Diego Bagú y los desafíos del regreso a la Luna: "Es un avance muy grande para pensar en el alunizaje"
El reconocido astrónomo y divulgador científico analizó el éxito de la última misión espacial, los riesgos físicos que enfrentan los tripulantes y el trasfondo geopolítico de una nueva carrera tecnológica que tiene a China como principal competidor de los Estados Unidos.
La exploración del cosmos volvió a capturar la atención del mundo entero tras el exitoso regreso de la cápsula Orion. Para analizar este hito tecnológico y científico, La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, dialogó con el astrónomo tandilense Diego Bagú. El exdirector del planetario de la ciudad de La Plata y actual docente compartió su entusiasmo por un evento que marca el inicio de una nueva era en la carrera espacial, cincuenta años después de las misiones Apolo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailBagú, quien no oculta su orgullo por sus raíces serranas, destacó la complejidad que implica enviar seres humanos a otro mundo y traerlos de regreso sanos y salvos. "Fue algo muy emocionante. Desde que tengo memoria, mis primeros recuerdos siempre fueron el espacio y el universo, siempre pensando en ese día en que viera a seres humanos viajando a la Luna", confesó el científico. Para el especialista, el éxito de la misión reside en la tranquilidad de probar que la nave funciona perfectamente en el espacio profundo, superando los ensayos previos realizados con robots y sensores.
El camino hacia el alunizaje y los récords batidos
La misión no solo fue un éxito técnico, sino que también estableció nuevas marcas históricas. Según explicó Bagú, la trayectoria obligó a la nave a alejarse a una distancia sin precedentes. "Superaron casi 7.000 kilómetros el récord que tenía la tripulación del Apolo 13. Alcanzaron los 407.000 kilómetros de distancia; fue la mayor distancia a la que una persona se encontró de la Tierra en toda la historia", detalló el astrónomo durante la entrevista.
A pesar de estos logros, el camino hacia el descenso real en la superficie lunar todavía enfrenta desafíos logísticos. Bagú señaló que, aunque la cápsula Orion ha demostrado su eficacia, Estados Unidos aún no cuenta con el módulo de alunizaje finalizado. "Ahí es donde está el cuello de botella. Todavía no tienen esa nave diseñada y fabricada. Si no es en 2028, será en 2029 cuando se realice el alunizaje propiamente dicho", advirtió, subrayando que la tercera etapa de la misión Artemis será crucial para probar el acoplamiento de naves en órbita terrestre.
Los riesgos del espacio: radiación y salud humana
Uno de los puntos más críticos analizados por el científico tandilense fue el impacto del ambiente espacial en la biología humana. El espacio es un entorno extremadamente hostil donde la falta de atmósfera y de campo magnético deja a los astronautas expuestos a la radiación solar directa. Durante los diez días de misión, se realizaron experimentos con células de la médula ósea para observar cómo esta radiación afecta al organismo a nivel celular.
El impacto diferencial en la mujer
Bagú hizo especial hincapié en la necesidad de estudiar cómo estas condiciones afectan específicamente a las mujeres. "La ingravidez hace que el cuerpo pierda mucha masa muscular, pero aparte se aceleran los procesos de osteoporosis. Los huesos se descalcifican mucho más rápido. Si a eso le sumamos que la mujer ya de por sí puede sufrir más esta condición, hay mucho para trabajar en ese sentido con las astronautas", explicó.
El "stop and go" hacia Marte
Para la comunidad científica, la Luna no es el destino final, sino un campo de entrenamiento. Bagú utilizó una analogía deportiva para explicar la relación entre nuestro satélite y el planeta rojo: "La Luna es una especie de stop and go, una parada previa para lo que va a ser Marte. No podemos pensar en Marte si previamente no nos entrenamos en la Luna. Es como querer correr una maratón de 42 kilómetros y todavía no haber entrenado para una de cinco". Cabe recordar que mientras el viaje a la Luna demanda tres días y medio, llegar a Marte requiere entre ocho y nueve meses de travesía.
El regreso: siete minutos de tensión absoluta
El momento más peligroso de la misión ocurrió el pasado viernes durante el reingreso a la atmósfera. La nave se convirtió en un bólido que ingresó a una velocidad de 40.000 kilómetros por hora, transformándose en las personas que más rápido han viajado en la historia. "La nave se convierte en un meteoro que no termina de incinerarse por completo porque va pegando contra un escudo protector", describió Bagú.
Durante este proceso, se produce un fenómeno físico que genera angustia en los centros de control: el bloqueo de las comunicaciones. "Durante siete minutos te quedas sin comunicación porque se genera una nube de plasma, un gas ionizado que no permite recibir ni enviar señales. Los nervios aumentan porque todo debe estar absolutamente cronometrado; un segundo de error y la misión puede tener problemas serios", relató el experto.
Geopolítica y el factor China
Al ser consultado sobre por qué la humanidad tardó cinco décadas en regresar a estos proyectos, Bagú fue tajante al señalar que la razón principal no es científica, sino política. La carrera espacial de los años 60 estuvo impulsada por la Guerra Fría y la necesidad de Estados Unidos de superar a la Unión Soviética. Una vez saldada esa contienda, el interés decayó debido a los altos costos.
Sin embargo, el escenario ha cambiado con la irrupción de una nueva potencia. "No es casualidad que ahora estén nuevamente en esta contienda, porque está China. China en 2030 va a ir a la Luna. Es el contexto geopolítico lo que provoca este viaje; la ciencia siempre va en un segundo plano", analizó. Finalmente, celebró que estos hitos despierten vocaciones en los más jóvenes y mencionó la posibilidad de que una médica salteña se convierta en la primera astronauta argentina en los próximos años, tras el legado de Fernando Caldeiro.