El impacto del clima y el mercado en la producción de papa en Tandil
Juan Manuel Ferreiro y Pedro Felice analizaron el impacto del clima, los costos y los precios en el sector papero.
El sector papero atraviesa un escenario de incertidumbre marcado por las condiciones climáticas, que alteran los ciclos productivos y condicionan las decisiones de los productores. Juan Manuel Ferreiro y Pedro Felice, representantes del Centro de Productores de Papa, analizaron la situación en Tandil Despierta, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, y explicaron cómo el fenómeno de El Niño influye en la planificación de la siembra y en la evolución de los precios.
Los referentes advirtieron que la inestabilidad meteorológica no solo afecta el desarrollo de los cultivos, sino que también dificulta las tareas en el campo, especialmente en una actividad que requiere condiciones específicas de suelo para garantizar una implantación adecuada.
Las dificultades para la siembra
La producción exige una preparación minuciosa del terreno. Según explicaron los entrevistados, el cultivo necesita una cama de siembra con entre 40 y 60 centímetros de tierra suelta, por lo que el exceso de humedad dificulta el ingreso de maquinaria a los lotes.
"Es como salir a caminar dentro del barro", graficó Pedro Felice al describir las complicaciones que generan los suelos saturados por las lluvias. Frente a este panorama, los productores deben ajustar sus estrategias de trabajo en función de los pronósticos meteorológicos.
Durante la entrevista también aclararon cómo se obtiene la semilla utilizada en la producción comercial. A diferencia de una papa destinada al consumo, se trata de material obtenido mediante procesos de multiplicación bajo estrictos controles sanitarios, con el objetivo de prevenir virus y otras enfermedades.
Cada unidad se corta cuidadosamente para asegurar que los fragmentos tengan al menos un brote, conocido popularmente como "ojito", que permita el desarrollo de una nueva planta. Este procedimiento resulta fundamental para preservar la sanidad del cultivo y la calidad de la producción.
Una ventana de siembra condicionada por el clima
Tradicionalmente, la siembra se extendía desde fines de agosto hasta principios de diciembre. Sin embargo, la variabilidad climática obligó a flexibilizar los tiempos y adaptar las tareas a las condiciones de cada campaña.
De acuerdo con los productores, el período óptimo suele concentrarse entre el 10 y el 20 de octubre, aunque las fechas pueden variar según la región y las condiciones meteorológicas.
"El clima va cambiando un montón", señaló Juan Manuel Ferreiro, quien destacó la necesidad de adecuar las estrategias para reducir los riesgos asociados a las heladas tardías y las temperaturas elevadas, capaces de comprometer el rendimiento de los cultivos.
En este contexto, la tecnología de riego se convirtió en una herramienta clave para el desarrollo de la actividad. La posibilidad de administrar el agua de manera controlada permitió ampliar las alternativas de producción y trabajar en terrenos más altos, donde el drenaje favorece el escurrimiento durante los períodos de lluvias abundantes.
Además de garantizar el suministro hídrico, estos sistemas permiten regular el riego de acuerdo con las necesidades del cultivo y suspenderlo cuando se pronostican precipitaciones.
Las lluvias y las heladas presionan los precios
En materia de comercialización, el mercado registró una tendencia alcista durante los últimos 15 días, según señalaron Juan Manuel Ferreiro y Pedro Felice. Entre los factores que explican el incremento mencionaron las heladas ocurridas meses atrás en Córdoba y las dificultades productivas en Tucumán, donde las precipitaciones excesivas complican las tareas de cosecha.
Este escenario redujo la disponibilidad de mercadería en los principales centros de concentración y comercialización, entre ellos Buenos Aires, con consecuencias sobre los valores del producto.
"El precio del mercado lo regula el clima", afirmó Felice. En ese sentido, explicó que la falta de una estructura de almacenamiento de gran escala que permita regular la oferta hace que el sector sea especialmente vulnerable a los contratiempos que puedan surgir en las distintas regiones productoras.
La situación en el norte del país refleja las dificultades de la cadena de abastecimiento: las lluvias impiden actualmente levantar parte de la producción y trasladarla al mercado. Por eso, aunque los precios puedan resultar favorables, la imposibilidad de cosechar limita los beneficios para los productores.
Un cultivo de alto riesgo económico
La elevada inversión inicial y la incertidumbre sobre los resultados convierten a la producción de papa en una actividad de riesgo. A diferencia de otros cultivos extensivos, la rentabilidad depende de múltiples variables que pueden cambiar durante el ciclo productivo, desde las condiciones meteorológicas hasta la disponibilidad de mercadería y los precios de venta.
"La papa es un cultivo para pocos", coincidieron los referentes, al advertir que una campaña desfavorable puede ocasionar pérdidas significativas e incluso comprometer la totalidad de la inversión.
En este contexto, los productores tienen escaso margen para incidir sobre los valores del mercado y deben adaptarse a las variaciones de la oferta y la demanda, condicionadas en gran medida por factores climáticos que no pueden controlar.
También recordaron campañas anteriores en las que la sobreproducción provocó situaciones críticas, con lotes enteros que debieron descartarse por falta de compradores. Ese escenario contrasta con las dificultades actuales para abastecer el mercado y evidencia la volatilidad que caracteriza a la actividad.
Pese a los riesgos económicos y las dificultades climáticas, el sector continúa apostando a la innovación y al trabajo diario para sostener la producción y garantizar el abastecimiento de uno de los alimentos de mayor consumo en el país.