Santino Ferrari en el bajo y una búsqueda estética definida por la potencia, el grupo liderado por Cora Berdiñas se prepara para reencontrarse con su público en una serie de presentaciones que marcarán el inicio de una nueva etapa en la escena tandilense.
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El cuarteto de nu metal She Rage, integrado por Cora Berdiñas en voz, Iara Maune en guitarra, Abigail Rodríguez en batería y el reciente ingreso de Santino Ferrari en el bajo, oficializó su retorno a los escenarios locales. Tras un período de inactividad que se extendió por doce meses, los músicos compartieron los detalles de un proceso que los llevó a redefinir su identidad sonora y a apostar por un estilo más pesado y directo. El reencuentro con los ensayos permitió que la agrupación recuperara la química que los caracterizó desde sus inicios, consolidando un proyecto que busca dejar una huella en el circuito de rock de Tandil.
La historia de la banda se remonta a tres años atrás, cuando una quinta integrante original convocó a las músicos a través de las redes sociales. Lo que comenzó como un proyecto con matices electrónicos y pop fue mutando hacia los sonidos más contundentes del metal. "La idea fue de una exintegrante que nos buscó a todas; ella quería armar una banda de nu metal y nos contactó de a una", recordaron durante el diálogo. Sin embargo, tras la partida de aquella fundadora hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el alejamiento de una tecladista, el núcleo duro del grupo decidió continuar como un cuarteto, profundizando en un repertorio que rinde homenaje a referentes internacionales del género.
El camino hacia la identidad sonora
La evolución de She Rage no estuvo exenta de desafíos técnicos y compositivos. En sus etapas iniciales, el grupo experimentó con un sonido que incluía teclados y arreglos electrónicos, lo cual les otorgaba una impronta más tranquila. No obstante, las integrantes coincidieron en que esa dirección no representaba plenamente sus gustos personales ni sus ambiciones artísticas. "Al principio fue difícil porque estábamos haciendo un género que no nos gustaba tanto; era algo más electrónico, más pop", explicaron los protagonistas sobre aquellos primeros pasos donde la cohesión todavía era una meta lejana.
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Fue precisamente durante el último tiempo de actividad constante cuando el grupo encontró su verdadera brújula. Al desprenderse de las capas electrónicas, el sonido se volvió "más pesado y más roto", logrando una contundencia que las músicos definieron como un "sueño adolescente" cumplido. La transición hacia el metal permitió que cada integrante explotara su potencial: Abigail Rodríguez, quien originalmente se desempeñaba como bajista, asumió el rol de baterista, aportando una base rítmica sólida que se convirtió en el motor de la banda. Por su parte, Iara Maune se consolidó en la guitarra y Cora Berdiñas en la voz, aportando la energía y el desplante necesario para liderar las presentaciones en vivo.
El impasse de un año sirvió para que los miembros de la banda exploraran otros proyectos personales y académicos, pero el deseo de volver a tocar juntos siempre permaneció latente. Según manifestaron, la necesidad de regresar a la sala de ensayo surgió de manera orgánica. "Siempre estuvo eso de que no podíamos dejar de tocar, esto no podía terminar así", confesaron. La motivación recobrada se tradujo en una serie de ensayos intensivos donde el foco estuvo puesto en la selección de un repertorio que incluye versiones de bandas emblemáticas como Muse, Linkin Park, Nirvana, Rage Against the Machine y System of a Down.
La llegada de Santino Ferrari y el nuevo equilibrio
Un factor determinante para este regreso fue la incorporación de Santino Ferrari en mayo del corriente año. Ante la necesidad de cubrir la vacante en el bajo, Ferrari —quien también forma parte de la agrupación Derivé— se sumó al proyecto con rapidez y compromiso. "Me invitaron para hacer la segunda por un tiempo hasta que consiguieran una bajista mujer, porque la idea siempre fue una banda femenina", comentó el músico, quien debió aprender el repertorio en tiempo récord para cumplir con los compromisos asumidos por la banda.
A pesar de ser el único integrante varón en una formación que históricamente reivindicó el espacio de las mujeres en el metal local, la química interna no se vio afectada. El grupo destacó la fluidez con la que Ferrari se integró a la dinámica de trabajo, aportando no solo su técnica instrumental sino también una cuota de humor y distensión en el día a día. "Se sumó al primer ensayo y se aprendió todo, es un crack", elogiaron sus compañeras. No obstante, el grupo mantiene abierta la búsqueda de una bajista estable que desee sumarse al proyecto a largo plazo, manteniendo la esencia con la que She Rage fue concebida.
En cuanto a los roles internos, la banda funciona como una maquinaria aceitada donde cada miembro asume responsabilidades específicas fuera de lo estrictamente musical. Mientras que Abigail se encarga de la gestión de fechas y el contacto con los espacios culturales, Cora es la cara visible y la encargada de la comunicación con el público. Iara, por su parte, suele ocupar el rol de mediadora en las decisiones creativas, y Santino aporta su visión desde la experiencia en otras formaciones del medio. Esta división de tareas ha permitido que la banda pueda proyectar su regreso con una base organizativa más profesional.
Estética y próximas presentaciones
El regreso de She Rage también trae consigo una propuesta visual definida. La banda ha adoptado el negro y el rojo como sus colores insignia, los cuales se ven reflejados tanto en su vestimenta como en la puesta en escena de sus shows. Para sus próximas presentaciones, tienen previsto implementar una estética más teatral y unificada. "Queremos hacer algo raro, más show, todos vestidos iguales", adelantaron sobre los planes para el cierre de septiembre y el mes de octubre.
La fecha marcada en el calendario para este esperado reencuentro es el próximo 28 de septiembre, cuando se presentarán en Lunático. Este show representa el punto de partida de una agenda que busca recuperar el tiempo perdido y posicionar nuevamente a la banda como uno de los referentes del nu metal en la región. Además, confirmaron una presentación para finales de ese mismo mes, consolidando una seguidilla de conciertos que servirá para testear la respuesta del público tandilense ante la nueva formación.
Con la mirada puesta en el futuro, She Rage no descarta la posibilidad de retomar la composición de material propio. Si bien en esta etapa el repertorio está centrado en covers que permiten mostrar la potencia del grupo, la intención es volver a explorar temas originales que reflejen la madurez alcanzada tras el tiempo de reflexión y cambio. El objetivo primordial, por el momento, es mantener la constancia y no volver a interrumpir un camino que, según sus propias palabras, recién comienza a transitar su etapa más auténtica.
Responsable y coordinador de redes sociales en El Eco.