Rueda volvió con su sana costumbre: KO en el segundo
"La Cobrita" destruyó en cinco minutos al uruguayo Severo. Fue el regreso del tandilense tras más de un año y medio de inactividad. Muy buena concurrencia en el polideportivo de Unión y Progreso.
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Texto y fotos: Fernando Izquierdo
fernandoizquierdo@hotmail.com
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Matías Rueda parece haber detenido el paso del tiempo y lo demostró en la velada de Unión y Progreso, dejando atrás una inactividad de más de un año y medio con un tremendo nocaut sobre el uruguayo Martín Severo, quien no llegó a completar dos rounds sobre el entarimado de Quintana al 400.
Si bien lo efímero del combate condiciona un examen del todo minucioso sobre el estado de forma del púgil tandilense, la contundente definición es un deja vú del símbolo de su carrera, ésa signada por los KO prematuros.
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Fue promediando el segundo round pero bien pudo haber sido antes. Rueda salió paciente pero agresivo, medido pero decidido y, como a lo largo de toda su carrera, picante.
A Severo le quedó gigante la potencia de “La Cobrita”. Ya en el round inicial, el uruguayo puso “rodilla en tierra” ante el primer “picotazo” a la zona hepática. Y se aferró a la cuenta de protección para recuperar oxígeno y calmar el dolor, comenzando a sospechar que la hostilidad de la noche tandilense no tenía que ver sólo con el frío.
Desde su experiencia, Rueda lo buscó pero no se precipitó, a sabiendas de que ese tono de pelea desembocaría en lo que terminó ocurriendo.
Tras el primer campanazo de receso, hubo otra caída del púgil visitante, fruto de otra estocada de Rueda, de ésas difíciles de percibir pero absolutamente determinantes para el cauce del pleito.
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Severo volvió a recibir la cuenta y, nuevamente, recuperó la vertical, pero con la certeza de que su permanencia en el cuadrilátero culminaría más temprano que tarde.
Y el anunciado desenlace llegaría unos segundos más tarde. “La Cobrita” maniató a su adversario sobre su propio rincón, el púgil visitante logró zafarse, respondiendo con alguna infructuosa combinación y trasladándose hacia otro sector del ring para dejar de ser un blanco fácil para su rival.
Ávido de nocaut como nunca antes en la pelea, Rueda lo siguió y propinó un zurdazo a la zona baja que no solamente implicó el final de la historia, sino también la impactante imagen de Severo retorciéndose de dolor en el piso, -sin chance alguna de volver a pararse antes de que le cuenten hasta diez- y la del árbitro pidiendo una inmediata asistencia médica.
Antes de que se complete el conteo, la masiva concurrencia en Unión y Progreso percibió el desenlace y lo propio hizo Rueda, que apenas descerrajó ese furioso gancho gesticuló inequívocamente con un “ya está”.
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La categórica definición le trajo tranquilidad a un Rueda envuelto en cierta incertidumbre en relación a su performance tras un regreso de tan prolongada inactividad, además de renovar el idilio con un público que acompañó en gran número, deseoso de volver a presenciar una definición electrizante de su ídolo, al que no veía “in situ” desde octubre desde 2023.
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