César Villarruel, a medio siglo del inicio de un legendario camino
El 18 de febrero de 1976 debutó profesionalmente empatando con Oscar Silva en Mar del Plata. Fue la génesis de una carrera que incluyó títulos a nivel argentino y sudamericano. “No era de especular, siempre fui al frente”, describe sobre su fisonomía boxística. Y agrega una mirada ácida sobre la actualidad de la disciplina: “Los que organizan deberían meter más la mano en el bolsillo, son unos delincuentes”.
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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
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Tras un par de años en el amateurismo, el 18 de febrero de 1976 se originó el derrotero profesional de uno de los más destacados deportistas de la historia tandilense.
César Alfredo Villarruel, con 21 años recién cumplidos, igualó con Oscar Alfredo Silva en el Piso de los Deportes de Mar del Plata, en el nacimiento de un trayecto que años más tarde se impregnaría de gloria con sendos cinturones nacional y sudamericano.
A cincuenta años de aquel debut y haciendo gala de una notable memoria, Villarruel visitó Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM 104.1 y Eco TV):
“Hice unas cuantas peleas, me acuerdo de algunas de ellas. Sobre ésta del debut, recuerdo que venía de pelear en Balcarce. En ese momento, la empresa Luna Park quería verme pelear, y me llamaron para un festival que se hizo durante las vacaciones en Mar del Plata. Fue en el Piso de los Deportes. Debuté contra un chico con el que ya habíamos empatado en Tandil, como amateurs. Esta vez, para mí gané la pelea pero dieron otro empate. En Mar del Plata nunca pude ganar. Era más complicado aún si te tocaba contra un local, y cuando iba a Mar del Plata tenía un rival de allí”, comienza explicando César.
-¿Cuáles fueron sus raíces boxísticas?
-Prácticamente, me crié en la calle. A los 3 años, ya vendía diarios, mi hermano me los dejaba la Confitería Norma para que los venda. Se los dejaba a Norma y Mario Montani. Cuando mi viejo se fue a Cerro Leones, yo andaba en la cantera de arena trabajando. Había un muchacho que había boxeado, José González, su hermano “Moncho” también lo hacía. Teníamos 8 ó 9 años y, cuando nuestros padres se ponían a descansar, nos agarrábamos a piñas. Armábamos un cuadrado en la arena y le metíamos. A los 14, empecé a entrenar pero era muy chico de físico, pesaba unos 40 kilos, así que dejé.
En el deporte en sí, a competir, puede decirse que empecé tarde porque tenía casi 19 años. Andaba bien, pude hacerme profesional a los dos años. En el ’73 me avisaron sobre un campeonato de barrio y me empecé a entrenar tres meses antes.
Como amateur, peleaba en gallo, en 53 kilos. Como profesional, en supergallo.
-¿Cuál era su estilo?
-Tiraba muchas piñas, desde todos lados y como fuera. Siempre tiraba trompadas para entretenerme, pero mi principal virtud era que no sentía los golpes. Tengo 71 años y todavía no me han hecho efecto las piñas que recibí. En algunos exboxeadores, el daño que les hicieron los golpes que recibieron se les nota cuando hablan. Yo recibía bastante, pero no me hacían daño. He hecho guantes con el peso pesado Norberto Fiori y no sufría con sus manos.
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-¿Estratégicamente solía regular cuando iba arriba en las tarjetas?
-Jamás, yo iba al frente siempre.
-Camino al título argentino, supera una eliminatoria ante Rubén Granado.
-Fue una de las mejores peleas de mi carrera, sacando la del título sudamericano, la cual estuvo muy buena porque inauguramos el club Independiente como escenario de boxeo. Ese día estuvo lleno, lástima que cobré poco dinero.
-¿Cómo vivía Tandil las peleas de Villarruel o del boxeo en general?
-Podemos decir que se llenaban los estadios, pero cuando peleaba alguien que andaba bien. Caso contrario, no iba nadie, siempre ha sido así. Antes, la ciudad tenía diez mil habitantes, era complicado llenar un estadio como el de Santamarina, con dos mil y pico personas, tenías que andar muy bien. Yo tuve suerte, a mí la gente me quería. Aunque también estaba aquél que iba a verme perder, esas cosas pasan. Creo que no me defraudé a mí, que era lo más importante.
-La conquista del cinturón argentino llega ante Julio César Saba.
-Lo tiré como cinco veces en tres rounds. Me pegó un cabezazo con el que me abrió un ojo. Marcos Vistalli hizo parar la pelea.
Contra Saba también terminé cobrando poco, me prometieron un 30 por ciento de lo que se recaude y después me vinieron con que se cobraba el IVA al evento deportivo. En definitiva, hice un arreglo pero me terminaron “comiendo” en 700 mil pesos.
Fui al Santamarina a firmar el contrato y cuando lo leí descubrí que no tenía nada que ver con lo que habíamos hablado con Vistalli. Y me dijeron que, si no firmaba eso, se caía la pelea. Era el día anterior, así que no me quedó otra que firmar.
En ese momento, me ayudaba mucho Roberto Conforti, que tenía una fiambrería en el centro. Fui y le conté la situación, que Vistalli me había “metido a la bolsa”. Justo estaba el periodista Julio Varela, quien me ofreció publicarlo en el diario y le dije que sí. Se armó un despelote gigante.
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Consagrado como campeón argentino tras vencer a Julio César Saba.
-Luego, vino la pelea por el título sudamericano.
-Claro, después de todo ese lío, lo del sudamericano se hizo en el club Independiente, con organización del club Defensa. Vino Miguel Calderón, un muchacho que se dedicaba a la construcción, y me dijo que pretendía organizarla junto a José Solanilla. Me aclararon que no podrían pagarme una suma muy alta. Terminé aceptando cobrar lo mismo que en la pelea por el título argentino.
-¿Cómo se desencadenó esa victoria sobre Danilo Batista?
-Fue una pelea entretenida. Me acuerdo de que, apenas me bajé del ring, quería seguir peleando otro rato.
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Villarruel, celebrando el título sudamericano.
-¿Cuán factible era acceder a una chance mundialista en ese momento?
-No era tan difícil. Ocurrió que el campeón del mundo era Sergio Víctor Palma. Cuando llegué al primer puesto del ranking argentino, debía pelear con él. Le hice el desafío, estuvo dos años homologado pero no me peleó. Enfrentó a Leo Randolph y a la vuelta tenía que pelear conmigo, pero le aparecieron problemas físicos y no se dio. Creo que no tuvo que ver con él, me parece que Sergio no tenía problemas en enfrentarme, tuvo que ver más con su entorno. Para cualquier boxeador siempre es lindo aceptar los desafíos, “Tito” Lectoure y su entorno eludieron la pelea. “Tito” era el Don King argentino, no le convenía aceptar una pelea en la que Palma podía llegar a perder.
-Su retiro fue ante Pedro Décima, uno de los argentinos campeones del mundo.
-Sí, en Estudiantes de Olavarría. Me fui de Tandil pensando que pesaba 57 kilos. Planeé no cenar y dar los 56 al día siguiente. Cuando volví a pesarme, estaba en 61, no sé qué pasó. Tuve que entrenarme a lo bestia, ir a un baño turco durante tres o cuatro horas, a las 2 de la mañana me fui para el lugar dónde íbamos a dormir. A las 6 me puse a tirar saliva para todos lados. Cuando subí al ring no podía ni moverme, me volteó como diez veces. De yapa, no cobré porque no fue nadie a la pelea.
-¿Afrontó esa pelea sabiendo que era la última?
-No, pensaba ganar y seguir peleando, boxear era mi vida. Cuando llegué a mi casa le dije a mi señora: “Vasca, no peleo más”. Y no peleé más. Hay algo que es fundamental, el cristiano tiene que cumplir aquello que dice. Si no respetás tus palabras, no sirve. Por eso me llevo tan mal con la gente muchas veces, porque cuando decimos algo, hay que cumplirlo. Siento que, si no actúo así, no soy yo. Gracias a Dios, estoy bien de la cabeza, no me han hecho efecto los golpes y puedo responder por mí.
Contexto actual
-¿Cómo ve el boxeo actual?
-Quienes organizan, deberían meter la mano en el bolsillo un poquito más. Si no tienen recursos para hacer peleas, que no las hagan. Para ir a “currar” a los chicos, que no se metan. Soy enemigo de que no se les pague a los boxeadores.
En mi época, yo hacía una pelea y me volvía en remis a Cerro Leones, y me quedaba dinero para comer un par de días. Hoy, si alguien tiene que irse hasta allá en remis tiene que completar la mitad con dinero de su bolsillo. No puede ser. La gente va al boxeo, pero los únicos que ganan dinero son los delincuentes que lo organizan. Les dan 10 mil pesos por pelea a los boxeadores, no tienen vergüenza.
-¿Fue siempre igual?
-No. Yo empecé en los campeonatos barriales, y al boxeador le daban el 70% de la recaudación. Algo te quedaba, hoy no te dan nada. No tiene sentido. Hoy, si hicieran un campeonato de barrio, le darían 15 mil pesos al boxeador. ¿Qué puede hacer con ese dinero? No le alcanza ni para el colectivo.
-¿Le gustó la idea de que sus hijos fueran boxeadores?
-Siempre fui de la idea de que tienen que hacer lo que quieran, mientras estudien. Con la madre de ellos, lo único que planteábamos era que no descuiden el estudio. Los llevamos a fútbol, a atletismo, a todos lados. Pero siempre con prioridad para el estudio. Después, me da lo mismo que deporte elijan. Por suerte, ambos se recibieron.