A la memoria de un hombre llamado Oreste Borione
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu email ?Es difícil arrancar e intentar explicar el dolor que se siente por tu partida, pero bueno debemos asumir las cosas como son, porque así es la vida, ¿no Boris?
Supe encontrar en este corto tiempo de compartir parte de mi vida diaria con vos, a una persona que me enseñó muchas cosas.
Que por ejemplo de matemáticas, de varias cosas de las aprendidas en mi secundaria me había olvidado… Y que física, a lo mejor, debería cursarla otra vez.
Aprendí también por tus vivencias, muchas cosas que la política hizo en este país, a sabiendas claro está, que siempre y con orgullo proclamabas ser de la fracción militante de la calle Mitre de esta ciudad.
Descubrí algunas de tus pasiones atadas a tus gustos por el tenis, como el gran ?Pete? (Sampras)… o el mejor de todos los tiempos, el gran Roger (Federer), así como lo antigallina que eras por ser tan incomprensiblemente bostero.
Uy, y si algo sí refirmé con vos, es que la vida se vive una vez, y que como vos, con aciertos y con errores intentaste, como lo hacemos todos, hacerlo de la mejor forma posible.
Bueno, tan mal no te salió, dejaste en este mundo lo más preciado y valioso que puede dejar un ser humano: te legado ?tus hijos-, amigos, y hasta compañeros de trabajo con los que sembraste y aportaste tu grano de arena para cosechar hoy el amor, el cariño y el respeto de quienes te conocimos y que de una u otra forma te acompañamos en tus logros a lo largo de tus años de vida.
Si de algo también aprendí es de historia de la ciudad, gracias a tu afortunada y bien ejercitada memoria, en la que no se te escapaba ni el más mínimo detalle, en esos mediodías, casi al final de jornada laboral, en que la filosofía y las vivencias tejían la historieta de tus días.
Extrañar a una persona significa que ha dejado mucho, desde el amor que se construye con los hijos, pasando por el cariño de tus amigos y hasta el respeto de tus colegas, y para nosotros, los muchachos de la oficina, hasta un simple saludo que con tu voz ronca y hasta melodiosa, con la que sabías recibirnos todos los días…
?¡Qué hacés Chockyyy!… ¡serlo!… Abelang, cómo anda la muchachada?.
?Ay… Boris?, te escapaste otra vez, murmurarían en la oficina.
Pero esta vez, seguramente, te fuiste para estar mejor, y como siempre, por tu propia decisión.
Hasta luego Boris, siempre te recordaré, y como yo, seguramente te recordarán y serán muchos más de los que vos pensabas.
Abel P.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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