Claves técnicas, manejo de precisión e industrialización del "oro verde" de Cuyo
De la mano de profesionales especializados e inversiones agroindustriales, San Juan se consolida como el epicentro del pistacho en la Argentina.
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La ingeniera agrónoma María Florencia Videla, jefa técnica de Proyecto de Pistacho en Prodeman S.A. y especialista egresada de la Universidad Nacional de San Juan, analizó el "ABC" agronómico de este cultivo, la arquitectura de los huertos, la cosecha mecanizada y el procesamiento industrial clave para conservar la máxima calidad.
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El cultivo del pistacho (Pistacia vera) se ha consolidado como una potencia agroindustrial en la región de Cuyo. Para comprender los requerimientos agronómicos y las proyecciones industriales de esta especie, dialogamos con la Ingeniera Agrónoma María Florencia Videla, egresada de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ).
Con cuatro años de experiencia especializada en el manejo agronómico y la gestión productiva de proyectos pistacheros, Videla cuenta con un destacado recorrido: previamente se desempeñó como responsable técnica de un proyecto de 600 hectáreas de pistacho y de la producción de plantas en vivero en La Casa del Pistacho.
Actualmente, lidera la estrategia agronómica como jefa técnica de Proyecto de Pistacho en la firma Prodeman S.A., empresa que ha iniciado un plan de diversificación e inversión en San Juan.
Fisiología, ecología y diseño
El pistacho es una especie milenaria originaria de Asia Central. Esta procedencia explica su adaptación a zonas áridas, su elevada tolerancia a la escasez hídrica y su requerimiento biológico estricto: veranos calurosos y secos combinados con inviernos fríos que garanticen las horas de frío necesarias para la floración.
"Para el que no conoce el cultivo, lo primero que hay que entender es que el pistacho es una planta dioica. Esto significa que existen plantas masculinas y plantas femeninas de forma independiente". Esta particularidad botánica condiciona la planificación del lote desde el momento de la implantación.
Dado que la polinización es exclusivamente anemófila (realizada por el viento), las plantas macho proveen el polen que el viento transporta hacia las flores femeninas para lograr la fecundación y la formación del fruto. Por ello, el diseño del lote exige ubicar estratégicamente los machos respetando los vientos para asegurar un cuajado óptimo.
Bases para una inversión a 50 años
Plantar pistacho implica una visión agronómica de largo plazo, ya que se proyecta una vida útil del monte comercial de entre 40 y 50 años. Por este motivo, la preparación del suelo resulta determinante.
"Como base para una buena implantación, lo primero es preparar adecuadamente el perfil del suelo". En el esquema implementado por Prodeman S.A., se realiza una exploración previa mediante calicatas -pozos profundos que permiten inspeccionar visualmente la estructura del terreno- para identificar capas duras o limitantes físicas. Posteriormente, se efectúa un subsolado profundo con maquinaria pesada (topadoras) para romper dichos estratos.
El objetivo agronómico central del subsolado es facilitar la penetración radical: se busca que el sistema radicular explore en profundidad en lugar de expandirse horizontalmente. De esta forma, las raíces logran anclarse y acceder a humedad profunda.
En paralelo, la planificación del sistema de riego constituye otro pilar estratégico. A pesar de adaptarse al desierto, el pistacho requiere aportes hídricos precisos para expresar su potencial productivo.
Horizontes temporales
Una de las características del pistacho es su prolongado período de entrada en producción. Según detalla la ingeniera Videla, los primeros racimos se observan hacia el quinto año de la plantación, aunque se trata de volúmenes simbólicos sin relevancia comercial. La entrada en plena producción comercial se alcanza recién entre el décimo y el duodécimo año.
"Una planta de pistacho en sus primeros años es como un bebé recién nacido: hay que nutrirlo, regarlo y cuidarlo bien para asegurarle un gran futuro".
Durante los primeros tres a cuatro años, el cultivo demanda una intensa dedicación en poda de estructura. Una vez que el árbol consolidó su porte, la necesidad de mano de obra se reduce significativamente.
Cosecha y postcosecha
En la provincia de San Juan, la cosecha se realiza entre fines de febrero y principios de marzo. La recolección del fruto se encuentra completamente mecanizada mediante equipos combinados denominados side by side.
El procedimiento se ejecuta con dos máquinas coordinadas.
Por un lado, la máquina vibradora que abraza el tronco principal y transmite una vibración de alta frecuencia durante 3 a 4 segundos, logrando el desprendimiento de los frutos.
Trabaja junto a la máquina recibidora, que despliega una bandeja que colecta los pistachos caídos y los deriva por cinta transportadora hacia los carros.
El manejo posterior al retiro del campo representa el punto decisivo para mantener la calidad. Una vez cosechada la fruta, se traslada a la planta de proceso industrial.
El circuito industrial comprende cuatro etapas críticas.
Comienza con la limpieza primaria, en la que la fruta ingresa a una tolva y avanza por cintas donde se eliminan restos de hojas, ramas y palos.
El segundo escaló es el pelado, ya que el pistacho posee un hollejo o piel exterior que recubre la cáscara. Esta piel debe retirarse con máquinas peladoras dentro de las primeras 24 horas posteriores a la cosecha. "Si no se pela a tiempo, la piel empieza a manchar la cáscara, provocando una severa pérdida de valor comercial".
Posteriormente viene la flotación: La fruta pelada pasa por un tanque de flotación donde se separan los pistachos vanos (vacíos) de los llenos.
El ciclo culmina con un secado que reduce la humedad residual hasta un rango de entre 5 y 8 por ciento, nivel óptimo para almacenar el pistacho en silos sin riesgo de deterioro.
Liderazgo sanjuanino
Prodeman S.A. dio un paso estratégico al incursionar en el sector pistachero en San Juan. La empresa adquirió una finca que cuenta con 64 hectáreas en plena producción (árboles de 20 a 25 años) y 120 hectáreas en su segunda cosecha. Además, este año avanzan con la implantación de 140 hectáreas nuevas.
"Prodeman viene diversificando sus cultivos y vio en el pistacho una gran oportunidad para sumar valor a futuro", indicó la profesional.
Actualmente, San Juan concentra casi el 95 por ciento de la superficie cultivada de pistacho en el país, alcanzando cerca de diez mil hectáreas implantadas.
Con una demanda interna insatisfecha y un enorme potencial de exportación, el pistacho reconfirma su rol en el mapa agroproductivo nacional.
La planta de pistacho es productiva a partir de su quinto año.
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