Cobanea, el último trote
La legendaria atleta cerró su trayectoria. Es consciente de haber dejado su huella en el deporte y revela que "nunca me preocupé demasiado por entrenar".
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Una sonrisa se dibujó en el emocionado rostro de Elisa Noemí Cobanea, el domingo 11 de noviembre de 2018, a las 9.46. No era una llegada más al final de Tandilia, la que supo ganar en quince oportunidades, entre 1983 y 2008. Era la última, no con la victoria por ser la primera en llegar a la meta, sino llevándose la sensación del mayor de los triunfos, el aplauso del público y el afecto de quienes siempre estuvieron a su lado.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe fue, dejando atrás una interminable serie de éxitos a lo largo y a lo ancho de Argentina y países limítrofes. Con el agregado de haber batido marcas nacionales en 3000 metros (1998), 5000 metros (2000) y 10 kilómetros en ruta (2001), la última de ellas aún insuperable a nivel nacional. Y hasta la lejana Sydney llegó para ser parte del selecto grupo de deportistas que alcanza a participar en Juegos Olímpicos.
De las impresiones de la despedida y de su trayectoria, la mejor atleta tandilense de todos los tiempos dialogó con este Diario.
-¿Qué sensaciones te llevaste de la última Tandilia?
-Las mejores. Dejé de correr porque así lo decidí, y quise que fuera en el lugar en que mejor me siento y en una prueba que siempre me gustó. Me entrené y corrí bien, dentro de mis posibilidades.
La última que había corrido entrenada fue en Villa La Angostura, el año pasado, con nieve. Me quedé con el gusto amargo de que me fue mal. No me podía quedar con eso, quise hacerlo sintiéndome bien.
-¿Era mejor hacerlo ante tu gente?
-Sí, porque lo mejor que me llevé siempre fue el aplauso y el aliento de la gente. Eso lo sentís cuando lo vivís de adentro.
-¿Qué otra carrera hubieras elegido para una despedida?
-La Corrida de Cipolletti, ahí tengo amigos que son como de la familia y compartimos un montón de cosas. También la del Día del Vidriero, en Berazategui. Tuve la suerte de haberme sentido local en muchas partes del país, pero esas dos fueron siempre muy especiales.
-¿Y hay circuitos en los cuales no te hayas sentido cómoda?
-Nunca me adapté al calor con mezcla de humedad, como el caso de Concordia y esa zona del Litoral. Aún bien entrenada, sufría corriendo, me costaba la temperatura. El clima de Tandil siempre tiene un vientito fresco, no esa gran humedad. Cada vez que iba para la zona de Entre Ríos, corría con miedo de ahogarme.
-Imagino que ganaste igual, porque ganaste en todos lados.
-Sí, en realidad no tengo registro de cuántas veces gané en cada lugar. Pero soy consciente de que dejé mi nombre en todo el país.
-¿Eso incluyó un invicto de once años en Argentina?
-Así es. Siempre digo que en el atletismo, no me quedé con ganas de hacer nada. Competí donde me gustaba, puse mi cuerpo donde me sentía cómoda y lo disfruté mucho.
-¿Hubo alguna distancia en la cual te sintieras mejor o eso fue cambiando con el tiempo?
-Si nos referimos a la pista, me encantaba correr los 3000 metros llanos. Era una prueba que manejaba muy bien, no es larga ni corta. Y hablando de calle, los 10 kilómetros fueron lo ideal para mí.
-¿Tuviste algún momento en tu carrera en que te sintieras diez puntos?
-La verdad es que, mientras ganaba, no me daba cuenta de lo que hacía. Tal vez con el tiempo me di cuenta de la magnitud de lo que hice. En el momento, simplemente corría.
-¿Hubo alguna rival que marcarías como la más difícil?
-Eran muchas, cinco o seis que corríamos por debajo de 35. Tenía que ir a fondo para poder ganar.
-¿Lo lograbas con mucho entrenamiento?
-En realidad, nunca me preocupé demasiado por entrenar. Mi vida no pasó solamente por correr. Siempre trabajé, me dediqué a pleno a mi familia, y el atletismo fue un complemento. Eso sí, los fines de semana me desaparecía para ir a las carreras.
-¿Tus rivales se dedicaban mucho más?
-Todas las de punta entrenaban doble jornada, hacían gimnasio. Yo no. A mí no me interesaba vivir cansada, pensando en correr y nada más. Prefería disfrutar de mi casa, mi familia, mis cosas más allá del atletismo.
-¿Qué te dejaron los Juegos Olímpicos de Sydney?
-Fue un antes y un después en mi carrera deportiva. Después de eso, decidí no volver a correr con la camiseta argentina. Lo viví a full, estuve veintiún días con el resto del mundo.
-¿Cómo te sentiste a la hora de correr aquella vez?
-Yo sabía que estaba en el montón de adentro, nada más. Siempre fui realista y muy crítica de mí misma. Tenía una marca B, de las peores, pero a su vez me merecía estar. Fui a correr en la misma pista con el resto del mundo. Lo tomo como un premio deportivo. Ahora, veo que cada vez es más complicado llegar a la marca mínima y no veo que en el país puedan participar en 5000 metros.
-¿A qué se debió tu alejamiento posterior de las representaciones nacionales?
-No había respaldo dirigencial para los atletas de medio fondo y fondo. Preferí seguir corriendo en calle, compitiendo ahí que me encantaba y manejándome por mi cuenta.
-¿Ahora te ves totalmente fuera del deporte o te interesa incursionar desde otro lugar?
-La verdad que no me interesa nada. Tampoco sé si tendré ganas de ver cómo corre el resto. No me preocuparía no ver más carreras. Siento que ya hice todo lo que tenía que hacer.
