Muñeco bravo
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(Por Walter Vargas, de agencia Télam)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl cierre de la competencia oficial del año calendario, la reciente coronación de River en la Copa Argentina y el anuncio de Marcelo Gallardo en el sentido de que comenzará 2020 al frente del plantel suponen una abierta invitación a desandar las derivas del sapiente Muñeco.
Las derivas como capitán del barco, que es casi todo lo que consta en su foja de baqueano del pizarrón, desde el momento que dirigió a Nacional de Montevideo desde agosto de 2011 hasta un año después y el 30 de mayo de 2014 ya era el sucesor de Ramón Díaz.
Y como el Pelado de la Rioja, consta como primer dato, aprobó con notas altas el examen de ingreso en un rol y en un escenario en el que habían tropezado más de cuatro profesionales de prestigio.
Para salir rápido de la comparación, pero sin eludir un ingrediente indispensable, es de hacer notar que en líneas generales Gallardo careció de la materia prima en clave de Dream Team que sí había estructurado los mejores momentos de los ciclos de Díaz.
Que se entienda: la distinción y el hipotético escalafón guardan sentido pura y exclusivamente cuando se aplica la vara River versus River, toda vez que hace mucho, pero mucho, que en el fútbol argentino hay dos clubes de billetera reluciente, a veces tres, cuatro cuanto mucho, y los demás viven de las segundas y terceras marcas.
Ahora sí, Gallardo comparado con Gallardo, los cinco años de Gallardo al mando de un River que pugnaba por cerrar la herida de su paso por la B Nacional.
Como atributo relevante, primordial, o digno de subrayar un concepto, salta a la vista que estamos en presencia del director técnico que ha conseguido una continuidad virtuosa sin precedentes en la historia de River.
Nunca antes, ni el referido Díaz, ni tampoco Ángel Labruna pese a su fecunda cosecha, habían inspirado y consolidado semejante círculo virtuoso de recursos, mentalidad ganadora, coronaciones y refundaciones.
(Se dará por descontada la inédita racha victoriosa en los mano a mano de plata o nada con Boca).
Ya sabemos de sobra que Gallardo es un animal futbolero, tal como su ayudante Matías Biscay, y que en el entramado de esas afinidades palpitan la vocación por la búsqueda de la excelencia, el estudio sistemático de las virtudes propias y ajenas, la fragua del día a día, el ojo clínico y la toma de riesgos.
Y también sabemos, urge que sea repuesto como eventual antídoto de los delirios de sus biógrafos acríticos, que tampoco es el dueño de las mejores respuestas a las peores preguntas, que se equivoca como cualquier hijo de vecino y que en estos cinco años su River también ha sufrido derrotas difíciles de explicar y algunas de ellas de tinte desdoroso.
Pero en todo caso serán elementos que no atañen a la semblanza específica de quien sabe ver y apreciar, transmitir, inculcar, atravesar las experiencias y volver a empezar.
Ha oscilado el techo del River de Gallardo, de los River de Gallardo, pero lo que se ha mantenido vigoroso y luminoso es el piso, un piso alto, la quimera de todos.
¿Será que, como se descuenta, seguirá en River todo el 2020?
De sus palabras en la conferencia de prensa en la que ratificó su continuidad tal cosa no ha quedado clara: más bien habló de la pretemporada y del comienzo de la temporada misma.
Habra qué ver qué pensará y qué pasará una vez terminada la Superliga en curso, lo cual, sea como fuere la dirección que imaginemos, en nada mellará la profunda comunión entre el Muñeco Gallardo, River y el bronce.
