A puro luto
Nicaragua está de luto. Su bandera a media asta, azotada por la noticia, se niega a flamear. Hay un pueblo que está llorando a su máximo ídolo deportivo, el que los hizo orgullosos de ser nicaragüenses. El que puede competir en afectos y fama con el propio general Sandino.
Alexis Argüello, el fantástico boxeador, acaba de poner fin a su vida por mano propia. Su virtuoso paso por los rings lo apartan de su vida particular -peligrosamente ciclotímica- y de sus pensamientos revolucionarios volcados a la política. Porque como boxeador de excepción que fue, no murió. Jamás morirá mientras haya alguien que sepa valorar su exquisita técnica, su coordinada mecánica, la factura de sus golpes, y los nombres de virtuosos que cayeron bajo el estratégico uso de sus puños, guiados por la frescura de una mente inteligente. Lo llamaban ?El Flaco Explosivo? por lo que hacía sobre el cuadrilátero, también por su conducta entre las cuerdas se lo conocía como ?El Caballero del Ring?.
Era un hombre amable, llano. Lejos de lo que se le endilga a quienes practican el boxeo, no solamente en su conversación mostraba inteligencia y cordialidad, sino que además de confesar lo que otros vergonzosamente callarían (?yo entré en una locura de alcohol, sexo y drogas?), también era un estudioso de la historia universal y mi asombro llegó al límite cuando se declaró un admirador incondicional de Eva Perón. Respondí a su pedido y le mandé los libros que me pidió.
Fue campeón del mundo pluma al vencer al Púas Olivares. El de los ligeros Jr. en una pelea que se llamó ?La Sangrienta Batalla de Bayamón? en la que destronó al durísimo Alfredo Escalera. Luego lo defendió y le ganó a todos estos nombres: Escalera, nuevamente, en Italia, Bobby Chacón, Rafael ?Bazooka Limón, Rubén Castillo y Diego Alcalá. Nombres a los que, por su trayectoria, pareciera imposible que un hombre pudiera vencerlos antes del límite. La de los livianos se la ganó en Inglaterra a Jim Watt. En 1992 ingresó en el Hall de la Fama. Actualmente era Alcalde de Managua.
Todavía tengo en mi retina el cordial saludo que me envió desde el auto descapotado que lo paseaba en la calle principal de Canastota cuando me divisó entre la multitud.
El hombre se ha ido, el ídolo perdurará, como me dijo un compatriota suyo: ?que honor tengo cuando digo que soy nicaragüense y me contestan: ¡Ah, de la tierra de Argüello!
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHipólito Segundo Núñez
Un momento muy triste para el boxeo salteño, porque ayer se quedó sin uno de sus más grandes referentes. A los 54 años falleció Hipólito Segundo Núñez, uno de los mejores plumas que tuvo el boxeo argentino y quienes recuerdan con emoción su vida afirman que fuera del ring abundaba en calidad humana. Una enfermedad incurable lo alejó de este mundo.
Nació el 12 de noviembre de 1954 en Tartagal y, a poco de nacer, enfrentó las primeras adversidades de la vida. Abandonado por su madre, encontró refugio junto a su tío, Alejo, y su padre, Hipólito, en Aguaray. Allí tuvo su primer contacto boxístico de la mano de su tío, quien improvisó en su hogar un gimnasio para la práctica de esta disciplina.
Miguel Herrera, quien acompañó a Núñez en gran parte de su trayectoria, recuerda que “comenzó a pelear a los 14 años, pero desde los 12 ya tenía ganas de subirse a un ring”.
Fue campeón argentino amateur en cuatro oportunidades, pero no corrió con la misma suerte como profesional. “Tuvo la desgracia de toparse con Juan Domingo Malvarez (pelearon en seis ocasiones, Núñez ganó 1 vez, hubo 1 empate y 4 victorias del chubutense)”. Durante su carrera logró grandes amigos, uno de ellos fue el nicaragüense Alexis Argüello, que por un capricho del destino también falleció el mismo día. Fue el ídolo salteño.
Oscar Alberto Bustamante
Era largo y finito. Se ganó el apodo ?Chorizo?. Hizo una buena carrera de amateur en el club Santamarina y creo haberle programado su debut profesional en un semifondo con Jorge García. Era un tipo jovial y alegre. Le perdí la pista hace muchos años. El azar hizo que me enterara de su fallecimiento antes de que la noticia saliera en el diario. Tenía 57 años y hacía tres que había vuelto a nuestra ciudad. Lo que me queda de ?Chorizo? es el mejor de los recuerdos.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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