fbpx Tulio Crespi, líder mundial en fabricación – El Eco
¿Ya tenés una cuenta?
Inicia sesión
¿Aún no te registraste?
Registrate gratis
AUTOMOVILISMO

Tulio Crespi, líder mundial en fabricación

Es uno de los constructores más prolíficos de la historia. Nació en Capital y se instaló en Balcarce hace 35 años. A los 82 años, se mantiene en actividad. Un recorrido por las aristas más salientes en la trayectoria de este artesano del deporte motor.

Tulio Crespi repasó su historia junto a El Eco de Tandil.

Internet

Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción

[email protected]

 

 

 

Tulio Crespi es uno de los constructores que más unidades ha fabricado en la historia del automovilismo mundial.

Instado por Juan Manuel Fangio, a mediados de los ’80 instaló su fábrica en Balcarce, a la que hoy, con 82 años, continúa asistiendo a trabajar.

En los coches de fórmula ha sido una marca registrada, pero también dejó su sello en categorías top del país como el Turismo Carretera y el TC 2000.

Su notable periplo como constructor también incluye presencia en el Salón del Automóvil de París, visita de la cual se cumplirán 45 años durante este 2020, y en la que cosechó elogios por doquier al momento de exhibir la Tulia y la Tulieta.

El Eco de Tandil se adentró en la trayectoria de este ícono del automovilismo, con el que mantuvo un extenso diálogo.

-Se instala en Balcarce impulsado por Fangio. ¿Qué relación los unía?

-Nos conocimos en Buenos Aires. Un día apareció en Chacarita, donde yo tenía la fábrica. Me fue a visitar con un subsecretario. De ahí en adelante, empezó a ir con extranjeros, una vez también apareció con (Juan Manuel) Bordeu, después con Bordeu y Graciela Borges. Terminé haciendo el auto para Fórmula 1 (Argentina) de Bordeu, con quien corrimos juntos porque los dos teníamos la publicidad de Isaura. También me llevó a Juan “Manuelito” Fangio, a cada extranjero que venía a verlo el “Chueco” lo hacía pasar por la fábrica de Chacarita. Cuando se enteró de que yo me iba a París, decidió viajar él también.

-¿Cómo siguió todo?

-A mi vuelta de Europa, fui a las oficinas de Renault, en Cangallo. Le llevé la Tulieta al vicepresidente de la empresa, un italiano. La miró durante una media hora y me dijo “me piace, vamos a hacerla…”. A partir de eso, mantuve varias reuniones con la gente de Renault, que era Renault Francia no Renault Argentina, recién ahora me doy cuenta de la importancia de todo eso. Me encargaron fabricar sesenta autos para que la Tulieta reemplace al Renault 12 Alpine.

-¿Así se da su desembarco en Balcarce?

-Claro. Buscamos distintas opciones, en varios lados había degradación impositiva. Descartamos Salta y un día Fangio me sugirió que me instale en Balcarce. En esa época, la provincia de Buenos Aires no tenía degradación impositiva, yo conocía el lugar, Fangio me dijo que el Municipio de Balcarce me iba a ayudar, algo que nunca ocurrió, y terminé poniendo la fábrica.

-¿Cómo eran las visitas de Fangio?

-Él siempre le pedía a mi secretaria que no me molestara, se acercaba hacia donde yo estaba trabajando y hablábamos mientras yo seguía con lo mío. Se ponía a contar historias y les mostraba a los extranjeros que lo acompañaban las cosas que yo hacía. Nunca nos reunimos en una oficina, él quería seguir de cerca mi trabajo y mostrárselo a quienes lo acompañaban. Entablamos una amistad con él, cuando cumplió 80 años hicimos una comida grande en mi fábrica.

 

 

 

Fórmula Renault

 

-¿Cómo fue su ciclo en la Fórmula Renault?

-Cuando llegué, éramos más de veinte fabricantes, entre ellos Oreste Berta. La categoría era libre. Fui quedando, quedando y quedando, hasta que quedé solo porque me lo gané.

-¿Obtuvo resultados de inmediato?

-Berta me ganó un campeonato. Hasta que le sacamos el “perro” que tenía. Hacía tapas especiales en Tandil, con la empresa Tandilber. Cuando le sacamos eso, no me ganó nunca más. Calculá que quien corría con Berta terminó alquilándome el auto a mí. Hace unos años, Tandilber me vino a ofrecer elementos de fundición, y me contaron sobre las tapas especiales que hacían para Berta. Obviamente, yo lo tenía re contra sabido. No es algo que te cuento yo o inventó el periodismo, la descalificación figura en los libros del Automóvil Club Argentino. “Descalificado por utilizar tapas no originales de fábrica”.

-¿Cómo se dio su desvinculación de la categoría?

-Cuando llegaron los autos Tito, creyeron que iban a ganarme. Lo hicieron en las primeras carreras, pero con el tiempo se comprobó que estaban “perreados”. Con el tiempo decretaron que ésos eran los autos de la categoría y me dejaron afuera.

-En esa categoría pudo trabajar con pilotos luego consagrados.

-Claro, Guillermo Ortelli, Matías Rossi, “Gurí” Martínez, Walter Hernández…En ese momento, estaban “secos”, no tenían un mango. A Ortelli y al “Gurí” los hice debutar en Turismo Carretera, son pilotos por los que aposté cuando no eran conocidos. También trabajé con (Roberto) Mouras, él vio algunas mejoras en su auto cuando probó conmigo y después me venía a buscar, ahí estaba su grandeza. Como dijo el “Chueco” Fangio, “hay que tratar de ser el mejor pero sin creerse el mejor”.

-También en Turismo Carretera atendió el auto del tandilense Fabián Acuña.

-Sí, tengo un muy lindo recuerdo de él y de “Chispita” (Daniel Uranga, su acompañante), a quien yo le puse ese apodo, era un chiquito en ese momento, que nos daba una mano para alinear.

Fabián era un muy buen piloto, prolijo, consciente, muy tranquilo. Daba gusto trabajar con él.

En Buenos Aires, lo hice debutar a Ortelli, acompañándolo a Fabián en una carrera con invitados que terminaron ganando. El mismo día debutó el “Gurí” Martínez, en el auto del “Chueco” Romero. El lugar era para el “Toto” Etchegaray, pero sufrió un golpe en la cara con un crique y no pudo correr.

-También se asoció con Oscar Castellano para un equipo de TC 2000.

-Sí, cuando yo aún estaba en Chacarita, le vendía fierros a Castellano para su auto de Fórmula 2, él iba con su papá. Habíamos hecho una amistad, porque mi hermano estaba en una comisión de automovilismo, con los hermanos Suárez y demás. Cuando Castellano ya había dejado de correr y trabajar en motores, lo fuimos a ver para armar un Escort. Fui y le dije que tenía al mejor piloto de TC 2000. Le nombré a Ortelli y él no lo conocía.

-¿Y aceptó?

-Me dijo que si “Yoyo” Maldonado nos vendía los fierros, lo hacíamos. Fuimos a buscar cosas que él no usaba, tapas de cilindros, levas…Lo armamos y anduvimos bien de entrada. En Posadas, clasificamos quintos y en la carrera Ortelli venía quinto y lo toca Cingolani, si no podría haber terminado adelante. A la siguiente carrera, en Buenos Aires, hizo el “1” en la clasificación y al otro día se nos rompió la caja, usábamos la nacional.

-Y, luego, el cambio de rumbo.

-Claro, nos convoca Eliçabe, que era el dueño de Isaura, y formamos el equipo EG3, con Ortelli y el “Gurí” Martínez como pilotos. Todo muy bien armado, teníamos un presupuesto de 2 millones y 800 mil dólares.

-¿Y por qué no tuvo una continuidad?

-Y…el “Zorro” es “Zorro” (por Castellano). No me gustaron algunas cosas que hacía y decidí abrirme. Ganamos las dos últimas carreras y corté todo. Pusimos los autos cuarto y quinto en el campeonato, el año siguiente era para nosotros. Teníamos hasta un auto muletto, invertí todo lo que tenía.

 

La actualidad

 

-¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo? ¿La finalización de un auto, un triunfo, un reconocimiento…?

-Todo. En una nota que me hicieron, buscamos los motivos por los cuales hice lo que hice. Y descubrimos que todo lo que logré fue jugando. Que cuando hacía un auto, no me importaba venderlo, lo que me importaba era construir. Con las carreras, me pasó lo mismo, descubrimos que yo hacía autos para correr, no para ganar. Por eso, jamás “perreé” un auto. Todo para mí es un juego, y sigo en él. Me gusta lo que hago. Ahora estoy abocado a hacer autos para discapacitados. Hay gente que viene a la fábrica en silla de ruedas y se van en un auto, manejando por primera vez en su vida.

-¿Cómo está la fábrica hoy?

-Sigue siendo un espacio muy grande, que nunca se ha podido ocupar completamente. En su momento, se hizo para fabricar sesenta autos para Renault Argentina, no para hacer solamente autos de carrera.

-¿Por qué quedó trunco aquel proyecto?

-Nos derrumbó la llegada de Martínez de Hoz (N. de R.: fue ministro de Economía entre 1976 y 1981), con el estilo Macri de “lo de afuera es mejor que lo nuestro” y a la m…

-¿Mira automovilismo?

-Nada.

-¿Por qué?

-Son todos muy llorones. Ves un reportaje y es lamento puro.

-¿Desde cuándo no mira?

-Desde hace mucho. Creo que desde la época del auge de las categorías de fórmula. De todas maneras, el entusiasmo por mi trabajo no lo pierdo. Apoyo a la juventud, estoy más con ella que con los “personajes”.

-¿Cómo es un día de trabajo suyo?

-Trabajo de 8.30 a 16. Recorro la fábrica a diario, tengo un reloj que mide la distancia y camino entre 3 y 3,5 kilómetros por día.

 

 

Crespi, piloto

 

-¿Cómo fue el Tulio Crespi piloto?

-Debuté con un triunfo en la Fórmula Mini Junior (la Fórmula Renault de hoy), con motor trasero. Fue hace 57 años en el autódromo de Buenos Aires. También corrí en autos de turismo, anexo J, con un NSU, “La Galerita”. Una vez, probé un auto de fórmula traído desde Alemania y decidí hacerme un como ése. Me ayudaron unos compañeros de la escuela Otto Krause, de Buenos Aires, tardamos un año y medio, hasta que llega el debut con victoria. Derrotamos al equipo oficial alemán. Así fue que empecé a hacer autos.

-¿Corriendo paralelamente?

-Sí, corrí en la Fórmula 1 (Argentina) con un auto de Fórmula 2. Debuté como compañero de (Carlos) Reutemann en las paralelas de Rosario, lo que es hoy la autopista Rosario-Santa Fe. Después, corrimos varias carreras juntos, éramos los únicos que corríamos con Fiat y motor trasero.

-¿Qué vínculo mantuvo con Reutemann?

-En esa época éramos amigos, íbamos a todos lados juntos. Hoy, ya no nos vemos. La última vez fue cuando Luciano (Crespi, su hijo), que pinta cuadros, lo llamó para que vaya a una exposición porque había algunos cuadros sobre él. Reutemann fue con su familia y le compró uno, ahí nos vimos.

 

 

CRESPI EN PARÍS, 1975

“Estar en el Salón fue

como correr en Fórmula 1”

 

 

 

A fines de septiembre de 1975, Crespi atravesó uno de los momentos más reconfortantes de su carrera.

Llegó al pináculo de su prestigio al exponer, en la 62º edición del Salón del Automóvil de París, dos de sus ejemplares: la Tulia y la Tulieta.

A menos de dos meses de que se cumplan 45 años de esa aparición en tierra gala, su recuerdo se mantiene inalterable.

-¿Qué representó asistir al Salón de París?

-Lo más grosso. Sentí que mis autos estuvieron en la grilla de la Fórmula 1. Puse mis autos en el stand que le correspondía a Lotus, que no llegó a finalizar su trabajo. Estuve al lado de Tomaso y también estaba cerca de mi stand Colin Chapman. Después estaban Ferrari, Porsche…Era la exposición número 1 en el mundo. Ahí, todas las fábricas automotrices presentaban su futuro auto. Era la “crema” del mundo.

-Presentó dos autos que tuvieron una gran aceptación.

-El segundo o tercer día le dije a mi hermano: “Carguemos todo y vámonos, chau”. Me sentía realizado. Me encontré con muchos elogios, venía gente y me decía que mis autos eran los más bonitos del Salón. Se me acercaban los directivos de Ferrari…fue hermoso.

-¿Cómo se concretó ese viaje?

-Yo recibía siempre la invitación para ir al Salón. Cuando hice la primera Tulia, la presenté en la Exposición Ganadera, de la Sociedad Rural. Alquilé un pequeño stand, eran carísimos. A los dos o tres días, apareció el director de la Rural para ofrecerme, gratis, un espacio mucho más grande. De ahí en adelante, nunca más pagué. Y poníamos entre diez y quince autos. Evidentemente, a raíz de eso me hice conocer en el mundo y empecé a recibir la invitación del Salón de París, yo no había hecho publicidad.

-Un viaje que casi termina frustrado.

-Claro. Porque no había lugar. Pero después me llamaron diciéndome que Lotus no había terminado su trabajo, y me dieron su stand. Yo tenía un tapicero que trabajaba en la Fuerza Aérea, me hizo el contacto y nos consiguieron el Hércules para volar. Le pedí a “Cocho” López una Tulieta que le había hecho, y otro cliente me prestó la Tulia.

-¿Y allá?

-Llegamos al aeropuerto, bajamos los dos autos y nos fuimos manejándolos hasta la exposición, eran veinte kilómetros. La gente nos miraba como si fuéramos en dos platos voladores. Calculá que Renault, como novedad, presentaba un 4L con tracción en las cuatro ruedas.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

Deja un comentario