180 días de clases: una falacia
En reiteradas oportunidades se ha publicado en su Diario, así como en otros medios nacionales, declaraciones de funcionarios del área de educación de la Provincia de Buenos Aires, en las que se refieren a un pretensioso estimado anual de 180 días de clases para las escuelas públicas; incluso aluden para el presente ciclo lectivo una cifra mayor. Esta apreciación resulta, en contraste con los datos de la realidad, inexacta. De ninguna manera se está brindando en el sistema público provincial, al menos en la Escuela Secundaria, una cifra ni siquiera cercana a la indicada.
Innumerables causas que motivan la suspensión de actividades áulicas a lo largo de los distintos ciclos lectivos, han impedido concretar o aproximarse a la cantidad de días de clases anunciado. Problemas crónicos de infraestructura edilicia de las escuelas, desinfecciones y desinsectaciones ubicadas casi siempre próximos a los llamados ?feriados largos?, reiteradas reuniones institucionales, jornadas denominadas de ?perfeccionamiento docente?, entre otras infinitas causas, afectan inevitablemente la cantidad real de días efectivos de clases.
El régimen de asistencia de alumnos implementado en los últimos años, que autoriza hasta 28 inasistencias anuales, lejos de limitar, promueve y estimula a los alumnos a no concurrir todos los días a la escuela. Hoy un alumno puede faltar 28 días a clases, sin que ello afecte su condición de ?regular?. Cifra que, sumada a fines de semanas, feriados, suspensión de actividades por los más variados motivos, incluyendo los factores climáticos desfavorables, pueden determinar largos periodos de ausencia del alumno a clase. Esto ocasiona inevitablemente la falta de continuidad pedagógica en un proceso que debería resultar sistemático y continuo, como es la educación; esta discontinuidad genera, inevitablemente, desmotivación, pérdida de interés y en muchos casos, deserción de alumnos.
Las circunstancias referidas, sumadas ? entre otras ? a las infaltables ?horas libres?, que sin duda constituyen una de las principales causas del deterioro actual de la educación secundaria, impiden dar cumplimiento a la ley nacional 25.864 que impone un mínimo de 180 días de clases anuales. Situación que se agrava, muchas veces, por la lentitud burocrática para la designación de un suplente, o la cobertura de un cargo vacante y otras, generadas por el abuso de algunos docentes ante la permisividad del sistema. No son ajenos a esta problemática los reiterados paros gremiales, que suman una importante cantidad de días sin actividad en las escuelas; más allá de los sempiternos anuncios de las autoridades educativas provinciales que ?amenazan? con extender el ciclo lectivo o ?compensar? los días sin clases, pero que en realidad nunca se ha cumplido efectivamente.
Es tan basto el abanico de posibilidades concretas que pueden motivar a la suspensión de actividades de una escuela, que si se quisiera tipificarlo alfabéticamente, es muy probable que resultaran escasas las letras del abecedario. En un sistema, como el nuestro, carente del más elemental principio de equidad social, donde el 75% de la población estudiantil estatal recibe la mitad de las horas de clase que el 25% restante.
De todas maneras, resulta oportuno destacar que el hecho de aplicar el cronograma escolar no resuelve la cuestión de fondo, que no pasa exclusivamente por la cantidad de días de clases, sino por la cantidad de horas efectivas y su aprovechamiento integral. En las actuales circunstancias, ni siquiera implementando un régimen de doble escolaridad podríamos alcanzar las 1000 horas destinadas a la educación brindadas en países como Holanda, Suiza y Francia. Según informes oficiales, Argentina llegaría, en el mejor de los casos, a cumplir con 720 horas de clases.
La optimista declaración de los funcionarios educativos bonaerenses, de proyectar 180 días de clases, al menos en el nivel secundario, resulta una falacia. Referirse a una cifra significativamente menor brindaría a la sociedad una apreciación más realista acerca de las falencias estructurales que han contribuido a la lamentable situación en que hoy se encuentra nuestro sistema educativo provincial.
Hugo Cislaghi
hugoslaghi@hotmail.com
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