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El crimen de los custodios: a dos décadas de uno de los atracos más brutales de Tandil

Hace 20 años la ciudad se veía sorprendida por la furia de un grupo comando que atacó un camión de caudales y asesinó sin piedad a los dos custodios en medio de una lluvia de balas indescifrable. La historia de una investigación compleja que demandó años. La valentía estoica de los testigos presenciales. La actualidad de los integrantes de la peligrosa banda condenada.

El Eco

Por estos días, más precisamente un 25 de julio de dos décadas pasadas, la ciudad se conmovía por un suceso delictivo sin precedentes. Una banda de peligrosos delincuentes, en su mayoría exportados, cometería el feroz y letal atraco que la historia criminal serrana recuerda como uno de los más tremendos.

En pleno mediodía, cinco sujetos con armas de grueso calibre acribillaban a dos custodios de la empresa de caudales Juncadella, en un cajero de la estación de servicio Don Rodolfo, de Perón y Monseñor de Andrea, delante de una veintena de vecinos que a la postre serían los testigos presenciales –y fundamentales para la posterior pesquisa- de una balacera descomunal que terminó con la vida de José Luis Mastronardi y Héctor Montenegro, cuyo deceso dejó a dos familias destruidas y una comunidad atónita frente a semejante suceso delictivo.

“Todo se desarrolló extremadamente rápido –uno de los testigos calculó no más de veinte segundos-,  y no hubo ninguna voz de aviso previo tendiente a lograr, solo por intimidación, que los custodios se quedasen quietos, sino que, por el contrario, la primer acción fue disparar sobre ellos.  Esto lleva a pensar, ineludiblemente, que su suerte estaba decidida de antemano y que, desde un comienzo, no se plantearon más opciones que la muerte de Montenegro y Mastronardi como forma de neutralizarlos y encontrar facilitada así el modo para la sustracción del dinero, máxime cuando las víctimas se encontraban armadas. Refuerza esta idea que las características del lugar hacían sumamente dificultoso, sino imposible, mantener anuladas a las víctimas en el momento de abandonar el lugar, lo que podía constituir un riesgo potencialmente cierto en la huida” (…).

La reflexión responde a un extracto de la sentencia del Tribunal Oral Criminal 1 de la ciudad, con la firma del ya retirado juez José Luis Piñeiro, en coincidencia con sus pares Guillermo Arecha y Pablo Galli –recientemente jubilado-.

En efecto, a mediados de agosto de 2002, a dos años del cruento doble crimen, la Justicia cerraría el capítulo de una investigación extremadamente compleja, a sabiendas que se había logrado aunar el cúmulo de elementos probatorios para con quienes resultaban los integrantes de la peligrosa banda; aunque por esos días sólo se podía juzgar la responsabilidad penal de tres de los sospechosos: Mauricio Martín  Binasco, Jorge Miguel Balsas y Jorge Agustín Fente.

Un dato singular de la historia judicial penal que surcó el caso. Fue el único debate que se recuerde en la conformación del tribunal local que no hubo unanimidad a la hora de emitir sentencia de parte de los jueces. Piñeiro y Arecha votaron en coincidencia, mientras que Galli no coincidió para con el rol que se le endilgó a Binasco. Para este último magistrado, reinó el imperio de la duda razonable a la hora de acreditarle su autoría material, pero prevaleció el voto de la mayoría.

Los otros juicios

En tanto otro de los acusados,  Luciano “tuerto” Dabos Laffite, sería capturado tiempo más tarde, también luego juzgado en Azul, no sin antes profugarse cuando le habían dado salidas transitorias.

Catorce años demandaría dar con el paradero del único tandilense de la gavilla, Ricardo Javier Polich, quien efectivamente fue juzgado también en Azul hace un par de años, de lo cual este Diario se encargó de informar oportunamente.

El doble crimen

Los jueces oportunamente dictaron una sentencia condenatoria para los sindicados. Según rezó aquel fallo, no menos de cinco personas decidieron sustraer el dinero que llevaran los transportistas de caudales de la empresa Juncadella S.A. con destino al recambio de los cajeros automáticos del Banco de la Provincia de Buenos Aires, quienes comenzaron a planificar la operación ejerciendo tareas de vigilancia durante varios días sobre el cajero ubicado en la estación de servicio Repsol-YPF, denominada “don Rodolfo”, esquina de las avenidas Perón y Monseñor de Andrea, con el fin de determinar el horario en que se efectuaba la operación y la modalidad en que se llevaba a cabo la misma.

En conocimiento de estos datos y de común acuerdo entre todos ellos para la ejecución del plan, el 25 de julio de 2000, poco antes de las 13, al menos cuatro de estas personas (Dabos Laffite, Fente y Balsas) se instalaron dentro del salón de comidas rápidas del establecimiento confundiéndose con el resto de la clientela, a los que, poco después, se agregó una cuarta (Binasco) trayendo la noticia de la inmediata llegada del camión blindado.

Momentos más tarde, a las 13.15, se hicieron presente dos empleados del Banco,  para realizar las tareas previas de balance y apertura del tesoro del cajero, para hacerlo detrás de ellos los empleados de Juncadella, el vigilador Héctor Montenegro y el transportador José Luis Mastronardi.

Mientras el primero de ellos se quedó, previo haber realizado observaciones en las inmediaciones, en la parte exterior del local, Mastronardi, llevando las sacas que contenían los dispensadores a ser colocados en el cajero, ingresó al “fast-food” y se colocó próximo al bancario a la espera que éste terminara su tarea.

En este estado de cosas, y en base al plan previamente concebido, todos los intervinientes –más un quinto que se agregó en esos momentos (Polich)- comenzaron a ejecutar en un mismo tiempo la parte del plan que tenían asignada, entre las que se contaba la eliminación de los empleados de Juncadella para que de tal modo se les facilitara la sustracción.

Así mientras uno de ellos, que había salido por la puerta que daba a Monseñor de Andrea, aplicó un golpe en la cabeza con un arma a Montenegro sobre el que, inmediatamente, se efectuaron varios disparos que lo inmovilizaron, otro realizaba lo propio sobre Mastronardi con lo que lograron reducirlo, a la par que dos más de ellos que lo habían cercado, se apoderaron ilegítimamente de las sacas conteniendo los cajones dispensadores con el dinero en su interior.

Sin solución de continuidad todos ellos se dirigieron hacia un automóvil Fiat Uno estacionado a cuatro metros de la puerta principal (conducido por Polich), en el que se alejaron velozmente del lugar.

Por lo precipitado del accionar, en su  huida la banda perdió una de las sacas, por lo que, en definitiva, lograron apoderarse de 14 mil pesos que eran propiedad del Banco de la Provincia.

Que como consecuencia de la agresión con las armas de fuego, Mastronardi y Montenegro sufrieron heridas mortales. De hecho, a tal punto llegó la brutalidad de los asesinos que uno de ellos (siempre se creyó que Binasco) no conforme con los primeros disparos, ejecutó uno colocando su pistola debajo del chaleco de uno de los custodios ya tendido en el piso.

La descripción del sanguinario hecho delictivo se replicaría luego en otro par de juicios más celebrados en Azul, donde oportunamente fueron juzgados Dabos y Polich, quienes habían aludido por años a la justicia hasta su captura. De hecho la “eterna” búsqueda del paradero del único tandilense, Ricardo Polich, duró 14 años, y cuando estaba próximo a arribar a la prescripción de la causa logró ser capturado, no sin antes varios intentos fallidos (ver aparte).

La interminable búsqueda de Polich

Como se consignó, uno de los acusados que recién hace dos años recibió su condena fue Ricardo Polich, quien, en definitiva, se cree que fue quien organizó la ejecución del feroz atraco, a partir de ser el único tandilense que tenía conocimiento de la ciudad y, de hecho, junto a Binasco, estuvieron días previos cual logística de lo que luego se iba a cometer.

Precisamente Polich y Binasco, que se conocían de haber participado en hechos delictivos en la década del 90, fueron los que a partir del reconocimiento de testigos y otras pruebas fueron los primeros en ser sindicados como sospechosos. De hecho Binasco cayó preso a los pocos días, en tanto que si bien la intención también era para con Polich, éste logró huir hasta el 2018, cuando fue capturado en Buenos Aires.

Su captura activa estaba vigente desde el 2000, y en todo ese tiempo los investigadores protagonizaron infinitas horas de escuchas telefónicas (cuando aún se usaban casetes) y viajes en busca de su paradero infructuosos.

Uno de las diligencias en su búsqueda fue a La Pampa, ya que los investigadores contaban con un dato de un recluso que daba cuenta de la presencia de Polich por esos lares. La búsqueda fue infructuosa.

Pasó el tiempo y aparecieron nuevas versiones que aludían a la estadía en Mar del Plata, donde residía un hijo y una exconcubina. También aquellas  diligencias arrojaron resultado negativo.

Más luego llegó la pista de su presencia en el Gran Buenos Aires. Se fue en su búsqueda. Tampoco pudo ser.

Otro viaje a Río Tercero, Córdoba, con el mismo objetivo, ya que se recogió el dato que podía estar allí con un amigo que tenía una banda de música. Tampoco se lo pudo localizar.

De hecho, no pocas veces especularon con su presencia en Tandil, a partir de algunos velatorios de familiares del buscado, sin embargo, nunca se lo halló.

Hasta que surgió nuevamente el dato que estaba en Buenos Aires. Esta vez sí estaba. Se intervinieron teléfonos, y si bien no se sabía con certeza su lugar de guarida, supieron que iba a participar de un espectáculo de danza de una hijastra en Tierra Santa, donde finalmente la policía lo logró detener. No sin antes exhibir una identidad falsa.

No era la primera vez que Polich circulaba con una falsa identidad. En el 2001 había “caído” con un par de kilos de droga en Lomas de Zamora, con otra identidad de un amigo de Mar del Plata y a los 30 días lo liberaron. Cotejar los datos en aquellos años no era como en la actualidad y lo liberaron antes que llegara el informe de su carácter de prófugo,  dejando pasar una notable oportunidad de capturar a uno de los hombres más buscados, incluso con pedido activo en los boletines oficiales del ministerio de Seguridad.

Algo similar pero no por tanto tiempo ocurrió con la situación de Luciano Adolfo Dabos Laffite, quien tras transitar los primeros tiempos de prisión accedió a salidas transitorias (en aquellos años se cumplía con el régimen del 2 por 1) y nunca más volvió, hasta que fue recapturado en Mar del Plata tiempo después.

El rol y valor de los testigos

Otro dato distintivo de la compleja pesquisa contó con circunstancias fortuitas que dieron un impulso inusitado en la causa. Por caso, el comparendo de una señora mayor que acudió a los tres años del asalto comando a la comisaría a denunciar un hecho delictivo menor y ahí, para sorpresa de los uniformados de ese entonces y esa dependencia, se toparon con que la mujer dijo haber visto a ese hombre que figuraba en el identikit como buscado.

Se dio rápido aviso a los operadores judiciales, quienes le tomaron declaración testimonial y, efectivamente, dijo reconocer a Polich conduciendo el auto blanco y acompañado por tres personas más. Se trató de una de las testigos clave para los investigadores. De hecho, junto a otros vecinos, resultaron de sensible importancia para esclarecer el sangriento doble crimen. Sin su aporte, compromiso, valentía y paciencia (estuvieron por años desfilando entre declaraciones, ruedas de reconocimiento, juicios –tres-) no se hubiera esclarecido el caso.

El vínculo entre los asaltantes

A la hora de relacionar a los componentes de la gavilla, los investigadores debieron concatenar una serie de situaciones y circunstancias, incluso hurgando en el pasado como en el presente familiar de los sospechosos, para lograr la conectividad.

Binasco fue el primer detenido a los pocas horas del cruento suceso delictivo. A las horas los investigadores ya habían recibido información que lo habían visto por la ciudad días previos al hecho.

A más datos, se logró localizar una llamada a familiares del sospechoso que supo realizar hacia Mar del Plata desde Tandil desde un teléfono público. Asimismo, luego se secuestraría un ticket de compra en una verdulería de avenida España, cuyos responsables luego lo reconocerían como el sujeto que compró mercadería, cuando Binasco juró y perjuró en su coartada que en el día del atraco él estaba en la ciudad balnearia, donde residía.

También se sumó un testigo/informante que dio cuenta que lo había visto por esos días en la ciudad. Más precisamente en las puertas del exsupermercado Norte (hoy Carrefour).

Con la primera detención, comenzó el derrotero para vincular al resto de la banda.

Ricardo Polich había estado detenido en el 96/97 en Tandil por una salidera en una fábrica de la ciudad. El vínculo precisamente con el resto de los integrantes era el tandilense. Se conocía en aquella captura con Binasco. Luego tenía relación con Dabos y más luego con Fente, quien a su vez se relacionaba con Balsas.

Por eso cuando ni bien se supo de que Binasco y Polich habían estado en Tandil en los días previos al hecho, se propiciaron allanamientos en Mar del Plata.

Al poco tiempo se logró establecer el vínculo con Balsa y se motorizó un allanamiento en su domicilio, también en Mar del Plata, donde fue detenido. La investigación siempre creyó que había sido Balsa el que “levantó” el Fiat Uno en la feliz y se utilizó para cometer el atraco en Tandil.

Así caería el tiempo Fente, quien resultaría el más comprometido a la hora de las pruebas en su contra, ya que se descifró una huella dactilar en uno de los dispensadores (cartuchos de plástico como tubos donde se guardaban los billetes parados) robados del camión de caudales y abandonado en calle Moreno al 1300. Allí también se halló el ticket de la verdulería que dejó “pegado” a Binasco.

Antes,  a pocas cuadras el atraco mortal, en Montevideo y 14 de Julio, habían abandonado el Fiat Uno blanco y subieron a otro coche.

Así también se logró determinar la estrecha relación existente entre el imputado Dabos con Silvia Salazar,  quien era la madre de la novia Jorge Agustín Fente, amiga de Ricardo Javier Polich y persona de la amistad del otro condenado por este mismo hecho, Jorge Miguel Balsas.

Como se consignó, Dabos apareció bastante más luego en la pesquisa. Si bien había sospechas desde el inicio, no había pruebas. Al año y medio aparecieron testigos que lo reconocieron. Se lo logró detener en su regreso de Buenos Aires, donde se había ido con Polich tras el atraco.

En su regreso a Mar del Plata y con testigos que lo identificaban, se lo logró capturar.

Los roles y su actualidad

Sobre los roles que emprendieron los integrantes de la banda, se cree que los que efectuaron los disparos mortales fueron Luciano Dabos Laffite y Binasco.

A más precisiones, en la sentencia, se dijo que Mauricio Martín Binasco es la persona que con una pistola golpeó en la cabeza a Montenegro, momento a partir del cual éste fue muerto de varios disparos.

Sobre Balsas, se consideró que fue quien robó el auto en Mar del Plata con el que cometieron el atraco. Minutos antes del hecho se ubicó en la segunda mesa de la fila del medio del local y quien también le solicitó dos hamburguesas y papas fritas,  mencionando  en ese momento que esperaba un amigo que se encontraba en el baño. Allí se sentaría luego Fente.

Polich, en tanto, fue el que se quedó al mando del coche, a sabiendas que podía ser identificado por su pasado en la ciudad. De hecho, luego en la investigación y en el juicio, se develaría que integrantes de su familia lo reconocieron como el hombre que conducía el auto blanco que dio vueltas por la estación de servicio.

Qué es de sus vidas

Además del pasado y el prontuario de los nombrados, este Diario pudo confirmar sobre la actualidad de los oportunamente condenados.

Tanto Dabos, como Polich y Fente, siguen actualmente detenidos. En tanto que Balsas y Binasco recuperaron su libertad, no sin antes protoganizar otros sucesos policiales, especialmente Binasco.

Con respecto a Dabos en mayo de este año su defensa intentó que recibiera el beneficio de un arresto domiciliario por la situación de coronavirus y su avanzada edad,  pero se lo denegaron, precisamente por el riesgo ya probado sobre su conducta, cuando le dieron una salida mensual y no regresó al penal hasta que fue recapturado.

En cuanto a Ricardo Polich, aun la sentencia dictada en el 2018 no está firme. También bajo los mismos argumentos la defensa pidió que saliera por el Covid-19, pero hasta el momento no hubo resolución al respecto.

Los operadores judiciales especulan que correrá con la misma suerte adversa, no solo porque su problema de salud no sea grave, sino porque se evadió por años y transitaba por la vida con una identidad falsa.

Respecto a Binasco, cuando fue liberado protagonizaría luego otro hecho de sangre, asesinando en Mar del Plata de un disparo a un hombre que había matado a su hijo. Se dictaminó más luego que el hecho lo cometió en estado de emoción violenta.

Y sobre Fente, por último, cuando recibió la libertad condicional terminó formando parte de otro grave atraco y fue nuevamente encarcelado hasta estos días.

Los protagonistas de una compleja pesquisa

La histórica y profusa investigación del doble crimen en la ciudad fue llevada adelante por el hoy juez del TOC 1 Gustavo Agustín Echevarría, con la colaboración de todos los operadores que en ese tiempo trabajaban en las dos fiscalías que había. De hecho, quien tomó la posta luego por la búsqueda de Polich que por entonces seguía prófugo fue el fiscal Marcos Eguzquiza, quien había colaborado desde las primeras horas, junto a otros funcionarios como el mismo fiscal Gustavo Morey, los ayudantes Andrés Gilabert y José Yotti, con una intensa intervención de dos agentes policiales que resultaron clave: Roberto Brescia y el comisario de Mar del Plata Norberto López Camelo, que ayudó y mucho en la pesquisa que claramente tenía vinculación con la ciudad balnearia a partir de la residencia de los sospechosos.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

1 comentario

  • QEPD José Luis…

    QEPD Héctor…

    Estas “bestias” no merecen MISERICORDIA, como no tuvieron MISERICORDIA por ustedes cuando por abajo del chaleco los mataron.

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