A la Escuela ?Juan Fugl?, todos le ponen el hombro
Falta poco -si es que las paritarias llegan a buen puerto- para que empiecen las clases, y se nota en los distintos establecimientos de la ciudad. La actividad se renueva, y las aulas se ventilan y repasan. Todo tiene que estar a punto o debería al menos estarlo.
Así piensa Lidia Mazzini, directora de la EP 59, ubicada en Independencia y Nigro, en Villa Italia, quien no le sacó el hombro a la crisis y se arremangó. Junto a un grupo de madres de la cooperadora y personal auxiliar, está transformando la escuela en un lugar en el que, al menos, más allá de los problemas que cada chico arrastre consigo al atravesar la puerta de entrada, sabrá que alguien se estuvo ocupando de él.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUn lugar confortable
El olor a pintura es lo primero que se siente. Y es el terracota el color predominante en la parte baja de las paredes que, con la gran cantidad de plantas que han sido colocadas en uno de los extremos del pasillo, ya resulta acogedor. Se convierte en un sitio amistoso.
El trabajo es incesante y la actividad se despliega en todos los sectores de la escuela. Las aulas, los baños, los pasillos, la cocina. El SUM fue la prueba piloto. Se pintó y reacondicionó el año pasado, y los resultados fueron muy buenos, por eso, decidieron hacer lo mismo con el resto del establecimiento.
Lidia, la directora, lo explicó de esta manera: ?Creo que los chicos se merecen una escuela distinta, en primer lugar, y después, pienso que queremos enseñarles a cuidar las cosas, pero ¿qué pueden cuidar cuando las cosas están rotas, cuando llegan de las vacaciones y se encuentran con la misma escuela del año pasado, con la escuela venida abajo y sin que se le haya hecho nada??.
?La idea es brindarles cosas, un lugar limpio, arreglado, pintado, para que a ellos les dé ganas de cuidarlo, que se note que hicimos esto por ellos para que el lugar en el que vienen a estudiar sea un espacio luminoso, cuidado, que ellos merecen?, resaltó la docente.
Agregó que ?no podemos poner límites y no poner nada, eso no sirve y por eso, se nos ocurrió que esta escuela, donde hay problemas de conducta y de hábitos, que poco a poco deseamos cambiar, era una buena manera de empezar el año. Con una escuela que los recibe como lo que son: personas importantes para nosotros, y que sepan que nosotros mismos fuimos quienes hemos estado viniendo durante el verano para pintar y dejar esto así?.
?¡Y no sólo pintar! ?agregó ? rasqueteamos, limpiamos, arreglamos el jardín, sacamos y pusimos plantas, todo lo que vimos que se podía cambiar y mejorar. Para nosotros, pequeñas grandes cosas que se van a notar en nuestro ánimo y en el de los chicos, cuando empiecen las clases?.
De alguna manera,
todos colaboraron
Liderando el proyecto, Lidia contó que todos pusieron algo para poder realizar esto, ?que todavía no termina. Las docentes pusieron plata de su bolsillo, nosotros también y le agregamos el trabajo, junto al personal auxiliar. Desde las porteras a los ayudantes de cocina y hasta el cocinero están por ahí, tirados en el suelo pintando zócalos o con un martillo arreglando muebles que después pasa otro y lo pinta, dejándolo como nuevo?.
Tratando de no olvidarse de nadie, Lidia recordó a un grupo de madres de la cooperadora, que está al pie del cañón y se plegó al proyecto.*
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