Solimanto, testigo y protagonista del deporte tandilense
Un repaso por los casi 60 que lleva en actividad, siendo una parte importante de la historia local, como destacado futbolista y docente
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“Soy del 53 y creo que arranqué con el deporte a los 7 años”, dice José Solimanto. Si esos primeros revolcones y gambetas en el potrero cuentan para su carrera deportiva, entonces se puede decir que es protagonista y testigo privilegiado de los últimos 60 años del deporte tandilense. Fue un lateral técnico, completo, que mantuvo un alto nivel durante dos décadas e integró la gran mayoría de los equipos destacados de la ciudad, pero además desarrolló su otra gran pasión, la docencia, como profesor de educación física. Y hoy sigue firme en la Unicen, como pieza fundamental del crecimiento deportivo de la Universidad, desde que se sumó allá por 1977.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Empecé jugado al fútbol en el potrero, como todos los chicos de aquella época. Todo el día le dábamos a la pelota en el campito de Carriego y Avellaneda. En el barrio estaba el club Los Angeles, que jugaba en el fútbol libre, pero arranqué en la sexta de Santamarina, porque no había categorías infantiles”, destaca Solimanto, que tuvo un debut en Primera poco habitual: “Yo no había jugado en el torneo local, y me tocó debutar en el Regional, contra Ever Ready, en Dolores. Oscar Mendoza, que era el lateral titular había tenido un problema y me tocó jugar a mí. El técnico era Héctor Antonio, que después dirigió a Estudiantes de La Plata. Era un equipo con muy buenos jugadores, estaban Del Bueno, los hermanos Roberto y Enrique Lescano, “Paco” Sánchez, Mario Rodríguez, el “Mono” Allende. Era un torneo difícil. Creo que no pudimos pasar la primera ronda.
-¿Qué personas te marcaron en esos comienzos?
– Me marcó mucho en el fútbol y en la docencia Miguel Cuesta. Tengo un gran recuerdo y solo palabras de agradecimiento en esos primeros pasos en el deporte federado. Lo mismo que “Yiyo” Conte, otro gran formador y persona.
– ¿Siempre fuiste lateral?
– Empecé jugando en inferiores de lateral izquierdo. Disfrutaba de ese puesto porque era bueno marcando y cerraba muy bien. Se me dificultaba un poco para pasar al ataque por el perfil. Por la izquierda era más marcador, y cuando jugaba por la derecha me gustaba más porque pasaba al ataque. En Primera también jugué algunos partidos de marcador central y otros de volante por la derecha.
-¿Qué diferencias hay entre las divisiones inferiores de tus comienzos y las actuales?
– Cuando empecé eran igual de competitivas que ahora. Santamarina tenía muy buena inferiores, pero también los otros equipos, Ferro, Independiente, Gimnasia. Era muy linda la rivalidad porque cada club representaba a un barrio y de todos los equipos salieron buenos jugadores, algunos que llegaron a Primera y otros a un nivel superior. Las diferencias entre aquellos tiempos y la actualidad son grandes, en lo físico, la cantidad de equipos, el formatos de los torneos. Antes se entrenaba dos veces por semana y hoy hay clubes que entrenan tres y hasta cuatro veces. Pero lo que no cambió mucho es la aparición de buenos jugadores, eso es una constante porque se trabaja bien en inferiores en casi todos los clubes.
-¿Cómo viviste esa década del 70 en la que venían muchos jugadores reconocidos a Tandil?
– Había muchos jugadores destacados, y a mí me gustaba porque le daban jerarquía al torneo. Por lo que se veía y lo que hablábamos se pagaba bien. Les convenía venir a jugar acá. Había una diferencia marcada con los que éramos de Tandil, pero en mi caso me gustaba jugar, nunca pensé demasiado en la plata, y entonces no tenía problemas. En algunos torneos importantes, podía hacer un arreglo diferente, porque yo era de los que más jugaba entre los titulares. Después, cuando vino Arturo Petrillo, los jugadores de Tandil pudimos ganar un dinero un poco más importante. Me acuerdo que con una prima me pude comprar un Fiat 600. Pero no siempre era así, la diferencia la hacían los jugadores de afuera y era entendible.
-Más allá de tu identificación con Santamarina, pasaste por muchos equipos de Tandil.
– Jugué del 70 al 88 en Primera. Empecé y me retiré en Santamarina, pero reforcé a Racing de Gardey en el 83, a Independiente en 1985 y a Jorge Newbery en una Liguilla muy corta que hubo en el 86. En el 87 jugué para Grupo Universitario, que estuvo cerca de llegar al Nacional B. Y en el 82 jugué para Gimnasia con Daniel Romeo como DT, que después vino a Santamarina e hizo toda la campaña que terminó en el Nacional 85.
– ¿Cuál fue el secreto para mantenerte en el primer nivel tanto tiempo?
-En la década del 70 jugué mucho en la selección de Tandil y después, mientras estaba en la Colimba, un amistoso para Ferro contra el famoso River de Labruna, con J. J. López, Merlo, Alonso y Pinino Mas. Siempre digo que lo bueno que me pasó es tener continuidad a lo largo de casi 18 años de fútbol. Tanta competencia me dio experiencia y alcancé un nivel de fútbol importante. Y además tenía condiciones, era un jugador técnico, pero me las arreglaba para marcar, tenía facilidad para salir jugando y llegar al ataque. También creo que iba bien de arriba. Me tocó jugar con grandes cabeceadores, como el “Nato” Varales o el “Ropero” Díaz, y me fue bien. Era un buen tiempista, me gustaba jugar mucho al anticipo, para compensar un físico no tan grande. Y después me ayudaba mucho estar bien físicamente siempre, le di mucha importancia a eso.
– Por eso eras una fija en cada equipo que quería reforzarse para el Regional.
– Supongo que a los técnicos les gustaban mis características, por eso me pedían. Me acuerdo que una anécdota con Petrillo, que una vez me dijo que yo tenía que salir a repartir estampitas a la cancha, porque no le pegaba a nadie. A él le gustaban los equipos duros, los jugadores que por ahí repartían alguna patada de más. Y me acuerdo que le contesté que él era el técnico, que me había elegido, y que por algo me ponía en el equipo. Era un personaje del fútbol Arturo.
– ¿Cuáles fueron los delanteros más complicados para marcar?
– Fueron muchos en todos esos años, pero para mí, Raúl Sommi fue el mejor. Varales, por su juego aéreo, el “Loco” Lasaga, de Loma Negra. Y con Oscar Bordagaray era un duelo aparte.
-¿Tuviste alguna oportunidad de jugar en un equipo de Primera de AFA?
-Tuve algunas chances. Antonio me quiso llevar a probar a Estudiantes y Boca, que eran las puertas que me podía abrir en ese momento, pero decidí irme a estudiar educación física a Olavarría. Eso fue en el 71. Después, un poco antes de que se fueran Luis Petrucci y Héctor Arrieta, me hablaron para ir a Independiente con Pastoriza. Habíamos jugado un par de amistosos acá con ellos, y el “Conejo” Tarabini me dijo que el “Pato” estaba interesado en mí. Después compraron a un lateral y no se dio. Pero no era algo que a mí me volviera loco, porque yo estaba enfocado en ser profesor de educación física.
– Seguramente habrás tenido que elegir varias veces entre el fútbol y tu vida personal.
Claro. Me pasó con mi casamiento. El Regional del 77 empezó en febrero y nosotros pusimos fecha de casamiento para el 23 de abril. No tuvimos en cuenta que Santamarina iba a seguir avanzando, se fueron sumando las fechas y llegamos a ese fin de semana donde teníamos que jugar la primera final con Cipolletti en Río Negro. Si viajaba con la delegación directamente me divorciaba antes de casarme, y si hacíamos un casamiento normal, con invitados, fiesta y todo, no iba a poder jugar. Me gestionaron un vuelo chárter para el domingo a la mañana. Nos casamos, estuvimos en la fiesta hasta un rato después de medianoche, y en un momento determinado desaparecimos. A las 9 de la mañana estábamos en la Base Aérea y a las 11 llegamos Neuquén. Nos estaban esperando en el aeropuerto y nos llevaron a Cipolletti.
-¿Y el viaje de Bodas?
– La revancha era a los 15 días, así que nos pudimos ir a Bariloche una semana. Susana, mi mujer, me conocía. Sabía lo que pensaba, lo que yo quería, sobre todo porque ella también era deportista. Por eso me entendió perfectamente y hoy seguimos juntos, así que todo eso quedó en una linda anécdota. Fue un momento un poco angustiante porque yo quería jugar ese partido que era tan importante para nosotros, y por suerte lo pudimos resolver de una buena manera. Jugamos con Cipolletti allá, empatamos 0-0 y la revancha fue 1-1, y por el gol de visitante se clasificaron ellos para el Nacional. Esa hubiera sido una experiencia bárbara para mí, porque estaba en un gran momento tanto físico como futbolístico.
También tuve que elegir en el 81, cuando no pude jugar en el
equipo de Santamarina que armó Petrillo, con Landucci, Bucci, Lencina, Altamirano, Eresuma, entre otros, y que perdió la chance de ir al Nacional contra Loma Negra, acá. Yo tenía a mis hijos muy chiquitos y a mi esposa embarazada, así que no podía concentrar y preferí quedarme afuera.
-¿Cómo se fue gestando el equipo que llegó al Nacional?
-En el 83, Daniel Romeo agarró el equipo y no hicimos una buena campaña. Al año siguiente pudimos salir campeones, ya con la base del equipo que ganaría el Regional. En un principio se trajeron algunos jugadores de renombre, estuvo en los amistosos previos Rigante, también Britapaja, que tuvo un problema con Gauna y fue separado del plantel. Para el Regional se sumaron algunos jugadores como Barbero y Sommi, que nos dieron un salto de calidad, sobre todo en ataque. Había un trabajo previo de un año, en el que Daniel impuso lo que realmente quería y después se trajeron los refuerzos que se necesitaban. Teníamos muy buenos jugadores en todo el plantel, los que entraban y los que quedaban afuera respondían en el mismo nivel. Entrenábamos como profesionales, hacíamos todo lo que había que hacer. Y todos vivían en Tandil y entonces el trabajo de la semana rendía. Para mí, que trabajaba aparte, era un poco más desgastante, pero el premio de estar en ese equipo y en ese torneo valía el esfuerzo.
Se hizo un muy bien trabajo en lo físico, para poder jugar de igual a igual con todos. Nos tocó jugar con equipos consagrados y contra jugadores de primer nivel y nunca desentonamos en ese aspecto.
-¿Cómo viviste el proceso de la quiebra y la resurrección de Santanarina?
– Fue muy triste. Nosotros vivíamos adentro del club. Yo tuve colonia de vacaciones, escuela de natación, trabajábamos ahí, en la cancha, en la Quinta Belén, aparte de haber sido jugador y entrenador. Lo más triste es que nunca hubo responsables y muchos salieron favorecidos por la venta de los inmuebles. Hoy en día la Unicen ocupa un espacio en lo que era la sede, y me trae muchos recuerdos cada vez que entró. Por suerte hubo gente que le puso mucho esfuerzo para sacar a Santamarina adelante, que tuvo la visión de poder seguir. Hoy encontrás a un equipo de nuevo posicionado en la ciudad, que está en el Nacional B y que deberíamos apoyar un poco más. Espero que nos sigan dando satisfacciones a los que somos adictos al fútbol y sobre todo, a Santamarina.
– ¿Cuándo arrancaste como profesor de educación física?
– Me recibí en el 74, pero desde antes trabajaba en las colonias de vacaciones de Ferro, con el “Pato” Pisani, que era el que dirigía todo. En el 75 hice el servicio militar y ya trabajaba en clubes. Y en el 77 arranqué en la Universidad. También trabajé en el baby de Santamarina con Luis Quintela, en Ferro, con básquetbol y vóley, y en Los Cardos y Uncas, con hockey y rugby. Y en el 79 empecé como profesor en la Escuela 2 y después en San José, y a partir de ahí me dediqué más a la docencia.
– Viviste el gran crecimiento que tuvo el deporte en la Unicén en las últimas décadas.
– En la Uni teníamos actividades deportivas y recreativas, y en los primeros años había algunas competencias del Comité Técnico, como básquet, vóley y fútbol. Con el correr del tiempo se creció en cantidad de docentes y deportistas. Y ya en el 2000 tuvimos atletismo y básquet federado, además del fútbol.
Se mejoró en la parte de difusión e información, y en el 84 empezaron las Olimpiadas Interfacultades, que arrancaron siendo deportivas, pero se extendieron a áreas sociales y culturales. Las sedes fueron creciendo en cantidad de alumnos y hoy tenemos más de 4500 personas haciendo deportes y 3000 alumnos compitiendo. Tenemos torneos internos de fútbol sala y de 11 y estamos desarrollando el fútbol femenino, el handball y el voleibol, donde no hay tanto espacio de competencia en la ciudad, pero tratamos de generar espacios para eso. Y hay actividades que involucran a toda la comunidad, como el fútbol Senior desde el año 96, y actualmente tenemos tres categorías con más de 1000 jugadores.
-¿Y cómo ves el deporte de la ciudad en general?
Por un lado tenemos muchos deportistas destacados a nivel nacional e internacional. Ahí hay varias cuestiones, pero la clave es que siempre hubo muy buenos especialistas que han trabajado en las diferentes disciplinas y le han permitido a los jóvenes tener un desarrollo físico, técnico e intelectual. Les han dado posibilidad de competir en otro nivel. Y creo que vamos a seguir teniendo jugadores destacados en todas las disciplinas.
Pero por otro lado estamos adoleciendo de espacios para desarrollar actividades en una ciudad en la que tenemos 140.000 habitantes. Hay pocos gimnasios, las canchas están casi completas los fines de semana, porque no solamente tenemos que fijarnos en lo que es profesional, sino en lo que es amateur o recreativo.
Nos faltan espacios cerrados a nivel municipal, para darle posibilidad a los chicos que tal vez no puedan llegar a los clubes y se desarrollen en sus barrios. Becas para deportistas, que los apoyen económicamente para que puedan estar en las mejores competencias. También habría que tener una mejor pista de atletismo, mejor cuidada.
Lo que hay que ampliar es la base, que haya muchos chicos haciendo deporte y a partir de ahí van a aparecer los talentos como para llevarlos a otro nivel. Pero es cierto que con los problemas económicos que tenemos siempre cuesta un poco más.
– ¿La familia continuó tu legado de deportista?
Tengo cuatro hijos. María José y Gonzalo que son abogados, Julia que es psicóloga y Pedro que es ingeniero sonidista. Todos hicieron deporte en su momento, pero los varones fueron los que siguieron. Gonzalo jugaba al fútbol y después siguió con hockey en Independiente. Estuvo jugando en Italia y ahora juega en la primera de GEBA. Lo importante es que todos pasaron y disfrutaron su juventud y adolescencia compartiendo actividades deportivas, que es lo mejor que les puede pasar.
