A Malvinas, con el rugby con idea de integración
El jueves 17 de diciembre de 2009 fue un día histórico para la Argentina y las islas Malvinas, ya que allí sé jugo por primera vez después de la guerra un partido de rugby. En el encuentro participaron kelpers, militares ingleses y argentinos entre los que se encontraba Gerardo Merello, residente de esta ciudad.
La comitiva que viajó representaba la fundación Rugby sin Fronteras. Su objetivo era realizar un partido en las islas Malvinas con la intención de llevar los ideales del rugby a la isla: amistad, respeto, compañerismo y lealtad. ?La idea es volver a esos valores fundamentales a través de este deporte? confirmó Merello.
El proyecto del viaje surgió hace cuatro años, bajo el lema ?Rugby sin Fronteras e ideologías políticas?. El ambicioso deseo llevó mucho trabajado e incertidumbres hasta el momento en que se empezó a pasar la pelota. Meses atrás la fundación envió un comunicado mediante el presidente de la fundación, Bautista Segonds, quien viajó en ese momento a las islas. Allí se comentó lo que se deseaba hacer, recibiendo gran apoyo del gobierno de turno. Pero en octubre, el viaje tuvo una marcha atrás y todo se complicó ya que hubo un cambio de gobernantes, quienes decidieron quitar el apoyo pero permitir que se realizaran los partidos en la isla.
Con la fuerza que caracteriza este deporte la fundación decidió realizar el viaje. Finalmente se convocaron a jugadores y ex jugadores de rugby que decidieran llevar el deporte con un mensaje de paz. ?La idea fue convocar a gente de forma particular que quiera viajar a Malvinas y transmitir el rugby en la isla. Cada uno que iba tenía que pagar el pasaje y la estadía? explica Merello, quien hace seis años que vive en Tandil y jugó para los veteranos del club Los Cardos.
Merello dijo también que viajaron 34 jugadores de muy variable espectro, porque si bien había pumas, no se trató de una élite sino gente que transmite el rugby por sus valores y no por su capacidad de juego. Eliseo Branca, Martín Sansot, Pablo Garretón y Roberto Cobelo fueron los ex pumas que viajaron. En Río Gallegos se sumaron al viaje tres ex combatientes que viajaban por motivos personales y terminaron anexándose a rugby sin fronteras, compartiendo un par de días con ellos.
Merello comentó también acerca de los ex combatientes que ?no podían creer que estuvieran compartiendo con argentinos que fueron a divertirse y llevar un mensaje de paz con el rugby, en un lugar donde ellos habían sufrido tanto. Y eso, dijeron, les daba una sensación de esperanza diferente?.
Con dificultades y con una gran incertidumbre, el 12 de diciembre se realizó el viaje, y al día siguiente se jugó el primer partido en el que participó un inglés. Jugando el primer match desde hacía 27 años. El primer trie del partido tuvo un sabor especial también ya que fue marcado por Santiago Martella, hijo del teniente muerto en Malvinas durante la guerra.
?Llevamos camisetas para regalar, elementos para jugar, pelotas y souvenirs? afirmó Gerardo Merello. Quien también dijo que el objetivo se cumplió, ya que arrancaron enseñándoles a 17 chicos y al tercer día rondaban los 44. Las camisetas sólo hacían referencia a la fundación y no nombraban al país o inducían alguna ideología política. Pero el día cúlmine fue el jueves 17 de diciembre cuando se realizó el gran partido en donde participaron argentinos, 8 kelpers y 4 militares ingleses. Desde la fundación comentaron que quedaron satisfechos y que cumplieron una utopía como era llevar ese mensaje a las islas.
?A todos nos cambió la semana en la isla, todos llegamos de una forma y nos fuimos de otra. El cambio es aprender, logramos respetar a los otros, a pesar de las diferencias. Eso fue un gran mérito de todos porque nadie hizo nada par ofender a los isleños, nosotros lo vivimos de manera muy plena. Sumado a que lo vivimos con los ex combatientes, quienes estaban maravillados y agradecidos por lo que vieron que hacíamos, ya que era algo noble y además sentían que transmitíamos esperanza?, aseguró Merello.
?Había mucha incertidumbre porque no sabíamos con qué nos encontraríamos. Lo único que sabíamos era que íbamos a jugar al rugby y a compartir el rugby con los que les gusta este deporte. Dimos una esperanza, y sentimos que sembramos algo, que no sabemos si crecerá o no pero esperamos que lo haga? concluyó.
Con una felicidad que es indescriptible, la comitiva regresó el 20 de diciembre a Buenos Aires, con la idea de que habían logrado algo y demostrado que pueden hacerse cosas en conjunto con las islas. Pero también con un sueño grande, llevar el rugby lo más lejos posible: la Antártida.
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