A propósito de Juan Martín Del Potro
Los esplendores de Juan Martín Del Potro suponen una fuente de gratificación para el tenis argentino, para el deporte argentino mismo, y al tiempo confirman lo impredecibles que suelen ser los tiempos de maduración.
A comienzos de temporada, incluso hasta no hace tanto, Del Potro era un joven prometedor, eso sí, pero carente de resistencia física, de estabilidad emocional y de regularidad en su juego propiamente dicho.
Mas de pronto el cuerpo empezó a responderle con vigor y fidelidad inusitadas, su espíritu se templó, sus golpes se ajustaron, su confianza creció sensiblemente y su todo pasó a elaborar y consumar demostraciones de crack.
Un torneo ganado, dos torneos ganados, tres torneos, cuatro torneos ganados, en fila, un estupendo Abierto de los Estados Unidos -con una de ésas derrotas que honran el presente y siembran un futuro mayúsculo- y una semifinal de Copa Davis que le reservó un lugar que en los papeles le correspondía a David Nalbandian.
El lugar de quien dispone de la última palabra para dar el paso más glorioso o se sume en una impotencia que a su vez precipita a la decepción, propia, y de todo un equipo, y por qué no de la comunidad deportiva misma.
Y hete aquí que Del Potro asumió la responsabilidad con una serenidad, una entrega y una calidad de prestación que a primera mirada eran impropias de alguien de su inexperiencia o, en todo caso, de alguien, como él, dueño de una experiencia relativa.
Y no se trata, claro que no, de deducir que Del Potro es mejor que Nalbandian ni de aventurarse en una comparación que no viene al caso.
Pero sí se trata de advertir que Del Potro alcanzó su madurez de un modo repentino y con llamativa celeridad: pocos meses antes de los veinte lozanos años que cumplió esta semana.
Del Potro, cabe observarlo, no deja de ser un adolescente por haberse metido en la elite de la elite del tenis de alta competencia.
Hablamos de un joven como tantos otros, inclinado a pasar el tiempo con sus amigos, pendiente de las derivas de su equipo de fútbol favorito (Boca Juniors) y, por ejemplo, vivamente interesado en los étereos y blancos sucesos de la obra “Casi ángeles”.
El Del Potro deportista, en cambio, ha logrado en unos pocos meses lo que a cientos de deportistas tan o más talentosos que él le demanda años o directamente les resulta inalcanzable.
Podría afirmarse, en correspondencia con un estricto acto de justicia, que solo no lo ha conseguido, que han sido decisivos su coach Franco Davín, su preparador físico, su familia, etcétera, pero mejor mirada la cuestión encontraremos que Del Potro es ya el Del Potro imponente de hoy por obra y gracia del luminoso resorte que mueve a un minúsculo grupo de elegidos.
Misterios del tenis, misterios del deporte, pero antes que del tenis y del deporte, misterios de la vida.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios