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Científicos de la Unicen desarrollaron ladrillos a partir de desechos plásticos y telgopor

Los doctores en Física, Marcelo Stipcich y Diego Velázquez, desarrollaron dos tipos de bloques a base de plástico triturado y de telgopor. El agregado de estos elementos permite reducir el uso de recursos no renovables y reutilizar materiales que de otra manera irían a parar al relleno sanitario. En articulación con la Fundación Pachacamac y el Municipio, el proyecto fue reconocido internacionalmente y recibirá financiamiento para que se aplique en el programa de mejoramiento de viviendas.

Diego Velázquez y Marcelo Stipcich, doctores en Física y docentes de la Unicen.

El Eco

Diego Velázquez y Marcelo Stipcich son doctores en Física por la Unicen y se desempeñan en el Ifimat (Instituto de Física de los Materiales de Tandil). Desde ese lugar se involucraron en el desarrollo de pastas cementicias para elaborar ladrillos con componentes distintos a los habituales, un proyecto que tiene derivaciones muy positivas en la ciudad. En el mismo laboratorio donde realizan las pruebas y ensayos, recibieron a El Eco de Tandil para contar los detalles de su trabajo y su impacto en la sociedad.

El origen 

A partir de un trabajo realizado para el proyecto Rehto (Reutilización de Hardware Tecnológicamente Obsoleto), que funciona en la Facultad de Ciencias Exactas en colaboración con el Municipio, surgió el problema de qué hacer con la parte plástica de los desechos electrónicos (carcasas de monitores, CPU, celulares,) que no se pueden reciclar en Tandil, y empezaron a estudiar la incorporación de ese plástico triturado en pastas cementicias.

“Nuestra tradición de trabajo está  en la caracterización de las propiedades mecánicas y térmicas de materiales. En los Puntos  Limpios funciona un centro de pretratamiento de aparatos eléctricos y electrónicos que vienen creciendo exponencialmente en los últimos años. Se hace una separación desechos peligrosos, de residuos con valor  de mercado y hay una fracción, que es la que ocupa la mayor cantidad de volumen -el plástico-, que no hay forma de reutilizarla”, explicó Diego.

A raíz de esto, comenzaron a pensar en el desarrollo de un material que incorpore el plástico para producir un hormigón liviano, reemplazando parte del agregado grueso (piedra) con el agregado plástico. Así fue como se contactaron con la Fundación Pachacamac, que posee una bloquera en articulación con la comuna, y con ellos efectuaron los primeros prototipos de hormigón y plástico.

De este modo pudieron establecer que la pasta obtenida tiene buenas propiedades mecánicas, similar al hormigón original, pero con una densidad más baja que lo hace más liviano y fácilmente manipulable. A partir de los buenos resultados obtenidos en el laboratorio, surgió la posibilidad de  construir el Punto Limpio 4 ubicado en Villa Aguirre con esos bloques, lo que permitió realizar un ensayo a gran escala.

Bloques de telgopor 

Por otra parte, Felipe Verellén se acercó al Municipio interesado por el tema y contó que en algún momento él había mezclado telgopor con el ladrillo que fabricaba en su empresa familiar y trató de caracterizarlo, pero no había obtenido un resultado satisfactorio.

“A partir de ahí empezamos a trabajar con la misma composición y después adecuándola lo suficientemente  bien como para que las características sean parecidas a los ladrillos comerciales. Las propiedades mecánicas son similares y las térmicas son mejores”, retomaron. Del mismo que hicieron con el plástico, los profesionales llevaron adelante  diversos estudios para establecer las propiedades del telgopor y sus posibilidades como material de construcción. Por ejemplo, la investigación arrojó que la tensión a la rotura depende de que sean todos iguales y eso implica respetar ciertos parámetros. Si las “pelotitas” de telgopor no se trituran de modo uniforme, las propiedades cambiarán ostensiblemente.

Además, descubrieron las propiedades térmicas del material, que al ser poroso conduce en menor proporción el calor. “El material se convierte en más aislante, si hace calor afuera este no llega al interior y, si hace mucho frío, no se traslada. Esto se traduce directamente en el gasto energético que debe hacerse para calefaccionar o refrigerar una vivienda”, explicó Diego, debido a que sólo se conduce el 20 por ciento del calor que transmite un muro común.

Economía circular 

El mayor logro del emprendimiento es la ventaja intrínseca de aportar a una economía circular. En ese sentido, Velázquez definió que los desechos de una industria, en vez de ser tratados como residuos se convierten en una materia prima, y sirven como un insumo para generar un nuevo material. A partir de esto, esos elementos no van  disposición final –el relleno sanitario- sino que se vuelven a usar.

Y ese uso reduce la utilización de recursos no renovables, por ejemplo, la piedra que se extrae de las canteras, porque reemplaza su composición en el bloque.

Con esta iniciativa, además, esperan generar puestos de trabajo y capacitación para gente que se dedica al rubro pero no trabaja con agregados plásticos. “El rol de la universidad es estar cerca de los problemas de los ciudadanos. Hay hormigones alivianados de muchos tipos y es una nueva industria que generaría trabajo. Se incorporó gente al grupo de trabajo  partir de acuerdos con el Estado local”, reseñó Marcelo.

Factibilidad de mercado 

También están trabajando en el desarrollo de un convenio con el Municipio para generar prototipos de espaldares que se colocan a cielo abierto, que les daría la posibilidad de hacer ensayos con materiales de telgopor para que sean aplicados a la construcción. De este modo, se orientan a poder colocar este ladrillo en el mercado y que sea accesible para cualquier ciudadano.

“Hay un nudo a desentramar porque se permite la construcción con  materiales convencionales, cuando estén las certificaciones necesarias habría que legislar para habilitar que se construya con este tipo de bloques”, apuntó. “Hay que tener un control estricto, pequeñas variaciones llevan a resultados diferentes”, aclaró.

“Hay bibliografía de hormigón con agregados, pero nosotros usamos los materiales tal como los recibimos de los Puntos Limpios. Se está trabajando en el país con proyectos similares con diferentes agregados, pero hay que interpretar los resultados de forma conveniente. Nuestro equipos nos permiten tener la confianza de que los resultados son confiables”, determinaron.

Asimismo, el proyecto de los plásticos tiene una cierta traba en la ciudad porque no hay una trituradora de plástico, que permita procesar el material y reusarlo en el armado de los ladrillos. “Entendemos que están considerando la compra, que sería el primer paso. Como grupo trabajamos con una empresa privada que estaría dispuesta a adquirirla también”, detalló Stipcich.

De la Universidad al pueblo

Los especialistas, que trabajan también para el Conicet, se mostraron conformes con el desarrollo del material, no sólo por las características físicas y térmicas evaluadas, sino porque lograron que las piezas tengan un acabado superficial que no guarda diferencia con las piezas que no posee plástico en su composición. A esto se suma que la transferencia del conocimiento se da de forma directa, generando un impacto puntual en la sociedad, que destierra la imagen del científico encerrado en su laboratorio sin enterarse de lo que pasa alrededor.

“Estamos entusiasmados, a veces es difícil trabajar en un tema que tenga un impacto tangible. Acá hay una transferencia concreta y la posibilidad real de generar trabajo, de mejorar viviendas. Eso sumado al cuidado del medioambiente, es un combo alentador”, consideró Diego.

El reconocimiento de la Red de Mercociudades

La Secretaria de Desarrollo Humano y Hábitat del Municipio, Alejandra Marcieri, contó que desde el área se vincularon con el proyecto de la Unicen en base a la articulación del Municipio con la ONG Pachacamac para la producción de bloques, cuando empezaron a probar la pasta cementicia en la fabricación de los ladrillos que se ponen a disposición de los vecinos para el plan de mejoramiento de viviendas.

En este marco, aunaron esfuerzos para desarrollar el “Programa de mejoramiento de viviendas: una experiencia de economía circular”, seleccionado en la Cumbre de la Red de Mercociudades para recibir financiamiento.

“Cuando uno piensa en desarrollo social se piensa sólo en lo asistencial, pero estas iniciativas vinculadas al desarrollo humano y el hábitat tiene que ver aportar a estas cuestiones que la economía circular se propone, darle una real utilización con un beneficio para la población”, subrayó Marcieri.

El proyecto recibirá financiamiento del Programa de Cooperación Sur Sur, luego de que se lo seleccionara en la última cumbre de Mercociudades junto a otras iniciativas de coordinadas por las ciudades de São Leopoldo, Buenos Aires y General Alvear. El proyecto con la ciudad de Montevideo, recibirá un aporte de 10.000 dólares que apunta a mejorar la calidad de vida de las familias en Tandil.

Integración y desarrollo sostenible 

Esta oportunidad surgió cuando presentaron la iniciativa como una buena práctica de articulación estratégica entre distintos sectores. La propuesta local fue seleccionado por su contribución al eje temático principal de la convocatoria “Cultura como cuarto pilar de la integración y el desarrollo sostenible”, así como a los objetivos de Desarrollo Sostenible y la Nueva Agenda Urbana, con especial énfasis en el “derecho a la ciudad”.

Tiene, además, dos aspectos relevantes que responden a la inclusión socio-educativa y laboral de mujeres víctimas de violencia y de integrantes del colectivo Trans/LGTBIQ y el compromiso con el medio ambiente a través del reciclado proveniente de los materiales utilizados para confeccionar los bloques.

Marcieri se mostró entusiasmada por poder intercambiar experiencias en el programa de cooperación, que permitirá cruzar saberes y experiencias ambos lados del charco, con la expectativa de que se replique el modelo en el país vecino. “Vamos a ir a Montevideo, a estudiar y asesorar cómo llevar adelante el programa, y ellos vendrán para acá también”, resumió.

Asimismo, el financiamiento servirá para ayudar en la compra de la trituradora de plástico que se precisa para moler la novedosa materia prima. “Estamos tramitando  el número de cuenta para que depositen los diez mil dólares, la mitad para cada ciudad”, especificó la funcionaria.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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