A 30 años de la guerra, un veterano expresó que las vivencias de Malvinas le templaron el espíritu
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En el marco del 30 aniversario del comienzo del conflicto bélico que significó un intento por parte de Argentina por recuperar la soberanía de las islas Malvinas, el ex veterano Guillermo Mendiberri recordó sus días en aquel territorio, al cual llegó el 2 de abril y permaneció hasta el fin de la guerra.
Con vínculos familiares en Tandil, que lo llevan a visitar esta ciudad varias veces por año, mantuvo una entrevista con El Eco de Tandil para revivir su experiencia tres décadas después de ese hecho que marcó la historia del país.
“Estaba en la 9na. Brigada Aérea, asignado en lo que se denominó la Fuerza Aérea Sur, cuando recibo una comunicación que me informa que se estaba preparando una acción porque la situación diplomática llevaba a tomar una definición”, contextualizó.
Conocedor de la historia mundial, supo en ese momento que “Inglaterra todo lo que había conseguido fue en base a la sangre de sus soldados”.
De manera que “me puse a pensar cuál sería la obstinación de los ingleses y asumí que no iban a ceder algo que, si bien no les pertenecía, estaban en posesión”, analizó.
Ante tal situación, confió que “me sentí muy responsable de lo que iba a hacer y de alguna manera pensé que era una situación muy difícil”.
Al mismo tiempo, la posibilidad de alcanzar un arreglo diplomático previo era otra de las alternativas esperadas, puntualmente porque existían algunos “condicionamientos”, tales como “la distancia de Inglaterra a los objetivos y la proximidad nuestra”, expuso.
El viaje a
las islas
A partir de aquella convocatoria, “los preparativos fueron muy rápidos y el 2 de abril se inició la partida desde Comodoro Rivadavia”, describió Mendiberri.
Al día siguiente, tomó un vuelo que lo llevó a Malvinas, y allí se quedó “hasta el final de la guerra”.
Establecido en la isla, estuvo abocado a tareas específicas. “Tenía la responsabilidad, en la parte planes, de representar las acciones del enemigo para orientar a la parte operaciones”, explicó.
Al respecto, especificó que “había dejado la actividad de vuelo, de manera que estaba en una actividad que era de estado mayor, de asesoramiento”.
Los días en
Malvinas
En otro pasaje de la charla con El Eco de Tandil, Guillermo Mendiberri abordó detalles sobre los días que transcurrieron en las islas hasta que finalmente se dispuso el alto el fuego.
Los días siguientes estuvieron signados por la preparación previa al ataque: “Teníamos la presencia de la flota y nuestra Fuerza Aérea había hecho reconocimientos de largo alcance y fuimos viendo el posicionamiento (inglés) a medida que avanzaban hacia las islas”, expresó.
En ese sentido, se estableció una “posición fija”, puesto que “no había capacidad para movilizarse” debido a la geografía propia del lugar.
Frente a ello, se armó un “dispositivo perimetral”, alrededor del “objetivo principal, político, que era la capital, Puerto Argentino”.
“Estábamos en una plaza sitiada porque era una cuestión de tiempo, ese tiempo es el desgaste de las personas, que los sufren todos. Porque la guerra es la crueldad del hombre contra el hombre”, analizó Mendiberri.
El final
Luego de los distintos enfrentamientos que se desarrollaron durante un tiempo, llegó la última etapa del conflicto. Para Mendiberri, “el desenlace es una cuestión que se va presentando de a poco y que uno, de alguna manera, va absorbiendo”.
A su vez, dijo que “la lucha se hizo hasta el momento en que no hubo alternativa de victoria”. Y agregó: “Si bien no era desde el comienzo un hecho previsible la victoria, cuando se llegó a la absoluta certeza de que no había manera de revertir la situación que hasta ese momento se tenía, el comandante argentino dijo alto el fuego”.
Y entonces “todos aceptamos la derrota. Fueron momentos muy difíciles en mi vida; uno no se puede imaginar lo que pasa. La profunda tristeza, ver que se había hecho todo lo posible”, relató.
Finalmente, consideró que “los hechos que se fueron sucediendo, las circunstancias que se van dando, la obstinación con la que uno está en esa lucha diaria, hacen que uno se amortigüe, va adquiriendo otra sensibilidad para las cosas totalmente distintas”.
Por eso “se lo llama veterano, porque ha pasado por una serie de situaciones que no son normales en un ser humano, que templan el espíritu, lo fortalecen, a veces lo debilitan”, concluyó. *
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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