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COPA DAVIS

“Fue algo que no había pasado ni volverá a pasar”

Veinte años después, Mariano Zabaleta recuerda la barbarie de la serie ante Chile en Santiago. “Me afectó mucho emocionalmente, estuve muchos meses triste”, repasa hoy.

Zabaleta recordó el caos de 2000 en Santiago de Chile.

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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción

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La de 2000 era, a priori, una temporada que llenaba de ilusión a Mariano Zabaleta. En marzo de ese año, ostentó su mejor posición histórica en el ranking mundial ATP (21º), meses después de haber alcanzado la final del Masters Series (hoy Masters 1000) de Hamburgo, cayendo en una apretada definición ante el chileno Marcelo Ríos (6-2 en el quinto).

Semejante presente colocó al tandilense como una fija para la serie de Copa Davis en Santiago de Chile ante los trasandinos, en el marco de la Zona Americana.

Desde “el vamos”, el enfrentamiento vino mal barajado para el equipo nacional, que se quedó sin su capitán Franco Davín (excoach de Juan Martín Del Potro), quien no pudo viajar a Chile a raíz de la delicada situación de salud de su padre.

Alejandro Gattiker tomó entonces la conducción, colocándose al frente de una formación que, además de a Zabaleta, tuvo a Hernán Gumy y los doblistas Sebastián Prieto y Mariano Hood.

Los locales, en tanto, alistaron a Marcelo Ríos, octavo en el ranking tras haber sido número 1 un año y medio antes; Fernando González, Nicolás Massú y Adrián García, capitaneados por Patricio Cornejo.

En la serie disputada sobre superficie dura en el Parque O’Higgins, Chile tomó ventaja aquel 7 de abril con una lógica victoria de “Chino” Ríos sobre Gumy, resuelta en poco más de tres horas por 6-4, 6-3, 4-6 y 6-1.

La presión pasó entonces a manos de Zabaleta, el número 1 del equipo nacional, que arrancaba con cierto favoritismo su partido de segundo turno ante Massú.

El tandilense ratificó esa condición en el comienzo del match, adjudicándose el primer set por 7-5. Massú reaccionó para llevarse el segundo por 6-2, pero “Zabala” volvió a inclinar la balanza a su favor con un 7-6 que lo dejó a tiro del 1-1 en la serie.

Luego, el argentino tomó un break de ventaja en el siguiente parcial (3-1) y ya no habría más tenis.

El clima enrarecido del inicio del partido, con el umpire llamando la atención del público local en repetidas ocasiones, decantó en uno de los episodios más nefastos en la rica historia de la Ensaladera de Plata, certamen que en ese 2000 transitaba su centésimo año de existencia.

En su edición del sábado 8 de abril de 2000, El Eco de Tandil, que cubrió in situ dicho evento, publicó un relato pormenorizado de lo ocurrido en la capital chilena: “En medio de un clima de violencia que se incrementó con el paso de la jornada, el segundo punto del match entre Chile y Argentina se suspendió luego de que los espectadores locales agredieron al equipo argentino con sillas, botellas y monedas. El desenlace se produjo cuando Zabaleta se acercó a un alcanza pelotas para que le alcance al árbitro Tony Ramírez una moneda que había arrojado el público a la cancha”.

Tras el descuento de un punto a Massú, parte de la concurrencia (estimada en 15 mil personas) arrojó botellas, monedas y hasta sillas.

El equipo argentino, protegido por la policía chilena, se retiró rumbo a los vestuarios, siendo blanco de una lluvia de objetos contundentes. Uno de los mayores damnificados fue el padre de Mariano Zabaleta, Carlos, quien alcanzado por un proyectil debió recibir varios puntos de sutura en su cabeza.

En torno a lo deportivo -a esa altura, relegado a un segundo plano-, el presidente de la Comisión Copa Davis, el español Juan Margets, y el árbitro, el dominicano Toni Hernández, determinaron jugar en el mismo lugar sin público los cuatro partidos pendientes los dos días siguientes. El equipo argentino no se presentó a la reanudación declarando que las garantías de seguridad no estaban dadas y entregó una licencia médica psicológica, por lo que el juez dio como ganador a Chile 2-0 por ausencia el 8 de abril.

 

El recuerdo de Mariano

 

Indudablemente, aquel 7 de abril de 2000 es parte de una de las páginas más oscuras en la historia del tenis argentino, y en la carrera de Mariano Zabaleta en particular.

A dos décadas del desagradable episodio acaecido del otro lado de la Cordillera, el tandilense dialogó con El Eco de Tandil:

“Fue algo totalmente inusual, que nunca había pasado ni volverá a pasar en el tenis. No se había visto nunca una situación de ese tipo, ni la volveremos a ver, por las precauciones que se toman en la actualidad. Para mí, emocionalmente fue un escándalo, venía jugando muy bien y me afectó mucho”.

Sobre los incidentes, el tandilense recuerda que “le pegaron un sillazo a mi viejo y le abrieron la cabeza. Nos agarramos a piñas y, obviamente, cobramos más de lo que pegamos. La verdad es que fue un momento crítico que no le deseo a nadie. Me afectó un montón, estuve muchos meses triste, había mucha gente que decía que la culpa era mía por haber tenido un problema con un ball boy. La responsabilidad absoluta fue de la gente de Chile que había en el estadio, y de la federación de ese país, que debió estar atenta a que no suceda algo así”.

En cuanto a aquel momento de su carrera profesional, el exnúmero 21 del mundo contó que “tenía 22 años, en ese momento estás entrenado, habilitado  y capacitado para enfrentar mil situaciones, desde triunfos, derrotas, lesiones hasta que te pase algo con tu familia, pero para vivir eso que pasó nadie está preparado. Fue algo muy duro, con el tiempo lo fui superando hasta que nos calmamos y nos hemos amigado con jugadores y dirigentes. Como todo en la vida, pasó, y hay que saber perdonar”.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

1 comentario

  • Bien, se recuerda especialmente ese suceso, y la agresión al Negro (¿qué tenía que ver con el partido ?). No pasó algo extremo de milagro. Mariano Zabaleta no lo dice por diplomacia, pero todo tiene su origen en algo inmodificable: el odio que nos tienen nuestros “hermanos” sudamericanos a los argentinos, y el que diga que no es así, miente.Recuerdo que el Negro me comentó, en su Estudio, que individualmente son amables, pero en barra les sale el “argentino maricón” como lo menos agresivo. Incluídos los uruguayos, he escuchado sus radios muchas veces (recuerden que, años atrás, se sintonizaban casi todas), y pueden llegar a decir cualquier cosa (pero cualquier cosa en serio) de los argentinos. E igual los chilenos. Acomplejados, claro. Importan nuestros programas de TV, nuestras publicaciones, las noticias de nuestro deporte. Este caso fue una expresión de algo subyacente, y conste que el público del tenis, en un país de notables diferencias de clase, no es la barra del Colo Colo, precisamente. Son los finoli. Nuestro país no será gran cosa, en el concierto de naciones. Pero todos estos, créanme, son peores.

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