Celos y peleas entre perros: cómo identificar las señales de alerta
El adiestrador canino Franco Filipetti advirtió sobre la importancia de diferenciar ese comportamiento.
Los celos en los perros representan una problemática compleja que, lejos de ser una simple anécdota graciosa, puede derivar en situaciones de violencia física entre mascotas.
Durante su participación en Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, el adiestrador canino Franco Filipetti explicó que, “aunque durante años se debatió si los animales podían experimentar esta emoción, hoy existe consenso científico sobre su existencia”.
Los celos “son una respuesta evolutiva de carácter social que surge cuando un individuo observa una interacción afectiva entre un ser querido y un tercero, lo cual dispara conductas de hiperafecto o, en casos más graves, actitudes de amenaza”, describió el especialista.
Filipetti aclaró que es fundamental no confundir los celos con la territorialidad. Mientras que la segunda se vincula con la protección de un espacio físico u objetos, los celos son una emoción de índole social.
El adiestrador detalló que, evolutivamente, “el perro busca evitar que su referente humano establezca vínculos con otros individuos para asegurar su posición como aliado principal. Esta dinámica, si bien puede parecer inofensiva en un principio, suele escalar cuando el animal intenta desplazar al otro perro mediante empujones, gruñidos o una tensión física evidente que, de no ser gestionada a tiempo, termina en peleas que ponen en riesgo la integridad de los animales y de sus dueños”, explicó.
Un punto crítico que destacó el adiestrador es la tendencia de muchos propietarios a celebrar estas conductas en redes sociales. Según Filipetti, el desconocimiento lleva a interpretar como un juego lo que en realidad son señales de advertencia.
"Cuando los perros ya se pelean, ahí cambia la situación y ya no te hace gracia", advirtió. Muchas veces, los dueños no logran identificar la etapa previa, caracterizada por gruñidos suaves o una postura rígida, hasta que el conflicto estalla.
“Este fenómeno, conocido como detonación espontánea, ocurre cuando el perro, ante una caricia mínima hacia otro par, reacciona de manera violenta sin una provocación aparente en el momento inmediato”, describió.
La convivencia en el hogar es el escenario donde estos problemas adquieren mayor gravedad. “A diferencia de un encuentro casual en una plaza, donde el riesgo es acotado, vivir bajo el mismo techo con perros que presentan estas conductas requiere una intervención profesional”, indicó el adiestrador.
Filipetti señaló que los momentos de mayor tensión suelen producirse cuando los dueños regresan a casa tras varias horas de ausencia, ya que la efusividad del reencuentro potencia la competencia por la atención. “Es en esos instantes de alta carga emocional donde los perros más propensos a los celos pueden manifestar agresividad hacia sus compañeros de convivencia”, señaló.
Para abordar esta problemática, el adiestrador propone “distinguir claramente entre celos y competencia afectiva. La segunda es mucho más frecuente y menos peligrosa: ocurre cuando un perro simplemente busca ser el centro de atención y se interpone entre el dueño y el otro animal sin llegar a la amenaza”.
En estos casos, “la solución suele ser más sencilla y no requiere un tratamiento conductual profundo”, y agregó que la clave “radica en modificar la forma en que los humanos brindamos afecto, evitando los momentos de euforia desmedida que actúan como disparadores de la competencia entre las mascotas”.
El especialista enfatizó que el afecto no debe limitarse, pero sí dosificarse. "No hay un mismosómetro", bromeó, aclarando que el problema no es la cantidad de cariño, sino la calidad y la distribución del mismo a lo largo del día.
Al repartir las interacciones de manera individual y compartida, se reduce la ansiedad del animal por acaparar la atención en momentos específicos. “Esta estrategia permite que los perros se sientan seguros en su vínculo con el humano, disminuyendo la necesidad de competir o de atacar al otro para reafirmar su posición dentro del grupo familiar”, apuntó.
Sin embargo, cuando el cuadro evoluciona hacia celos reales, la situación cambia drásticamente. En estos casos, “el resentimiento entre los animales puede consolidarse, dificultando la convivencia a largo plazo”, resaltó.
Filipetti advirtió que intentar separar a dos perros en medio de una pelea es una de las causas más comunes de lesiones en los seres humanos. "Si ya ves esos grados de tensión, donde tocas a un perro y el otro, que está a cinco metros, viene a atacarlo, estamos hablando de celos y es algo más complejo que requiere ayuda profesional", sentenció el adiestrador.
Finalmente, el adiestrador recordó que la predisposición a los celos no es igual en todos los individuos, ya que influyen factores genéticos y experiencias previas.
Mientras que en entornos naturales los perros con conductas muy celosas suelen ser apartados por el grupo, en la convivencia doméstica esta selección natural no existe, lo que obliga a los dueños a ser más observadores.