24 de Marzo
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCon motivo de conmemorarse el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, el ex presidente Eduardo Duhalde tuvo expresiones relacionadas con el enjuiciamiento a los represores de la última dictadura militar, las cuales resultan -cuando menos y para calificarlas con delicadeza- extremadamente graves. Máxime teniendo en cuenta que provienen de un político con notorio y prolongado ejercicio de la función pública ejecutiva, y además hombre de derecho.
En conferencia de prensa Duhalde habría manifestado: ?Hay que enjuiciar y terminar con los juicios, pero terminemos en algún momento?, proponiendo a tal efecto que ?…el pueblo debe determinar qué quiere hacer con respecto a su pasado? sugiriendo de tal modo la conveniencia de plebiscitar la continuidad de juicios y la iniciación de nuevas causas judiciales contra imputados de delitos de lesa humanidad, cometidos en aquella desdichada época (El Eco de Tandil, ejemplar del miércoles 24 de marzo de 2010, página 10).
El doctor Duhalde entiende sin duda que hay que poner fin a todo lo que sea continuar investigando los aberrantes hechos acaecidos en aquel entonces, lo que significa lisa y llanamente exculpar a quienes fueron actores de aquellos sucesos y sobre los cuales aún no ha caído el peso de la Justicia. En síntesis, promueve el olvido de lo que ocurrió y la impunidad de quienes, habiendo sido responsables de aquellos crímenes, todavía no fueron hallados o sometidos a juicio.
Sin perjuicio de la profunda contradicción entre las torpes manifestaciones apuntadas y la reflexión seria e indispensable a que obliga el evocativo Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, es llamativo que un político con la experiencia del doctor Duhalde se pronuncie del modo en que lo hizo.
Alguna vez se sabrá a qué recónditos motivos (¿especulación política?, ¿convicción ideológica?) obedece esta toma de posición de un hombre que ?cabe reconocer- mereció el respeto de la sociedad argentina cuando piloteó aceptablemente la profunda crisis de 2001 durante los meses en que ejerció la Presidencia de la Nación.
Yendo hacia atrás en el tiempo podríamos saber, a través de registros fidedignos, si coincidió filosóficamente con los indultos concedidos por el presidente Menem en la década del ´90, que también propiciaron el olvido de aquel pasado atroz. O bien, en este ejercicio retrospectivo, podríamos remontarnos a comienzos de los ´70 a fin de conocer su opinión y su conducta en los tiempos inmediatamente anteriores al golpe militar.
De todos modos, no debe inquietarse la ciudadanía, sino mantener la tranquilidad ante los dichos de alguien tan volátil que se lanza nuevamente a la carrera política partidaria después de su solemne y muy reciente compromiso de no volver a ejercerla. No es la primera vez que el mismo Duhalde zigzaguea incumpliendo sus promesas: hace más de 20 años, para granjearse la simpatía (y el voto) de la gente suscribió, junto a Menem, aquel tramposo panfleto erigido en programa de gobierno e intitulado ?Salariazo y Revolución Productiva? que se tradujo -una vez logrado el éxito electoral del dúo mencionado- en el ominoso regalo de las empresas del Estado argentino a grandes grupos económicos, en la desindustrialización más perversa sufrida por la Nación, y en el consiguiente más alto índice de desempleo y de pobreza que conoció la historia del país.
Poniendo fin a la última disgresión que expone de cuerpo entero al autor de las expresiones aquí cuestionadas, y de regreso al tema que motiva este comentario, resulta pertinente recordarle al doctor Duhalde que en la misma fecha en que se daba estado público a su posición, un Tribunal de Alemania condenó a prisión perpetua a un ex integrante de las tristemente célebres SS nazis, de nombre Heinrich Boere, declarado culpable de los asesinatos de tres holandeses sospechosos de tener ?sentimientos antialemanes?, en ocasión de la ocupación nazi de los Países Bajos. Y esos hechos ocurrieron hace 66 años, durante la Segunda Guerra Mundial (El Eco de Tandil, ejemplar del miércoles 24 de marzo de 2010, página 14).
Como se ve, los alemanes siguen investigando, persiguiendo y sometiendo a juicio a los ejecutantes de delitos de lesa humanidad, sin interesarles el tiempo transcurrido desde su comisión. En ese encuadramiento, la memoria permanente es una práctica que la Justicia alemana efectiviza sin cortapisas, acorde con la imprescriptibilidad de acciones y penas existentes para aquel tipo de ilícitos.
En cambio, en nuestro país, ante situaciones similares o parecidas a la descripta en el caso germánico, en el mismo marco de acciones no prescriptibles, hay quienes se resisten a admitir la largura infinita de los brazos de la Justicia, y prefieren amputárselos cuando han alcanzado una longitud por ellos mismos predeterminada, intentando a partir de ese momento imponer el olvido como nefasta doctrina.
Y ello, a esta altura de la madurez adquirida por la democracia argentina, es no sólo inadmisible sino también repugnante.
Enrique Pizzorno
LE 5.365.871
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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