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Los espacios para las personas con discapacidad y el desafío diario en medio del aislamiento

Los espacios que acogen a un sector especialmente vulnerable tuvieron que adaptarse a la coyuntura. El Taller Protegido debió parar su producción y busca atenuar el impacto económico. Desde el centro El Andamio implementaron el trabajo remoto y priorizaron el acompañamiento a todas las familias para atravesar el contexto actual.

Mariano Leunda

El nuevo orden social planteado a partir de la pandemia hizo que diversos sectores tuvieran que adaptarse al complejo escenario planteado.

Las personas con algún tipo de discapacidad constituyen un segmento de la población especialmente vulnerable siempre, pero que en medio de la emergencia han tenido que alterar sus rutinas, con todo lo que implica. Sin espacios ni dispositivos de atención funcionando de modo habitual, las vidas de muchos chicos y adultos sufrieron un abrupto cambio, lo que los ha obligado a reacomodarse con las herramientas disponibles.

Taller Protegido

El Taller Protegido de Tandil, una institución que desde hace muchos años brinda contención social y la posibilidad de un trabajo a personas con discapacidad, tuvo que cerrar sus puertas y parar la producción.

Los 66 operarios que asisten a diario al taller de dedican al reciclado de plástico y la elaboración de diferentes productos conocidos y requeridos por todos los tandilenses; dulces, plantines, artesanías, que ofrecen casa en casa y en dos puestos de venta al público.

Nada de eso es posible ahora. “Son actividades no esenciales y por eso no se puede seguir adelante. El espacio no es educativo y no estaba incluido en la suspensión de clases, pero tras un día de actividad normal, inmediatamente después decidimos suspender todo para evitar mayores riesgos”, contó Lourdes Martínez, presidenta de la comisión directiva, en diálogo con El Eco de Tandil, sobre la situación que les toca vivir en este contexto impensado.

“Estaba el riesgo de movilizarlos en colectivo hasta la institución y circular por la calle, decidimos cerrar porque nos interesa la salud. Están todos en sus casas contenidos por sus familias y nos mantenemos comunicados por whatsapp”, describió.

La mayoría de los concurrentes vive con adultos responsables o en algún geriátrico y eso brinda la pauta de que inicialmente están contenidos y seguros, más allá de extrañar el encuentro y la rutina.

“Hemos enviado alguna actividad para hacer, pero entendemos que no son personas escolarizadas actualmente y es más difícil sentarlos a hacer alguna actividad artística o educativa. El trabajo que hacen en el taller no se puede trasladar a sus casas”, expresó Lourdes.

El sostén económico

Dentro de las contingencias que debieron atender, resolvieron el cobro de los peculios que reciben los operarios con la Asociación Bancaria, para impedir que fueran a los bancos y quedaron expuestos, y están gestionando con el Municipio el adelanto del subsidio que reciben por parte del Estado municipal para solventar los gastos.

La arista económica es una preocupación a la que no escapan, porque la institución se sostiene gracias a las ventas y el reciclado. Para paliar el impacto de la recesión devenida del aislamiento obligatorio, la entidad se asoció a un portal online de venta llamado defabrica.com que ofrece mercadería de diferentes productores y emprendimientos, con la modalidad de entrega a domicilio, una estrategia a la que apelan múltiples comerciantes.

“Tienen stock de cada productor y nos dejaron asociarnos, fue un paso importante para nosotros al no haber ingresos de la venta ambulante ni del reciclado, que también está trabado porque no hay transporte. Hay toneladas de plástico que enviamos todos los meses, pero hoy no podemos hacerlo”, refirió.

En primera persona

Además de ocupar un rol institucional, Lourdes vive en carne propia los desafíos de hacerse cargo de una persona con discapacidad en esta coyuntura. Su hermano Franco, que reside en un hogar en Mar del Plata, se encuentra en Tandil desde mediados de marzo con ella y el padre de ambos, debido a la pandemia.

“Nos cambio la dinámica a todos. No es que puede estar en una plataforma digital haciendo actividades. Tomamos mates, dibujamos, pasamos tiempo juntos, compartimos cosas que en lo diario no”, relató.

“Ellos están acostumbrados a trabajar bajo la planificación y guía de personal especializado, pero ahora están quedando al final de la lista. No hay muchas políticas dirigidas a ellos en este contexto, quedan afuera de todos los dispositivos de refuerzo y atención”, manifestó.

Lourdes expuso que su hermano tiene, como todos, altibajos producto de la angustia y ansiedad que genera el encierro. “No es fácil para nadie. En estas poblaciones más vulnerables más tenemos que insistir con que se queden en casa. En el caso de Franco, por su tipo de discapacidad, no sabe expresar si le duele la garganta, si siente mal, o tiene algún síntoma”, señaló.

“Hay muchos grises en discapacidad y esta pandemia lo puso aún más en evidencia”, cerró.

El Andamio

Dina Bos es la directora del centro terapéutico El Andamio, un dispositivo que contiene a una matrícula de 200 alumnos; desde bebés hasta adultos, que concurren a los diferentes servicios del Centro de Día, Centro Educativo Terapéutico y Centro de Estimulación Temprana.

“Fue algo abrupto que irrumpió en la vida de todos. Estamos todos atravesados por la misma situación, sabemos cuándo empezó pero no cuándo y cómo termina. Esto atemoriza y genera incertidumbre”, graficó.

El equipo institucional se tuvo que adaptar rápidamente al nuevo contexto y pudieron darle continuidad a los servicios, que en algunos aspectos incluso se han vistos enriquecidos.

Se tuvieron que orquestar los dispositivos terapéuticos para que sigan con sus tratamientos de forma remota. Lo presencial tuvo que mutar y se hace todo de manera online. Para ello se crearon plataformas virtuales donde se suben todos los días actividades para que las familias hagan cuando deseen. Antes del confinamiento, anticipando lo que se avecinaba, alcanzaron a repartir algunos materiales, como maderas, pinturas, arcilla, para que puedan trabajar en los hogares.

“Ahora con los recursos de cada casa, la familia accede y selecciona las actividades propuestas”, indico Dina.

Aliados virtuales

La tecnología es, sin lugar a dudas, la gran aliada en este momento. Tanto para mantener la continuidad pedagógica y la estimulación, como para sentirse cerca pese al aislamiento físico.

“Tenemos comunicación diaria vía whatsapp, grupal e individual. Se saluda, se comentan las actividades, los chicos comparten fotos y videos, cuentan lo que hicieron, se mantiene el vínculo, hasta se festejan cumpleaños virtuales”, enumeró.

Además, los profesionales trabajan con adaptaciones y orientaciones puntuales para cada familia, debido a que cada caso tiene diferentes necesidades y a veces hay que presentar las cosas de una forma distinta. “Se buscan las maneras de hacer las cosas, todas las alternativas posibles para llegar a cada uno de ellos y sus familias “, apuntó. Afortunadamente, la respuesta de las familias y los chicos fue muy positiva y permitió una reciprocidad alentadora en el trabajo diario.

Redes que salvan

Por otro lado, desde El Andamio también priorizan el contacto a través de los llamados telefónicos y las videollamadas para poder “verse”, escucharlos y saber cómo están. El aspecto humano como sostén primordial.

“Ingresamos más a los hogares, podemos ver cómo están con sus familias, dónde están, cómo es su cuarto, en qué lugar almuerzan. Hemos accedido más a la vida de ellos y se han enriquecido los lazos, es un gran aprendizaje”, afirmó Dina.

Y amplió: “A nivel grupal los profesionales tenemos que ser sostenidos también, usamos plataformas para trabajar en equipo y conectarnos, para ver cómo vamos, qué cosas hay que mejorar, cómo nos sentimos. Es todo dinámico, hacemos evaluaciones todo el tiempo para saber cómo continuar”.

En momentos tan delicados, el acompañamiento y la escucha pueden ser más efectivos que cualquier otro dispositivo. Las redes sostienen, contienen, abarcan, abrazan.

“Hay algo fundamental: priorizamos cómo se sienten, qué pasa como familia, cómo ocupan el tiempo libre, tenemos claros nuestros objetivos pero hay que prestar atención a esta situación puntual, la gente está con temor, hay cambios. El impacto en lo económico va a ser fortísimo y eso genera angustia, miedos, desbordes emocionales, preocupación. Tratar de estar y que las familias no se sientan solas, el aislamiento es físico pero no social. Es un trabajo de hormiga, dedicamos más horas y tiempo que cuando lo hacemos presencial, pero vale la pena”, finalizó.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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