La virgen de la tosquera: horror, adolescencia y crisis en la nueva película de Laura Casabé
Basada en cuentos de Mariana Enríquez, la película fue presentada en la competencia internacional de Sundance y combina drama social, coming-of-age y terror gótico en la Argentina de 2001.
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La virgen de la tosquera (2025), dirigida por la argentina Laura Casabé y basada en dos relatos de Mariana Enríquez, se inscribe en la intersección entre el horror gótico, el drama social y el cine de iniciación. La película, presentada en la competencia internacional del Festival de Sundance, propone una mirada inquietante sobre la adolescencia en medio del colapso económico y social que atravesó la Argentina en 2001.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa historia se sitúa en un suburbio de Buenos Aires durante un verano sofocante, atravesado por la violencia callejera, los cortes de luz y la sensación de desesperanza colectiva. En ese contexto se mueven Natalia, Mariela y Josefina, tres amigas recién egresadas del secundario que comparten una obsesión: Diego, un amigo de la infancia convertido en objeto de deseo adolescente.
El equilibrio del grupo se quiebra cuando Diego conoce a Silvia, una mujer de unos treinta años, atractiva y con un pasado de viajes por Latinoamérica, a través de un chat de internet. Silvia, que vive en la Capital, encarna un universo de experiencias y libertad que resulta inaccesible para las jóvenes, y su irrupción impacta especialmente en Natalia, quien ve derrumbarse sus expectativas con Diego.
Desesperada por recuperar el control de la situación, Natalia acude a su abuela Rita y realiza un conjuro inspirado en prácticas de macumba vernácula. Pero el hechizo no tiene el efecto esperado: en lugar de alterar el vínculo entre Diego y Silvia, despierta en la protagonista una fuerza interior desconocida y perturbadora.
Uno de los principales logros del film es la intensidad emocional con la que retrata la adolescencia, la rivalidad femenina y la búsqueda de identidad en un entorno hostil. Natalia, interpretada por Dolores Oliverio en su debut actoral, se presenta como un personaje complejo que oscila entre la vulnerabilidad y la ira, entre el rol de heroína y el de antiheroína. Su recorrido está marcado por el desamor, el abandono parental y la presión social.
El trasfondo de la crisis de 2001 no funciona como simple decorado. La violencia, la escasez de recursos y la tensión social atraviesan cada escena y se condensan en símbolos como un carrito de supermercado abandonado, que parece estar maldito y resume la decadencia y el miedo que rodean a los personajes. El guion de Benjamín Naishtat deja entrever paralelismos entre aquella etapa histórica y la Argentina actual.
En lo formal, Casabé se mueve entre el horror psicológico y el drama coming-of-age, construyendo una atmósfera inquietante a través de encuadres claustrofóbicos y una paleta de colores que refuerza la sensación de opresión. Motivos recurrentes como la sangre y el agua suman capas simbólicas al relato. Si bien los elementos sobrenaturales resultan sugestivos, hacia el final la película opta por una explicitud que modifica la ambigüedad inicial.
Ambiciosa y con algunos desniveles, La virgen de la tosquera propone una mirada singular sobre el horror femenino y la adolescencia, con una protagonista alejada de los estereotipos y un contexto social que potencia su relato. Laura Casabé reafirma así su capacidad para entrelazar lo macabro con lo social y se consolida como una voz relevante del cine de género latinoamericano.