La doctora Liliana Batista y los 25 años del Laboratorio de Análisis Clínicos
La médica repasó su trayectoria al frente del Laboratorio de Análisis Clínicos de la Clínica Chacabuco en Tandil. A pocos meses de cumplir 25 años, el servicio se destaca por su evolución tecnológica y su sólido equipo humano.
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La bioquímica doctora Liliana Batista es directora técnica del Laboratorio de Análisis Clínicos de la Nueva Chacabuco y su historia está irresolublemente ligada a la reapertura de la Institución. Creó el servicio en diciembre de 2001, en plena crisis del país, y a partir de allí construyó un sólido equipo que trabaja a la altura de los tiempos, con un sistema de gestión y gran sincronía entre sus miembros para optimizar las nuevas tecnologías que dispone el Servicio a la hora de estudiar la vida de los pacientes a través del microscopio.
- Han pasado más de veinte años que usted se desempeña en la Clínica Chacabuco. ¿Cómo llegó a la Institución?
- En 2001 el doctor Miguel Lunghi tenía a cargo la Dirección Médica y se estaba trabajando en el proyecto de empezar a realizar cirugías cardiovasculares. Para eso la Clínica necesitaba un laboratorio de 24 horas por siete días, el cual no había en ese momento. Había algo muy chico, un equipo que sacaba gases en sangre del doctor Montani, y todo lo que se hacía se tercerizaba. La Clínica a su vez estaba saliendo de una crisis muy grande. A raíz del impulso que propone la cuestión de la cirugía cardiovascular era necesario contar con un laboratorio propio, y la Institución salió a buscar un bioquímico.
- ¿Y cómo la encontraron?
- Fue muy casual. Yo me había radicado con mi familia en Tandil en 1996 y en ese momento hacía guardias en el laboratorio Pérez Cambet. Y fue el doctor Fernando Funaro, que estaba en la Clínica, el que recordó que la esposa de Miguel Cufré, mi marido, era bioquímica. Así que me contactó, me presentó al doctor Lunghi y fue él quien me hizo la propuesta: abrir el nuevo Servicio, es decir fundarlo. Empezamos con lo básico: compraron un contador hematológico chiquito, un equipo de base, también chico, y un equipo para hacer química clínica manual. Empezamos en un lugarcito muy pequeño que era una habitación. Estaba acompañada por una técnica de Pérez Cambet. Y enseguida entró el doctor Fernando Traverso. Hemos recorrido un largo camino, este 10 de diciembre el Laboratorio va a cumplir 25 años. Al tiempo nos mudamos a un espacio más grande, el Laboratorio empezó a crecer y al principio sólo atendíamos la demanda de los pacientes internados. Y hace ocho años pudimos armar el laboratorio a la calle, lo cual fue un gran cambio para nuestra infraestructura y para la facilidad de acceso de los pacientes.
- ¿Cómo funciona en estos tiempos de híper información la conducta de los pacientes? ¿Hay pacientes que por sí mismos deciden hacerse un estudio?
- No es tan frecuente que el paciente venga a decirnos que quiere hacerse un análisis. Puede ocurrir en pacientes que, por ejemplo, tienen antecedentes de diabetes en su familia, por lo tanto sí consulta por su situación. Eso también puede suceder con pacientes que tienen alguna preocupación por alguna enfermedad de transmisión sexual, que llegan a pedir un análisis. Y ahora que circula mucho en redes el riesgo de enfermedades coronarias, hay también cierta preocupación que lleva a la consulta. El tema es que nosotros cuando llega un paciente por las suyas siempre le recomendamos y le pedimos que vengan con una orden médica, aunque sea de la Guardia. Y hay un motivo: si al paciente le damos su informe donde efectivamente se haya detectado una patología, ¿qué hace con eso? Le genera una gran angustia que no sabe para dónde salir. El receptor del informe debe ser el médico, por eso nosotros pedimos siempre que vengan con una indicación médica.
- ¿Y de aquel laboratorio fundacional al que hoy tienen que pasó?
- Un cambio formidable. Actualmente tenemos un sistema de gestión del Laboratorio que unifica desde la recepción del paciente, pasando por todo el equipamiento hasta el informe que luego es subido a la nube. Por otro lado se compraron una gran cantidad de equipamientos automatizados. Este equipamiento mejora mucho la calidad, de modo que tenemos un equipo automatizado de química clínica, de hematología, de coagulación y de bacteriología. Todo esto ha levantado muchísimo el nivel del Laboratorio por la fidelidad en la precisión que aportan las nuevas tecnologías. Y cada día se hace el control de calidad interno, así empieza el día en el Laboratorio.
- Entre tanta tecnología, ¿qué función sigue ocupando la mano humana del técnico o el ojo del bioquímico?
- Sigue siendo algo fundamental. Es un orgullo para mí ser parte del equipo humano que hay en el Laboratorio. Hay una gran sincronía entre nosotros, un sentido de pertenencia y compromiso, y cada uno sabe que todos tienen su responsabilidad para que las cosas salgan bien. Es decir que cada uno depende del otro, de que no fallen ninguna de las partes del eslabón. Hay mucha conciencia sobre eso en el Laboratorio. Somos dos bioquímicos, dos administrativas, cinco técnicos de planta y un técnico que hace guardias esporádicamente.
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