La profecía del criminal: un conmovedor testimonio sobre el Holocausto
El psiquiatra, psicoanalista y escritor tandilense, Daniel Israelit, presentará su libro, una biografía que narra la historia de supervivencia de un hombre que atravesó siete campos de concentración nazis y permaneció en silencio durante medio siglo.
Hay historias que permanecen guardadas durante décadas, no porque hayan perdido su fuerza, sino porque no siempre encuentran un espacio donde ser escuchadas.
La experiencia de un sobreviviente del Holocausto, que comenzó a contar su historia a los 70 años, es el punto de partida de un libro que une la memoria individual con la historia colectiva. Su autor, Daniel Israilit, médico psiquiatra y psicoanalista, reconstruyó ese recorrido a partir de tres años de encuentros y conversaciones.
Una historia de supervivencia y memoria
Daniel Israilit, nacido en la ciudad y radicado en Buenos Aires desde los 17 años, llegó a Tandil para la presentación de su libro “La profecía del criminal”. La actividad se realizará el domingo, 11 de octubre, a las 17.30, en la Biblioteca Rivadavia, con entrada libre y gratuita para toda la comunidad, evento que acompaña el Centro Israelita Tandil.
La obra se construye a partir de la historia de vida de un hombre que nació en Polonia y atravesó una de las experiencias más atroces del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, después de que las tropas alemanas invadieran el país, Moisés Borowicz debió iniciar un recorrido marcado por la persecución, el encierro y la supervivencia.
Según relató Israilit, el hombre y su familia llegaron a permanecer enterrados en un bosque durante un año. Luego atravesaron un gueto y, posteriormente, comenzó el recorrido por siete campos de concentración. Tenía apenas 12 años cuando ingresó y sobrevivió hasta los 18.
La historia también tiene una resonancia personal para Luis Gancz, presidente del Centro Israelita de Tandil, quien acompañó la entrevista y compartió el impacto que le provoca ese relato.
“Yo todo lo que él escribió en el libro lo tengo vivido con un hermano de mi papá”, contó, al recordar que su tío también estuvo en un campo de concentración y sobrevivió después de perder a su madre y a su hermana. “Entonces, todo lo que el libro cuenta, yo lo tengo vivido. Lo tengo vivido”, expresó.
El testimonio puso en evidencia que la memoria del Holocausto no es una cuestión distante ni exclusivamente histórica. También atraviesa las historias familiares, las generaciones posteriores y las experiencias que, durante mucho tiempo, quedaron fuera de las conversaciones cotidianas.
Medio siglo de silencio
Uno de los aspectos más conmovedores de esta historia es el tiempo que el sobreviviente permaneció sin hablar de lo que había vivido.
En el programa Plataforma Magazine, que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, Israilit explicó que el hombre tenía 70 años cuando comenzó a relatar sus experiencias. “Había llegado a la Argentina a los 20 años y, desde su salida de los campos de concentración, había transcurrido medio siglo sin que pudiera contar plenamente su historia”, contó el escritor.
“Estuvo callado desde que salió de los campos”, explicó el autor durante la entrevista. Al referirse a ese silencio, señaló que, en principio, había funcionado como una forma de protección. Sin embargo, también estuvo relacionado con la dificultad de encontrar una sociedad dispuesta a escuchar.
“En principio él tuvo un silencio protector porque como decía, nadie quería escuchar. Él intentó hablar y muchos sobrevivientes en el mundo expresaban el mismo tipo de dificultad. Intentaban hablar, pero el mundo no quería escuchar”, sostuvo.
La frase resume una dimensión fundamental de la posguerra: mientras los sobrevivientes intentaban reconstruir sus vidas, no siempre encontraban el espacio necesario para narrar lo sucedido.
“En la posguerra había un clima de euforia, terminó el horror y nadie quería hacerle lugar a testimonios desgarradores”, explicó Israilit. También mencionó que existían sentimientos de culpabilidad en algunos sectores de la sociedad que habían mirado hacia otro lado durante la guerra.
El silencio, entonces, no puede entenderse únicamente como una decisión individual. También debe situarse en un contexto en el que hablar podía resultar difícil y escuchar implicaba enfrentarse con una historia dolorosa.
Tres años de encuentros para reconstruir una vida
La escritura del libro demandó tres años de reuniones entre el autor y el sobreviviente. Durante ese tiempo, Israilit escuchó sus relatos, reconstruyó sus experiencias y buscó darles forma narrativa.
La tarea “no consistía solamente en recuperar los episodios traumáticos”, sostuvo. También, resaltó, “era necesario reconstruir la vida que había existido antes de la persecución: los vínculos familiares, las costumbres, los juegos y las tradiciones culturales y religiosas”.
El autor reconoció que el trabajo tuvo, además, una dimensión personal. Como hijo de inmigrantes, también buscaba comprender aspectos de sus propios orígenes.
“Yo creo que hubo dos etapas en todo caso, en lo que fui pensando y poniendo en este libro y en otro que vino después. En la primera yo tenía una gran curiosidad por saber sobre mis propios orígenes, porque a los hijos de los inmigrantes nos pasó que había un blanco enorme, un silencio enorme sobre la vida que habían tenido nuestros padres y nuestros abuelos”, reflexionó.
Al preguntarle al sobreviviente cómo era su vida cotidiana en Polonia antes de la guerra, el escritor comenzó a recuperar aspectos de una existencia que no podía quedar reducida a la experiencia de los campos de concentración.
“Y le he dado un lugar enorme a sus juegos, a las relaciones familiares, a las tradiciones culturales, religiosas, porque de ese modo yo también me estaba contactando con lo que no sabía”, relató.
Ese recorrido permitió comprender que, detrás de cada historia de persecución, también hay una vida previa, una identidad y un universo de afectos y costumbres que la violencia intentó destruir.
El testimonio como parte de la elaboración del trauma
Aunque su formación profesional atraviesa la mirada con la que se acerca a esta historia, Israilit aclaró que el libro no nació como una investigación sobre la condición psicológica del sobreviviente.
Su interés por las relaciones entre las experiencias traumáticas, la capacidad de resistencia y el valor del testimonio fue surgiendo a partir de su trabajo y de los encuentros con el protagonista.
“En realidad, en este libro no hay interrogantes acerca de la condición psicológica, sino eso fue surgiendo después cuando me empiezo a interesar profesionalmente en las relaciones entre experiencias traumáticas, capacidad de resistencia, y el aporte que puede hacer el acto de testimonio”, describió.
En ese sentido, explicó que contar lo vivido puede tener distintos alcances: desde una primera experiencia de expresión hasta la posibilidad de elaborar aspectos de una historia dolorosa y encontrar nuevos sentidos.
“Lo cual tiene ya una utilidad, una finalidad de otro orden, de orden cultural, político”, señaló, al referirse también al aporte del testimonio a la memoria colectiva.
La experiencia del sobreviviente permite observar que poner en palabras una vivencia no supone necesariamente cerrar una etapa. Por el contrario, puede abrir un proceso que continúa a lo largo del tiempo y en el que aparecen recuerdos, emociones y significados que antes permanecían inaccesibles.
La importancia de encontrar a alguien que escuche
Durante la entrevista surgió una pregunta central: ¿qué sucede cuando una persona que atravesó una experiencia traumática finalmente puede hablar de ella?
El autor respondió que el entorno y la calidad de la escucha son fundamentales. Para explicarlo, retomó una idea vinculada con el acompañamiento y la posibilidad de contar con alguien capaz de recibir el relato sin apurar los tiempos ni imponer respuestas.
“Nosotros tomamos la idea de un interlocutor lo suficientemente bueno como para que una víctima de un trauma atroz pueda empezar a hablar”.
A continuación, describió qué significa ese acompañamiento: “interlocutor es un auditorio que hace preguntas respetuosas, es un biógrafo que sabe respetar silencios, que sabe respetar tiempos, es una familia que acompaña sin agobiar”.
La reflexión amplía la mirada más allá de la relación entre el sobreviviente y quien escribe su historia. También incluye a las familias, los grupos sociales y los espacios culturales que pueden ofrecer condiciones para que una persona se anime a compartir lo vivido.
Escuchar, desde esta perspectiva, “no significa exigir detalles ni buscar una revelación inmediata. Implica respetar los silencios, reconocer los tiempos de cada persona y comprender que los procesos de elaboración no terminan con la primera conversación”, indicó.
Cuando los recuerdos vuelven décadas después
Israilit contó que, incluso muchos años después de haber comenzado a hablar, el sobreviviente continuaba recuperando recuerdos de su vida durante la guerra y después de ella.
En una ocasión, antes de brindar un testimonio en Tandil, lo llamó para contarle que acababa de recordar una experiencia que había permanecido fuera de su memoria consciente: “su trabajo como cocinero en un campo de refugiados en Italia”.
“El recuerdo no estaba relacionado únicamente con el sufrimiento. También recuperaba una escena cotidiana que le había producido alegría”, destacó el médico psiquiatra.
El escritor explicó que, con el paso del tiempo, el hombre fue recordando tanto episodios traumáticos como otros aspectos de su historia. Entre ellos, la muerte de un hermano por tifus, cuyo recuerdo había permanecido apartado durante años.
La experiencia muestra que “la memoria no siempre aparece de manera ordenada ni responde a los tiempos que los demás esperan. A veces, una conversación, una pregunta o una circunstancia pueden abrir la posibilidad de recuperar aspectos de una historia que permanecieron silenciados durante décadas”, subrayó.
Hablar para que la historia no se pierda
Un momento decisivo en la vida del sobreviviente llegó cuando brindó su testimonio ante las cámaras de la fundación impulsada por Steven Spielberg después del estreno de La lista de Schindler. El proyecto buscaba registrar las historias de quienes habían sobrevivido al Holocausto.
“Ese fue el momento en que el hombre comenzó a hablar públicamente de lo sucedido. Pero la experiencia tuvo un impacto adicional: su propia familia pudo conocer por primera vez esa parte de su vida”, contó.
Israilit recordó las palabras que el sobreviviente le compartió cuando se conocieron, algunos años después de aquella primera declaración: “cuando yo empecé a hablar ante las cámaras de la fundación, mi familia estaba en la cocina de mi casa, mis hijos y mis nietos, y se enteraban por primera vez de lo que había pasado”.
La escena pone de manifiesto una de las consecuencias más profundas del silencio: “una historia puede permanecer desconocida incluso para las personas más cercanas. Cuando finalmente encuentra un espacio para ser narrada, el testimonio no solo transforma la relación del sobreviviente con su pasado, sino también la memoria familiar”, manifestó el autor.
Una invitación abierta a toda la comunidad
La presentación del libro “La profecía del criminal” será una oportunidad para conocer de cerca el trabajo de Daniel Israilit y compartir una reflexión sobre la memoria, el trauma, la resiliencia y el valor de la palabra.
El encuentro se realizará el domingo, a las 17.30, en la Biblioteca Rivadavia, con entrada libre y gratuita y abierto a toda la comunidad, más allá de la pertenencia religiosa o de los vínculos con la colectividad judía.