Tandil plateada, de la mano de Zóccali
El tirador local fue subcampeón en Santa Fe. Junto a Último Bondi, repasó detalles de su carrera.
Como parte del seleccionado nacional de tiro deportivo, el tandilense Marcelo Zóccali se colgó la medalla de plata en los Juegos Odesur de Santa Fe. Escoltó, en la prueba de 50 metros con rifle de aire, a su Alexis Eberhardt en el 1-2 albiceleste.
A días de su logro, Zóccali compartió una extensa charla a bordo del Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM 104.1 y Eco TV).
Se refirió a su reciente desempeño, a sus comienzos en la disciplina, a su experiencia en la Copa del Mundo de Alemania y a sus expectativas de ser parte de los Juegos Olímpicos.
Sobre el certamen en Santa Fe, comenzó explicando que “fue una competencia bastante reñida, nada sencilla. Se impuso, más allá de lo individual, un objetivo colectivo. Y el equipo buscaba quedarse con las medallas de oro y de plata, en el orden de tiradores que sea. Cada país puede presentar dos tiradores por prueba, en nuestro caso fuimos con Alexis (Eberhardt), quien se quedó con la medalla dorada.
Es un resultado al que apuntamos mucho, tuvimos torneos en los que ganaba Alexis y yo quedaba cuarto o tercero. Hubo otro en el que él fue tercero y yo, segundo. Tuvimos muchas combinaciones pero nunca podíamos lograr el 1-2, era un resultado ansiado.
Más allá de que la medalla de oro tiene mucho más valor que la de plata, fue un logro que nos dejó satisfechos a los dos. Quedé conforme, no es que me reprocho no haber ganado”.
-¿Sos realmente el número 2 de Sudamérica o es un resultado aislado?
-Los Juegos Odesur son un torneo raro, no es tan lineal que sea el número 2 por haber sido subcampeón. Sabemos que en Sudamérica tenemos rivales complicados y, antes de la competencia, éramos conscientes de que no la íbamos a tener fácil.
Hubo un muy lindo marco de público, que nos dio un gran apoyo, parecía un partido de fútbol. Normalmente, en el tiro no se da ese tipo de contexto.
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Zóccali y Eberhardt, el 1-2 argentino en Santa Fe.
-¿Influye el respaldo del público?
-Normalmente, no. Pero hay veces en las que te lo hacen sentir. La idea es abstraerse de todo eso. Por momentos, estás concentrado, apuntando, buscando el momento adecuado para la mejor ejecución, y de golpe empiezan los gritos. Es algo que puede desconfigurarte el tiro.
-¿Era lógico lograr ese 1-2? ¿Argentina es potencia a nivel sudamericano?
-Eso es algo que depende de la especialidad. En rifle, sí. En la previa, no me gustar sentirme favorito, es cargarte una “mochila”. Pero cuando me preguntaron qué panorama veía para el torneo dije que ganaría mi compañero o yo. Fue un pantallazo que ofrecí a modo personal. Después, siempre está la posibilidad de que se meta algún competidor de otro país. De hecho, hace un tiempo fuimos a un Sudamericano en el que ganó un chico de Perú, y en éste fue cuarto.
No es sencillo determinar quién es el mejor. Depende de cómo te levantás el día de la competencia, cómo te sentís, de qué forma te adaptás al polígono. Otro potencial rival era un chico de Brasil que había quedado segundo en un Sudamericano anterior. Lo miramos como un competidor directo en la final.
-¿Bajo qué formato se compite en los Juegos Odesur?
-Depende de si la capacidad del polígono da para incluir a todos los competidores.
En algunos casos, la cantidad de tiradores supera los puestos de tiro, las denominadas líneas. Entonces, el día previo se hace una etapa eliminatoria. Los participantes se dividen en dos turnos, una mitad va al primero y la otra, al siguiente. Ahí, se hace un filtro, algunos quedan eliminados. Si el polígono tiene espacio para 30 tiradores y hay 40 inscriptos, en esa fase quedan 10 eliminados.
En los Juegos Odesur, al haber sólo dos representantes por país, no se completaron todas las líneas, así que no hubo etapa previa. Arrancamos por la calificación. En esa etapa, tenés para ejecutar veinte tiro de rodillas, veinte de tendido y veinte de pie.
Sobre esa sumatoria de sesenta tiros, los ocho mejores pasan a la etapa final, en la que todos arrancan de cero, no hay arrastre de puntaje.
-¿Cómo fue vivir en el complejo de este evento, junto a un sinfín de deportistas?
-Estar en la villa siempre es genial, es muy lindo cruzarte con gente de otros deportes. Estuve con un chico de Mar del Plata, que me habló de un tandilense al que yo conozco por la natación.
Después, no tuve margen para ir a ver otros deportes. De los 7 ú 8 días que estuve en la villa, me levanté tres o cuatro veces a las seis de la mañana. En los restantes, pude dormir un poco más, hasta las 8. Me iba al polígono y volvía a las 5 de la tarde.
En la villa, se vive el evento con mucha euforia.
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-¿Qué tipo de grupo humano formó la selección nacional de tiro?
-Bárbaro, y es algo muy importante, a pesar de que en nuestro caso se trata de un deporte individual. Estamos permanentemente en comunicación, charlando, respaldándonos. La verdad es que eso te marca una diferencia, aun tratándose de una disciplina individual.
Después, somos competitivos y competimos incluso entre nosotros. Pero, después, eso queda de lado. Nos manejamos como grupo, cuando nos va bien se disfruta entre todos y, ante los malos resultados, nos apoyamos.
-¿Qué tipo de influencia tiene un entrenador de seleccionado cuando ya sos un tirador formado a través de los años?
-Mucha. Él ve desde afuera cosas que yo no veo. Está al tanto de cuestiones como el clima, si estoy muy tenso, si estoy ubicado en mala posición. Todos esos detalles están al alcance de un entrenador y de pronto uno está enfocado en otras cosas.
También, más allá de los conceptos técnicos, tiene cierta influencia con cierto manejo de las situaciones, como en decirme que no me quede dando vueltas sobre algo que, en definitiva, es un detalle.
-¿Te vendría bien un respaldo de este tipo en el día a día de tu entrenamiento?
-Siempre viene bien. Después, cada uno tiene su método, todos tenemos una forma distinta de entrenamiento. Quienes somos parte del seleccionado damos a entender que somos los mejores de Argentina. Y no todos hacemos un mismo entrenamiento, tanto en la cantidad como en las formas.
-¿Cómo es tu entrenamiento?
-Trato de llevar una vida normal, tengo familia, trabajo, mascota, pasatiempos…entonces, dentro de mis posibilidades, intento dedicarle la mayor cantidad de horas posible.
En un momento, estuve casi “pasado de vueltas”, con horarios abstractos. Arrancaba a entrenar a las 7 de la tarde y terminaba como a las 3 ó 4 de la mañana. Me levantaba y retomaba el entrenamiento hasta el mediodía. Era la previa a un Panamericano, necesitaba determinado resultado con vistas a los Juegos Olímpicos. Son momentos en los que el único pensamiento que pasa por tu cabeza es el de mejorar para rendir.
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-¿Cuánto hay de talento natural y cuánto de entrenamiento para llegar a ser un buen tirador?
-Es una pregunta compleja. Normalmente, la obsesión le gana al talento. Hay que gente que ya tiene una afinidad con el arma o es descendiente de quienes han competido en el tiro deportivo.
Una vez, en una charla, nos dijeron que mucho tiene que ver con la genética. No sé si es tan así, no me animo a opinar sobre eso. De lo que sí estoy seguro es de que “obsesión mata talento”.
Un tirador que le dedica ocho horas a esto, con una buena preparación, con una persona adecuada detrás, con un equipamiento importante, tiene que alcanzar un nivel interesante.
-¿Cómo fueron tus comienzos?
-Arranqué desde chico, me gustaba disparar, me atraían las armas. Es algo que viene de familia. En el Tiro Federal, me incliné por la parte deportiva, me gustó, empecé a avanzar en el tema, fui aprendiendo, conociendo distintas personas, y entrando en la rama de las disciplinas olímpicas.
-Tuviste una experiencia en una Copa del Mundo, en Alemania.
-Sí, ese país es la cuna del tiro. De las cuatro Copas del Mundo que se realizan a lo largo del año, una se suele hacer allí.
Es en Múnich, allí se desarrolla una competencia “tope de gama”, con más nivel que los Juegos Olímpicos. Es más fácil ganar a nivel olímpico que en la Copa del Mundo de Múnich.
Estuvimos allí casi un mes, hicimos una preparación en un polígono más chico y, después, nos trasladamos a Múnich.
-¿Cómo te fue?
-Tuve un buen inicio, venía metido entre los ocho primeros tras los cuarenta tiros iniciales. Cuando pasé a la posición de pie, se me complicó, en los días previos sentía que algo no me funcionaba bien y no descubría qué era. No me animé a cambiar nada, seguí como venía. No tuve un mal resultado pero no logré mantenerme entre los ocho. Descendí hasta alrededor del puesto 45.
-Con tu nivel actual, participar en los Juegos Olímpicos emerge como una posibilidad concreta.
-Sí. No logré clasificarme para París porque fallé en el último tiro y quedé tercero. Me confié y tuve un momento de distracción en un Panamericano en Buenos Aires. Me relajé, vi que mi nombre estaba enmarcado en el símbolo de los Juegos Olímpicos, lo cual significaba que estaba consiguiendo la plaza, patiné y me pasaron por seis décimas. Resigné la posibilidad de ir a París y me quedé bastante caliente con eso.
-A pesar de que consideres que la Copa del Mundo de Múnich tiene más nivel, los Juegos Olímpicos son especiales.
-Seguro, es otra cosa. Solamente van los mejores, codearte con ellos es otra sensación. Lo digo sin menospreciar a nadie.
No tuve en Alemania las mismas sensaciones que tengo cuando voy a un Sudamericano.
-¿Cómo te iría en los Juegos Olímpicos?
-Las posibilidades de tener un buen rendimiento y meterse arriba, están. El tiro es un deporte en el que todo puede pasar, para bien o para mal. Es cierto que es una competencia de marcas, es raro que puedas lograr un puntaje que no hacés habitualmente en tu entrenamiento, pero todo puede suceder.
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